
https://orcid.org/0000-0002-5408-6263
Revisión sistemática de la evidencia sobre la efectividad de intervenciones enfermeras para mejorar la adherencia terapéutica en adultos con diabetes tipo 2. Se analizaron 40 estudios (ECA y revisiones sistemáticas), identificando estrategias exitosas como educación estructurada, entrevista motivacional, tecnologías digitales y seguimiento remoto. Las intervenciones lideradas por enfermería demostraron mejoras en adherencia y resultados clínicos (HbA1c, hospitalizaciones). Este trabajo refuerza el rol clave de la enfermería en el abordaje integral y sostenible de la diabetes tipo 2.
Palabras clave: Adherencia terapéutica, Diabetes tipo 2, Intervenciones enfermeras, HbA1c.
Systematic review of evidence on the effectiveness of nursing interventions to improve therapeutic adherence in adults with type 2 diabetes. 40 studies were analyzed (ACE and systematic reviews), identifying successful strategies such as structured education, motivational interview, digital technologies and remote follow-up. Nursing-led interventions demonstrated improvements in adherence and clinical outcomes (HbA1c, hospitalizations). This work reinforces the key role of nursing in the comprehensive and sustainable approach to type 2 diabetes.
Keywords: Therapeutic adherence, Type 2 diabetes, Nursing interventions, HbA1c
La diabetes tipo 2 constituye una enfermedad crónica cuya prevalencia ha alcanzado dimensiones epidémicas a nivel mundial. Según datos recientes de la Federación Internacional de Diabetes (IDF), se estima que en 2024 cerca de 589 millones de adultos conviven con esta condición, cifra que continúa en ascenso, superando los 640 millones proyectados para la próxima década y alcanzando alrededor de 780 millones hacia mediados del siglo XXI. Este grupo representa aproximadamente entre el 90 y 95% del total de personas con diabetes, con una mayor incidencia en países de ingresos bajos y medios, donde persisten barreras significativas para el diagnóstico temprano y el acceso a tratamientos adecuados.
Las complicaciones crónicas derivadas de la diabetes tipo 2 afectan seriamente la calidad de vida y la supervivencia de quienes la padecen. Entre las más frecuentes se encuentran la retinopatía diabética, que afecta aproximadamente al 27% de los pacientes proyectados para 2030; la nefropatía crónica, que condiciona entre el 30 y 40% de las muertes relacionadas con la diabetes; y las neuropatías, presentes hasta en un 50% de los casos, que incluyen complicaciones como el pie diabético y la elevada predisposición a amputaciones.
Además, la enfermedad cardiovascular representa un riesgo significativo, con una probabilidad de incidencia entre dos y cuatro veces mayor en personas con diabetes en comparación con aquellas sin esta condición. Se calcula que anualmente más de 4 millones de muertes, directas o indirectas, se atribuyen a la diabetes tipo 2, posicionándola entre las diez primeras causas de mortalidad a nivel global.
El gasto sanitario global asociado a la diabetes se estima que alcanzará la cifra de 1,3 billones de dólares anuales para 2025, reflejando la gran carga económica que esta enfermedad representa para los sistemas de salud a nivel mundial. Cuando se consideran las comorbilidades frecuentemente asociadas, como la hipertensión y la obesidad, el gasto conjunto puede llegar a superar el 10% del presupuesto sanitario total en múltiples países de Europa y América del Norte.
Además del gasto directo en atención médica, esta patología conlleva costes indirectos significativos debido a pérdidas de productividad, ausentismo laboral y discapacidades precoces que afectan tanto a pacientes como a sus familias y comunidades. Tales impactos económicos subrayan la importancia de estrategias preventivas y de manejo efectivo para aliviar la presión sobre los sistemas sanitarios y la economía global.
El aumento de la prevalencia de la diabetes tipo 2 está vinculado a una serie de factores determinantes. El envejecimiento poblacional resulta clave, pues una mayor esperanza de vida incrementa el tiempo durante el cual una persona está expuesta a riesgos asociados al desarrollo de la enfermedad. La obesidad es uno de los factores más influyentes, con más de 650 millones de personas afectadas en 2019, cifra que se ha duplicado desde 1990, consolidándose como un factor crítico en la génesis de la DM2.
Por otro lado, el sedentarismo afecta entre el 30 y el 40% de la población adulta, lo que se traduce en insuficiencia de actividad física y contribuye significativamente a la alteración metabólica y el aumento del riesgo. La adopción de una dieta occidentalizada, caracterizada por el incremento en el consumo de alimentos ultraprocesados y azúcares añadidos, favorece también la incidencia de la enfermedad. Finalmente, los procesos de urbanización acelerada y la transición epidemiológica en países en desarrollo aumentan la exposición a factores de riesgo cardiovascular que agravan la aparición y progresión de la diabetes tipo 2 en estas regiones.
Los planes nacionales de diabetes constituyen una pieza fundamental en la mejora de la detección precoz, ampliación del acceso a educadores sanitarios y disponibilidad de tratamientos farmacológicos adecuados. En este contexto, las intervenciones comunitarias cobran relevancia, promoviendo actividades como caminatas saludables, duchas de actividad física y programas estructurados de autocuidado orientados a la prevención y manejo de la enfermedad.
La incorporación de herramientas digitales en salud ha potenciado el seguimiento y control de la diabetes, mediante aplicaciones móviles, sistemas de telemonitorización y recordatorios electrónicos que facilitan la adherencia al tratamiento y la comunicación continua con el equipo sanitario. Asimismo, las clínicas lideradas por enfermería han demostrado ser eficaces para reducir niveles de HbA1c, mejorar el control de la presión arterial y elevar la calidad de vida de las personas con diabetes, consolidándose como un modelo de atención centrado en el paciente y basado en la evidencia.
La enfermería desempeña un papel fundamental en la atención de la diabetes tipo 2 gracias a su cercanía constante con el paciente, lo que permite realizar sesiones frecuentes de seguimiento y ajustes en tiempo real, además de ofrecer motivación continua. La educación diabetológica proporcionada por enfermería fomenta un mayor conocimiento de la enfermedad, fortalece la capacidad de autogestión y promueve la adherencia al tratamiento.
Asimismo, la monitorización continua y la detección temprana de complicaciones se ven facilitadas mediante intervenciones de tele-enfermería (telenursing), que aseguran un seguimiento efectivo y oportuno. El apoyo psicosocial es otro componente clave, implementando intervenciones motivacionales que no solo mejoran la adherencia, sino que también ayudan a disminuir la ansiedad relacionada con la enfermedad.
Además, la coordinación interdisciplinaria entre los distintos niveles asistenciales, junto con profesionales como nutricionistas y educadores en diabetes, es esencial para una atención integral y eficiente. La diabetes tipo 2 representa más que una compleja patología clínica; es una crisis global de salud pública con profundas implicaciones económicas, sociales y personales. Frente a este desafío, se requieren acciones integrales que combinen prevención, manejo terapéutico, educación, tecnología y soporte psicosocial. En este contexto, la enfermería se posiciona como un pilar imprescindible, dada su proximidad al paciente y su capacidad para articular esfuerzos en equipo. Por ello, este trabajo se centra en las estrategias lideradas por enfermería dirigidas a mejorar la adherencia, factor crítico para lograr resultados clínicos sostenibles y de largo plazo.
La prevalencia de la diabetes tipo 2 muestra marcadas variaciones según la región, condicionadas por diferencias en la capacidad diagnóstica, influencias genéticas, estilos de vida y desigualdades sociales. En África subsahariana, la limitada infraestructura para el diagnóstico clínico provoca un importante subregistro de casos, dificultando la captura real de la magnitud del problema. En el sur de Asia y Oriente Medio, la prevalencia supera el 12%, destacándose además la aparición temprana de la enfermedad, asociada a predisposiciones genéticas específicas y a una alta frecuencia de obesidad abdominal.
En contraste, Europa Occidental y Norteamérica presentan una prevalencia relativamente estable, situada entre el 9 y 10%, atribuible a mejoras en el acceso a terapias y servicios de salud, aunque el envejecimiento poblacional sigue planteando un desafío creciente. En Latinoamérica, la diabetes tipo 2 afecta entre el 10 y 12% de la población adulta, con un aumento especialmente notable en grupos vulnerables desde el punto de vista social y económico, lo que refleja disparidades persistentes en atención y prevención.
La prevalencia estimada de diabetes tipo 2 en España abarca aproximadamente entre el 13 y el 14,5% de la población adulta con edades comprendidas entre 20 y 79 años, según datos recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE, 2024).
La incidencia anual se sitúa entre 800 y 1.000 casos nuevos por cada 100.000 habitantes, concentrándose especialmente en aquellos mayores de 60 años.
Además, se calcula que alrededor de un 25% de los casos permanece sin diagnóstico, siendo frecuente que la detección ocurra de forma tardía o tras la aparición de complicaciones asociadas. Esta situación subraya la necesidad imperiosa de intensificar los programas de detección precoz, así como las estrategias de educación y control sanitario para mejorar el abordaje de la enfermedad en el país.
En las últimas tres décadas, la prevalencia mundial de la diabetes tipo 2 ha experimentado un aumento significativo, aproximándose a un incremento del 62%. Este crecimiento global está impulsado principalmente por factores como el envejecimiento poblacional, la urbanización acelerada, el aumento de la obesidad y los hábitos sedentarios.
En el contexto europeo, la tasa de crecimiento anual de la diabetes tipo 2 se mantiene en torno al 1%, reflejando un avance más moderado, probablemente asociado a la estabilización de ciertos factores de riesgo y mejoras en la atención sanitaria. No obstante, en algunas regiones de África y Asia, el crecimiento anual supera el 4%, evidenciando un impacto más acelerado en estos territorios, que combinan desafíos en infraestructura sanitaria con rápidos cambios en los estilos de vida y factores sociodemográficos.
Esta disparidad regional resalta la importancia de adaptar estrategias de prevención y control según el contexto específico, para mitigar eficazmente el crecimiento futuro de la diabetes tipo 2.
La retinopatía diabética afecta a aproximadamente el 27% de las personas con diabetes tipo 2 para el año 2030, y se prevé que alrededor del 10% de estos casos desarrollen una pérdida visual significativa que impacta severamente su calidad de vida y autonomía.
En cuanto a la nefropatía diabética, esta complicación se presenta hasta en el 40% de los pacientes con diabetes tipo 2, constituyendo la principal causa de insuficiencia renal terminal en esta población, lo que genera una elevada carga clínica y económica para los sistemas sanitarios.
La neuropatía periférica es otra complicación frecuente que afecta a cerca de la mitad de los adultos con diabetes tipo 2. De estos, aproximadamente un 15% desarrolla úlceras en las extremidades inferiores, que a menudo preceden a complicaciones graves como infecciones. Cerca del 1% de la población afectada requiere amputación mayor, siendo esta una consecuencia dramática con significativos impactos en la salud, funcionalidad y costos sanitarios.
Estas complicaciones representan no solo un desafío clínico, sino también un importante peso económico para las estructuras sanitarias debido a la necesidad de cuidados prolongados, intervenciones quirúrgicas, rehabilitación y soporte psicosocial asociado
Se proyecta que el coste directo vinculado a la diabetes tipo 2 alcanzará aproximadamente los 1,3 billones de dólares estadounidenses anuales para el año 2025, sin contabilizar los costes indirectos asociados a la pérdida de productividad o discapacidad. Cuando se consideran estos costes indirectos junto con las hospitalizaciones, las complicaciones relacionadas y la reducción en la capacidad laboral, el impacto económico global supera los 2 billones de dólares al año, evidenciando la magnitud del desafío que supone para los sistemas sanitarios y las economías.
En el contexto europeo, el gasto dedicado a la atención de la diabetes tipo 2 representa entre el 5 y el 12% del presupuesto sanitario estándar, con variaciones según los países y la carga epidemiológica local.
Este elevado coste sanitario y económico subraya la necesidad de implementar estrategias efectivas de prevención, diagnóstico precoz y manejo integral que permitan mitigar tanto el impacto clínico como financiero que la diabetes tipo 2 genera en la sociedad.
El nivel educativo y los ingresos económicos muestran una asociación inversa significativa con la prevalencia de la diabetes tipo 2 y el control glucémico logrado por los pacientes. Es decir, quienes presentan menor nivel formativo y recursos económicos tienen una mayor probabilidad de desarrollar la enfermedad y presentan peores resultados en el manejo de sus niveles de glucosa.
En algunos estudios, las tasas de diabetes en personas con bajo nivel educativo pueden ser hasta 2,5 veces superiores en comparación con individuos con niveles educativos elevados, evidenciando un impacto directo de los determinantes sociales en la carga de la enfermedad.
Asimismo, las comunidades socialmente desfavorecidas y marginadas enfrentan barreras importantes para acceder a programas de prevención, educación diabetológica y atención especializada. Estas desigualdades estructurales dificultan el seguimiento, la detección temprana y el control efectivo de la diabetes, perpetuando disparidades en salud que requieren intervención multisectorial y políticas inclusivas para su reducción.
Los pacientes con diabetes mellitus tipo 2 suelen reportar puntuaciones significativamente inferiores en dimensiones físicas, mentales y sociales en comparación con la población general, reflejando un detrimento global en su calidad de vida relacionada con la salud.
En particular, complicaciones como la neuropatía dolorosa y la nefropatía contribuyen de forma importante a esta disminución del bienestar subjetivo, pudiendo reducir hasta en un 40% las evaluaciones en escalas específicas de salud relacionadas con la calidad de vida.
Este impacto negativo no sólo afecta la funcionalidad física, sino que también repercute en el estado emocional y social del paciente, resaltando la necesidad de estrategias integrales de manejo que incluyan soporte clínico y psicosocial para mejorar el bienestar y adherencia al tratamiento.
La adherencia terapéutica implica mucho más que la simple ingestión de medicamentos; según la Organización Mundial de la Salud (OMS), puede definirse como “el grado en que el comportamiento del paciente se ajusta a las indicaciones y acuerdos establecidos con un profesional sanitario”.
Este concepto engloba un compromiso activo y sostenible entre el paciente y el sistema de salud, basado en la colaboración y en la participación continua a lo largo del tiempo.
La adherencia en la diabetes mellitus tipo 2 comprende varias dimensiones esenciales para el adecuado control de la enfermedad. En el área farmacológica, se ha observado que lograr un cumplimiento o persistencia del tratamiento superior al 80% durante un periodo de 6 a 12 meses se relaciona con un mejor control de la glucemia y una reducción significativa en la aparición de complicaciones.
Más allá del medicamento, la adherencia a modificaciones en el estilo de vida es igualmente determinante. Esto incluye seguir una dieta equilibrada acorde a las indicaciones clínicas, mantener una actividad física regular, controlar el peso corporal de manera adecuada y realizar una automonitorización periódica para evaluar niveles de glucosa, factores que en conjunto contribuyen a mejorar el pronóstico y la calidad de vida del paciente.
En el contexto de la diabetes mellitus tipo 2, la adherencia promedio al tratamiento se sitúa alrededor del 51%, lo que indica que casi la mitad de los pacientes tiene dificultades para cumplir con las indicaciones terapéuticas. En el caso de los pacientes que requieren terapia con insulina, el nivel de cumplimiento es ligeramente mayor, rondando el 55%.
Sin embargo, la persistencia en el tratamiento disminuye considerablemente con el tiempo; por ejemplo, en Europa Occidental, se observa una caída del 34% en la persistencia a los 18 meses de seguimiento. Respecto a los antidiabéticos orales, la adherencia media alcanza un 67,9%, aunque la continuidad del tratamiento (persistencia) disminuye hasta un 56,2%, reflejando la complejidad para mantener un tratamiento prolongado y eficaz.
Estos datos evidencian la magnitud del desafío que representa la adherencia en el manejo de la diabetes tipo 2, con implicaciones directas en el control glucémico y la prevención de complicaciones a largo plazo.
La falta de adherencia al tratamiento en personas con diabetes tipo 2 incrementa significativamente el riesgo de hospitalizaciones, llegando hasta un 41%, así como la mortalidad asociada a la enfermedad. Aunque inicialmente los costes sanitarios generados por estos pacientes pueden parecer menores, la no adherencia desencadena un aumento significativo –de hasta el 100%– en las hospitalizaciones, lo que se traduce en una demanda creciente de recursos sanitarios y un impacto económico considerable.
Además, la ausencia de un cumplimiento adecuado se asocia con peores desenlaces clínicos, incluyendo un control glucémico insuficiente, una mayor incidencia de complicaciones tanto microvasculares como macrovasculares, y una disminución notable en la calidad de vida de los pacientes.
Estos efectos subrayan la importancia crítica de impulsar programas y estrategias que mejoren la adherencia terapéutica para optimizar los resultados clínicos y reducir la carga sanitaria y económica que supone la diabetes tipo 2.
La adherencia al tratamiento se desglosa en diversas fases que reflejan diferentes aspectos del comportamiento del paciente frente a la terapia. La primera fase, denominada iniciación, implica que el paciente tome la dosis inicial del medicamento prescrito.
La segunda fase, la implementación, se refiere a la fidelidad con la que el paciente consume las dosis según lo indicado a lo largo del periodo recomendado, asegurando la consistencia en la administración.
La última fase es la persistencia, que corresponde a la duración continua del tratamiento sin interrupciones significativas. En este contexto, se considera discontinuidad cuando existen pausas prolongadas, definidas habitualmente como un intervalo mayor a 90 días sin toma del medicamento.
Es importante destacar que la mayoría de las abandonos del tratamiento ocurre durante el primer año, lo que representa un periodo crítico para mantener un seguimiento estrecho y estrategias de apoyo que fomenten la continuidad terapéutica.
La adherencia terapéutica en la diabetes tipo 2 está influenciada por múltiples factores que se pueden agrupar en diferentes dominios. En el plano psicológico, aspectos como una baja autoeficacia, rasgos de neuroticismo, así como la presencia de trastornos mentales como depresión y ansiedad, se asocian con una menor adherencia al tratamiento.
En cuanto a los factores sociales, el respaldo ofrecido por la familia y el equipo sanitario ha demostrado mejorar la adherencia en un rango aproximado del 10 al 20%, subrayando la importancia del acompañamiento y soporte en el manejo de la enfermedad.
Las condiciones socioeconómicas también juegan un papel fundamental: Niveles educativos bajos y recursos económicos limitados correlacionan con dificultades para mantener una adherencia adecuada.
Respecto al tratamiento, la complejidad de los regímenes terapéuticos, el empleo de insulina y los costos asociados a la medicación representan barreras significativas que disminuyen el cumplimiento.
Finalmente, el sistema sanitario puede influir negativamente en la adherencia cuando las consultas son breves, la comunicación deficiente o existen obstáculos para acceder a los servicios, factores que contribuyen a la interrupción del tratamiento.
La mejora en la adherencia terapéutica en pacientes con diabetes mellitus tipo 2 conlleva beneficios clínicos substanciales. Una reducción sostenida de la hemoglobina glucosilada (HbA1c) entre 0,5 y 1,0% se asocia con mejoras clínicas tangibles, como el control glucémico más efectivo y la prevención de complicaciones.
Además, un adecuado cumplimiento terapéutico contribuye a disminuir significativamente las tasas de hospitalización y mortalidad relacionadas con la enfermedad, optimizando así el pronóstico a largo plazo.
Desde el punto de vista económico, aumentar la adherencia reduce tanto los costes directos —como los gastos asociados al manejo clínico y las hospitalizaciones— como los costes indirectos vinculados a la pérdida de productividad y discapacidad.
La adherencia en la diabetes tipo 2 es un desafío relevante, con niveles promedio que oscilan entre el 50 y el 70%. Su impacto abarca tanto la salud individual como la carga económica para los sistemas sanitarios. Comprender las distintas fases del proceso de adherencia, así como las barreras y facilitadores implicados, es fundamental para diseñar intervenciones integrales.
En este sentido, el papel de enfermería resulta crucial, dada su proximidad al paciente y su capacidad para liderar estrategias que mejoren el cumplimiento terapéutico, contribuyendo significativamente a mejorar los resultados de salud en esta población.
La adherencia terapéutica en pacientes con diabetes mellitus tipo 2 (DM2) no depende únicamente de la voluntad del individuo, sino que resulta de la interacción compleja entre factores biopsicosociales, económicos, clínicos y organizativos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha desarrollado un marco multidimensional que clasifica los determinantes de la adherencia en cinco grandes categorías: Factores vinculados al paciente, a la enfermedad, al tratamiento, al sistema sanitario y al entorno socioeconómico.
Esta estructura conceptual permite comprender la diversidad y heterogeneidad de las causas que subyacen al incumplimiento terapéutico, facilitando a su vez la planificación de intervenciones integrales y adaptadas a las características específicas de cada persona y contexto.
Los factores individuales constituyen probablemente los elementos más complejos y dinámicos que influyen en la adherencia al tratamiento en la diabetes mellitus tipo 2 (DM2). Entre estos, el nivel de conocimientos y las creencias sobre la enfermedad juegan un papel fundamental. Muchos pacientes tienden a subestimar la gravedad de la DM2, sobre todo en sus fases iniciales asintomáticas, lo que reduce la percepción de la necesidad de mantener un tratamiento riguroso. Además, las creencias erróneas, mitos culturales y experiencias previas negativas con el sistema sanitario pueden afectar negativamente la adherencia.
La motivación y la disposición al cambio son otro aspecto central; la falta de motivación intrínseca y la ausencia de metas personales claras dificultan no solo el inicio sino también la continuidad de modificaciones saludables en el estilo de vida.
La autoeficacia, entendida como la confianza del paciente en su capacidad para controlar la enfermedad y manejar adecuadamente el régimen terapéutico, se identifica como un predictor clave de la adherencia. Pacientes con mayor autoeficacia muestran mejores resultados en el seguimiento y control de la DM2.
El estado emocional y la salud mental también tienen una influencia importante. Trastornos como la depresión, la ansiedad o el estrés crónico afectan negativamente la adhesión terapéutica. Se estima que hasta un 30% de pacientes con DM2 presentan síntomas depresivos, lo que se asocia con un menor cumplimiento y peor control glucémico, incrementando el riesgo de complicaciones.
Finalmente, las habilidades prácticas y los recursos cognitivos del paciente pueden actuar como barreras no evidentes. Problemas en la planificación diaria, el manejo del tiempo, la interpretación de instrucciones médicas o nutricionales, y el uso correcto de dispositivos como glucómetros o plumas de insulina, dificultan el cumplimiento terapéutico efectivo.
Estos factores individuales deben ser identificados y abordados con intervenciones personalizadas que potencien el conocimiento, la motivación, las capacidades prácticas y proporcionen apoyo emocional, para mejorar significativamente la adherencia en pacientes con diabetes tipo 2.
El curso clínico y la duración de la diabetes mellitus tipo 2 (DM2) influyen significativamente en la adherencia terapéutica. La naturaleza crónica y progresiva de esta enfermedad puede ocasionar fatiga terapéutica, especialmente en pacientes con un diagnóstico prolongado, lo que contribuye a una disminución paulatina del cumplimiento si no se refuerzan periódicamente los beneficios del tratamiento y la motivación del paciente.
Asimismo, la ausencia de síntomas notorios en muchos casos puede inducir una falsa percepción de control o estabilidad por parte del paciente, generando un riesgo de incumplimiento, ya que no se experimentan consecuencias inmediatas al dejar de seguir las indicaciones médicas.
Por otro lado, la coexistencia de comorbilidades frecuentes en pacientes con DM2, como hipertensión arterial, dislipemia y obesidad, no solo complica la adherencia debido a regímenes terapéuticos más complejos y cargas polimedicamentosas, sino que también eleva la carga emocional y económica que debe afrontar el paciente, impactando negativamente en la continuidad y efectividad del tratamiento.
Este conjunto de factores propios de la enfermedad subraya la necesidad de enfoques clínicos integrales y personalizados que consideren la duración de la enfermedad,
el control sintomático y las comorbilidades para fomentar la adherencia sostenible a largo plazo.
La complejidad del régimen terapéutico constituye una barrera importante para la adherencia en pacientes con diabetes tipo 2. La polifarmacia, la frecuencia elevada de las tomas, las restricciones dietéticas y la necesidad de controles médicos periódicos pueden generar desmotivación o provocar errores involuntarios al seguir las indicaciones, dificultando el cumplimiento sostenido.
Los efectos adversos, tanto reales como percibidos, representan otro motivo frecuente de interrupción voluntaria o abandono del tratamiento. La experiencia o la expectativa de molestias o complicaciones derivadas de la medicación pueden llevar al paciente a suspenderla sin consultar al profesional sanitario.
Además, la interferencia del tratamiento con las rutinas diarias es un factor que reduce la aceptación. Aquellos tratamientos que imponen horarios estrictos requieren preparaciones previas para su administración o que limitan la participación en actividades sociales tienden a ser percibidos como menos compatibles con el estilo de vida del paciente, afectando negativamente la adherencia.
Aunque en sistemas de salud públicos como el español muchos medicamentos para la diabetes cuentan con subvenciones o financiación, los costes indirectos asociados
—tales como la necesidad de dietas específicas, desplazamientos a consultas, compra de dispositivos médicos o insumos complementarios— pueden constituir barreras significativas, especialmente para pacientes con recursos limitados.
Finalmente, la adaptación cultural también influye en la adherencia. Algunas recomendaciones terapéuticas, incluyendo patrones dietéticos o indicaciones sobre el estilo de vida, pueden entrar en conflicto con las tradiciones culturales o creencias religiosas del paciente, dificultando su aceptación y cumplimiento.
Estos factores relacionados con el tratamiento subrayan la necesidad de personalizar las estrategias terapéuticas, simplificar los regímenes cuando sea posible y ofrecer un acompañamiento que considere las particularidades culturales, económicas y prácticas de cada paciente para mejorar la adherencia en la diabetes tipo 2.
La adherencia al tratamiento en la diabetes tipo 2 está significativamente condicionada por factores vinculados al sistema sanitario. Entre estos, la accesibilidad y disponibilidad de los servicios juegan un papel crucial. Las dificultades para obtener cita médica, las largas listas de espera, las barreras geográficas o la falta de transporte adecuado limitan el seguimiento regular y el control oportuno de la enfermedad, afectando negativamente la continuidad del tratamiento.
La continuidad asistencial también es determinante. La rotación frecuente de profesionales o la fragmentación de los servicios de salud pueden ocasionar una pérdida de confianza en el equipo sanitario, una atención inconsistente y un seguimiento insuficiente, lo que reduce la adherencia y la eficacia del manejo de la diabetes.
La calidad de la comunicación entre profesional y paciente se presenta como un factor esencial para promover una relación terapéutica efectiva. Una praxis basada en la confianza mutua, la escucha activa, la empatía y el respeto contribuye a mejorar la comprensión del tratamiento, la motivación del paciente y su participación activa.
Por el contrario, actitudes paternalistas, el uso de un lenguaje técnico poco accesible o la falta de tiempo suficiente en las consultas generan desinformación y distanciamiento, impactando negativamente en el cumplimiento terapéutico.
Por último, la disponibilidad de recursos educativos y programas estructurados, como escuelas de diabetes, talleres grupales y consultas de enfermería especializadas, ha demostrado mejorar sustancialmente los niveles de adherencia. Estas intervenciones educativas, especialmente cuando se adaptan a las características culturales y necesidades específicas de los pacientes, fortalecen el autocuidado, la autogestión y la motivación, facilitando el mantenimiento del tratamiento a largo plazo.
En conjunto, estos factores asociados al sistema sanitario configuran un marco determinante para la adherencia terapéutica en la diabetes mellitus tipo 2, cuya optimización requiere de políticas integrales enfocadas en mejorar el acceso, la comunicación y el apoyo educativo dentro de los servicios de salud.
El apoyo social y familiar representa un pilar fundamental para favorecer la adherencia terapéutica en pacientes con diabetes mellitus tipo 2 (DM2). La existencia de una red de soporte sólida contribuye a acompañar al paciente en las consultas médicas, fomentar el cumplimiento dietético, incentivar la práctica regular de ejercicio y facilitar la gestión correcta de la medicación. Por el contrario, el aislamiento social o contextos familiares inestables y desestructurados son factores que aumentan el riesgo de incumplimiento del tratamiento.
El nivel educativo suele estar asociado positivamente con la adherencia, dado que una mayor formación permite una mejor comprensión del régimen terapéutico y una más efectiva capacidad para afrontar los desafíos de la enfermedad. Sin embargo, más allá del nivel formal de educación, el alfabetismo en salud —esto es, la habilidad real para entender, interpretar y aplicar la información sanitaria— es un componente clave que incide directamente en la conducta del paciente y su autonomía en el manejo de la diabetes.
Las condiciones económicas también ejercen un impacto considerable. Las dificultades financieras afectan no solo el acceso a medicamentos, sino también la capacidad para adquirir alimentos saludables, involucrarse en actividades físicas estructuradas o participar en programas educativos, lo que dificulta la adherencia y el autocuidado.
Por otra parte, factores culturales y creencias religiosas pueden influir de manera importante en la percepción y manejo de la diabetes. Algunas comunidades sostienen explicaciones alternativas sobre el origen o tratamiento de la enfermedad, presentan restricciones dietéticas particulares o limitan el uso de ciertos fármacos. En este sentido, la sensibilidad cultural en la intervención sanitaria es esencial para promover la aceptación y el cumplimiento terapéutico.
El estigma y la discriminación asociados al diagnóstico de diabetes constituyen otro obstáculo relevante. En ciertos entornos, la enfermedad puede ser vista de forma negativa, lo que lleva a algunos pacientes a ocultar su condición y, como consecuencia, a abandonar el tratamiento para evitar juicios o rechazo social.
Comprender la complejidad y multiplicidad de estos factores es vital para diseñar intervenciones personalizadas, efectivas y sostenibles que mejoren la adherencia terapéutica en la DM2. Una evaluación integral de cada paciente, considerando todas estas dimensiones, permite identificar barreras específicas y potenciar los facilitadores presentes, con el fin último de mejorar tanto los resultados clínicos como la calidad de vida.
En este proceso, la enfermería juega un papel fundamental debido a su enfoque holístico y proximidad al paciente, liderando la evaluación, intervención y acompañamiento continuo que son esenciales para favorecer el cumplimiento y el bienestar a largo plazo.
El manejo efectivo de la diabetes mellitus tipo 2 (DM2) requiere un enfoque integral y multidisciplinar donde el personal de enfermería juega un rol fundamental y multifacético. Más allá de su tradicional función asistencial, la enfermería se posiciona como un pilar clave en la educación sanitaria, la prevención de complicaciones, la coordinación entre distintos niveles de atención y el soporte emocional del paciente.
Gracias a su perspectiva holística, las enfermeras y enfermeros pueden considerar al paciente con DM2 en todas sus dimensiones —biológica, psicológica, social y cultural— lo que posibilita diseñar intervenciones individualizadas que se ajusten a las necesidades y contextos específicos de cada persona, favoreciendo la sostenibilidad y eficacia en el cumplimiento terapéutico.
El acompañamiento continuo y cercano que proporciona enfermería facilita la identificación precoz de barreras personales, sociales o clínicas, permitiendo la adopción de estrategias específicas para mejorar la adherencia y promover estilos de vida saludables. Así, el rol enfermero es crucial no solo en el control de la enfermedad, sino también en la mejora de la calidad de vida y la reducción del impacto socioeconómico asociado a la DM2.
Este abordaje integral posiciona a la enfermería como agente indispensable en la atención de pacientes con diabetes, aportando un valor añadido que contribuye sustancialmente a los objetivos clínicos y sociales vinculados al manejo de esta enfermedad crónica.
La educación para la salud constituye una de las competencias más importantes del personal de enfermería en el ámbito de las enfermedades crónicas, particularmente en la diabetes mellitus tipo 2 (DM2), donde el automanejo es fundamental para el control efectivo de la enfermedad. Las enfermeras desempeñan un papel central en el diseño, realización y evaluación de programas educativos dirigidos a pacientes y sus familias, con el objetivo de dotarlos de conocimientos, habilidades prácticas y estrategias de afrontamiento que les permitan afrontar la diabetes de manera activa y segura. Esta educación abarca múltiples dimensiones esenciales:
La educación diabetológica puede impartirse de forma individual o grupal, de manera presencial o mediante plataformas virtuales, siempre adaptándose al nivel de alfabetización en salud, edad, cultura, recursos y necesidades específicas de cada paciente. La continuidad en la educación, la repetición de mensajes clave y la evaluación periódica de los conocimientos son elementos esenciales para garantizar la efectividad y la consolidación de hábitos duraderos.
El rol de enfermería en la educación diabetológica no solo mejora el conocimiento y las habilidades del paciente, sino que también fortalece la motivación, la autoeficacia y la capacidad de autocuidado, aspectos fundamentales para el control metabólico, la prevención de complicaciones y la mejora de la calidad de vida.
El seguimiento periódico y estructurado de los pacientes con diabetes mellitus tipo 2 es fundamental para evaluar el grado de control glucémico, adecuar el tratamiento según las necesidades individuales, detectar precozmente posibles complicaciones y reforzar la adherencia terapéutica. En este proceso, el personal de enfermería desempeña un papel activo y esencial.
Las actividades principales incluyen la revisión sistemática de parámetros clínicos y bioquímicos relevantes, como el control de glucemia capilar y de laboratorio, presión arterial, peso corporal, perímetro abdominal, perfil lipídico y hemoglobina glicosilada (HbA1c). Estos indicadores permiten valorar el control metabólico y la efectividad del plan terapéutico.
La evaluación de la adherencia terapéutica constituye otro componente clave, para lo que las enfermeras utilizan herramientas estructuradas o técnicas como entrevistas motivacionales que ayudan a identificar dificultades en la toma de medicamentos, el seguimiento dietético y la práctica de ejercicio físico, permitiendo así implementar intervenciones individualizadas de apoyo.
Asimismo, la detección precoz de complicaciones se realiza mediante exploraciones específicas, como la inspección y valoración del pie diabético, pruebas de sensibilidad y reflejos, vigilancia de síntomas urinarios o alteraciones visuales, y cribado periódico para retinopatía, nefropatía y neuropatía, esenciales para anticipar daños y actuar oportunamente.
Finalmente, la documentación rigurosa en la historia clínica y la comunicación fluida con el equipo médico y otros profesionales —como psicólogos, trabajadores sociales o podólogos— garantizan un abordaje integral y coordinado, optimizando la calidad y continuidad asistencial.
Este seguimiento continuo no solo permite anticipar descompensaciones agudas o la aparición de complicaciones crónicas, sino que también fortalece la percepción de seguridad y acompañamiento en el paciente, aspectos fundamentales para el éxito del tratamiento a largo plazo.
El diagnóstico y manejo de una enfermedad crónica como la diabetes mellitus tipo 2 representa un impacto emocional significativo que puede afectar la calidad de vida, la percepción de control y la motivación del paciente. En este contexto, el personal de enfermería se constituye como una figura fundamental de apoyo, confianza y acompañamiento emocional.
El abordaje de las emociones es esencial, ya que sentimientos como miedo, frustración, culpa, ansiedad o tristeza son comunes en personas con DM2, especialmente en momentos críticos como el diagnóstico, el inicio de insulina o la aparición de complicaciones.
Las técnicas de entrevista motivacional se utilizan para explorar las ambivalencias del paciente, identificar las barreras internas y externas que dificultan el cambio y promover comportamientos sostenibles a largo plazo. Este enfoque facilita un diálogo empático y participativo que fortalece la implicación activa del paciente.
Favorecer la autoeficacia es otra estrategia clave, mediante el refuerzo positivo, el establecimiento de metas alcanzables y el reconocimiento de los logros alcanzados. Estas acciones incrementan la confianza del paciente en su capacidad para manejar la enfermedad y afrontar desafíos diarios.
La evaluación y fortalecimiento de la red de apoyo social y familiar forman parte integral del proceso. Se explora el entorno del paciente para identificar referentes significativos y se promueven estrategias que involucren activamente a cuidadores y personas de su confianza en el seguimiento terapéutico.
Este acompañamiento emocional cobra especial relevancia en pacientes con bajo nivel educativo, aislamiento social o antecedentes de trastornos del estado de ánimo, así como en aquellos que manifiestan conductas de evitación o rechazo del diagnóstico. Un soporte psicosocial adecuado contribuye significativamente a mejorar la adherencia, el bienestar y la calidad de vida de estas personas.
En suma, el rol de enfermería en el apoyo psicosocial y motivacional es crucial para brindar un cuidado integral, que contemple no solo los aspectos biomédicos sino también los emocionales y sociales fundamentales para el éxito en el manejo de la diabetes tipo 2.
La atención de la diabetes mellitus tipo 2, debido a su naturaleza crónica y la frecuente polimedicación, requiere un enfoque integrado y coordinado que involucre distintos niveles asistenciales —como la Atención Primaria y la Atención Especializada— así como a múltiples profesiones sanitarias, incluyendo medicina, enfermería, farmacia, nutrición y trabajo social, entre otras.
En este contexto, el personal de enfermería desempeña un papel esencial como nexo de unión entre los diferentes dispositivos y equipos de salud. Su labor garantiza la continuidad asistencial, evita la duplicidad de esfuerzos y contribuye a optimizar el uso de los recursos disponibles.
La coordinación que promueve enfermería no solo mejora la eficiencia del sistema sanitario, sino que también reduce la ocurrencia de eventos adversos, tales como errores en los tratamientos o descompensaciones evitables. Además, favorece una atención centrada en la persona, respetando sus necesidades y circunstancias individuales, y facilitando una experiencia de cuidado más coherente y segura.
Este enfoque integrado y continuado es fundamental para mejorar los resultados clínicos, la adherencia al tratamiento y la calidad de vida de los pacientes con DM2, al facilitar un manejo más organizado, colaborativo y personalizado.
El personal de enfermería desempeña un papel crucial en la generación de conocimiento científico y en la mejora continua de la práctica clínica en el contexto de la diabetes mellitus tipo 2. A través de la investigación, la innovación y la participación activa en actividades de formación permanente, enfermería contribuye a la actualización constante de métodos, herramientas y estrategias que optimizan el cuidado y el control de esta enfermedad crónica.
Este compromiso con la excelencia profesional posiciona a la enfermería como una disciplina dinámica, fundamentada en la evidencia científica, orientada a mejorar no solo los resultados clínicos, sino también la calidad de vida de las personas con DM2. La investigación enfermera aborda aspectos tan variados como la efectividad de intervenciones educativas, el desarrollo de tecnologías para el autocuidado, la gestión de complicaciones, y la evaluación de programas de acompañamiento psicosocial y motivacional.
Además, la enfermería juega un rol indispensable en la transferencia del conocimiento científico a la práctica diaria, promoviendo modelos de atención centrados en la persona y culturalmente sensibles que favorecen la adherencia terapéutica y el autocuidado sostenible. Este enfoque innovador también impulsa la aplicación de protocolos, guías y estándares de calidad que contribuyen a la mejora continua del sistema sanitario.
En suma, la contribución enfermera en investigación, innovación y mejora continua trasciende la atención directa, consolidándose como un motor fundamental para la transformación de la experiencia del paciente con DM2. Desde la educación, la prevención y el acompañamiento, hasta la coordinación asistencial y el desarrollo científico, la enfermería posee el potencial de reducir la carga global de esta enfermedad crónica en los sistemas de salud y mejorar los resultados a nivel individual y comunitario.
La diabetes mellitus tipo 2 (DM2) representa hoy una de las mayores amenazas para la salud pública a nivel global, no solo debido a su alta prevalencia, sino también por sus repercusiones negativas en la calidad de vida de los pacientes y en la sostenibilidad económica de los sistemas sanitarios. A pesar de los avances en técnicas diagnósticas, tratamientos y seguimiento, los resultados clínicos continúan siendo insatisfactorios en una proporción considerable de personas con DM2, siendo la baja adherencia terapéutica uno de los principales factores que explican esta discrepancia entre el potencial terapéutico y los resultados reales.
Diversos estudios reportan que entre el 40% y el 60% de los pacientes con DM2 no cumplen adecuadamente con algún componente esencial de su tratamiento, ya sea la medicación, las recomendaciones dietéticas o la actividad física prescrita. Esta falta de adherencia se asocia a un mal control glucémico, mayor progresión de complicaciones micro y macrovasculares, incremento de hospitalizaciones y aumento de la mortalidad asociada. Desde el punto de vista económico, esta situación genera un sobrecoste sustancial para los sistemas de salud, debido al mayor uso de recursos y los gastos vinculados a complicaciones evitables.
Reconociendo el impacto, mejorar la adherencia se ha establecido como un objetivo fundamental en la práctica clínica, la gestión sanitaria y la investigación. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que optimizar la adherencia tendría un efecto más significativo sobre la salud pública que cualquier avance farmacológico disponible hasta la fecha. No obstante, la adherencia no puede abordarse solo desde la perspectiva farmacológica o educativa, sino que requiere de una intervención multidimensional y adaptada a las particularidades del paciente.
En este marco, el personal de enfermería adquiere un rol primordial. Debido a su contacto directo, continuo y prolongado con los pacientes, las enfermeras están en una posición privilegiada para detectar tempranamente las dificultades en el cumplimiento, intervenir sobre sus causas y construir una relación terapéutica basada en confianza, motivación y acompañamiento. Las intervenciones estructuradas de enfermería, tanto individuales como grupales, han mostrado eficacia para mejorar la adherencia y fomentar el automanejo efectivo de la enfermedad.
Sin embargo, la literatura actual revela una considerable heterogeneidad en cuanto a los tipos de intervenciones, duración, componentes, contextos de aplicación e indicadores empleados para evaluar sus resultados. Esto dificulta determinar con claridad qué intervenciones son óptimas, en qué condiciones y para qué perfiles de pacientes, afectando la transferencia del conocimiento a la práctica clínica y limitando la capacidad de los profesionales enfermeros para tomar decisiones basadas en evidencia sólida y contextualizada.
Entre 2020 y 2025, las estrategias de intervención en enfermería han experimentado una rápida evolución, impulsada en parte por las transformaciones derivadas de la pandemia COVID-19. Esta situación estimuló la implementación de tecnologías como telemedicina, aplicaciones móviles, programas virtuales educativos y seguimiento remoto, ampliando las vías de intervención pero también generando nuevos retos relacionados con la accesibilidad, equidad, alfabetización digital y evaluación de impacto.
Por ello, resulta imprescindible analizar qué intervenciones enfermeras han sido efectivas, para qué pacientes y bajo qué condiciones, con el fin de garantizar la eficiencia y sostenibilidad de las estrategias implementadas.
En consecuencia, el presente estudio se justifica por la necesidad de:
Este enfoque permitirá orientar la práctica enfermera hacia estrategias fundamentadas, contextualizadas y sostenibles, reforzando su papel central en el manejo integral y efectivo de la diabetes tipo 2.
Organizar y sistematizar la atención integral a las personas con diabetes mellitus tipo 2 para mejorar su calidad de vida y promover un control efectivo de la enfermedad, favoreciendo la adherencia terapéutica y la prevención de complicaciones a corto y largo plazo.
La presente investigación se planteó como una revisión sistemática de la literatura enfocada en evaluar la efectividad de intervenciones de enfermería sobre la adherencia terapéutica en pacientes con diabetes mellitus tipo 2. En línea con estándares metodológicos reconocidos (PRISMA), se definió la pregunta de investigación mediante el enfoque PICO (pacientes adultos con DM tipo 2; intervenciones de enfermería; comparación con cuidado habitual u otras estrategias; resultado: Adherencia al tratamiento)
El diseño sistemático permite sintetizar y comparar los hallazgos de múltiples estudios primarios (ensayos clínicos y revisiones previas) sobre esta temática. Siguiendo ejemplos previos de revisiones en cronicidad, se trabajó con un protocolo predefinido y se emplearon herramientas de lectura crítica (listas CASPe para ensayos clínicos) para valorar la validez de los estudios incluidos
La búsqueda bibliográfica se realizó en bases de datos electrónicas de amplia cobertura en ciencias de la salud, incluyendo PubMed/MEDLINE, CINAHL (enfermería), Cochrane Library, Scopus y EMBASE
Estas fuentes se eligieron por su especialización temática, lo que garantiza una selección exhaustiva. Además, se exploraron otras fuentes de evidencia (guías clínicas). La estrategia combinó términos de búsqueda controlados (MeSH y DeCs) con vocabulario libre, integrando sinónimos en español e inglés.
Se agruparon los descriptores unidas con operadores booleanos:
“Diabetes Mellitus Tipo 2”, “Type 2 Diabetes Mellitus”, “adherencia terapéutica”, “cumplimiento del tratamiento”, “treatment adherence”, “medication adherence”. “enfermería”, “nurse-led intervention”, “nursing care”, “educación en salud” o “counseling”.
Dentro de cada concepto se usó el operador lógico OR para incluir sinónimos, y AND para combinar los conceptos principales, siguiendo prácticas recomendadas.
Esta construcción asegura recuperar artículos que contengan todos los componentes de la pregunta. Adicionalmente, se aplicaron filtros por fecha (solo estudios publicados desde 2020 hasta la actualidad) y por idioma (castellano o inglés) para garantizar la actualidad y pertinencia de la evidencia.
Igualmente, se restringió a estudios con diseño de interés (ensayos clínicos aleatorizados, cuasi-experimentales y revisiones sistemáticas), de modo que la búsqueda fuera lo más específica posible.
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Criterio |
Inclusión |
Exclusión |
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Población |
Adultos (≥18 años) con diagnóstico de diabetes mellitus tipo 2. |
Pacientes pediátricos, con diabetes gestacional o diabetes tipo 1. |
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Intervención |
Intervenciones lideradas por enfermería orientadas a mejorar la adherencia terapéutica. |
Intervenciones sin participación clara de enfermería o en las que su rol sea accesorio o no se especifique. |
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Comparador |
Cuidado habitual u otra intervención alternativa (por ejemplo, intervención médica estándar). |
Estudios sin grupo comparador o con comparaciones no relevantes. |
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Resultado |
Medición explícita de adherencia terapéutica mediante instrumentos validados; resultados clínicos secundarios asociados (HbA1c, complicaciones, hospitalizaciones). |
Estudios que no midan adherencia ni incluyan resultados relacionados; estudios centrados exclusivamente en conocimientos o actitudes sin evaluar adherencia. |
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Diseño del estudio |
Ensayos clínicos controlados (aleatorizados o no), revisiones sistemáticas. |
Estudios observacionales, cualitativos, series de casos, protocolos, editoriales. |
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Idioma |
Español o inglés. |
Idiomas distintos al español o inglés. |
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Fecha de publicación |
Desde el 1 de enero de 2020 hasta la fecha de cierre de búsqueda. |
Estudios publicados antes de 2020. |
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Acceso al texto completo |
Estudios con acceso completo al texto (disponibles en bases de datos académicas o repositorios institucionales). |
Estudios sin disponibilidad de texto completo. |
Tabla 1: Criterios de inclusión y exclusión
El proceso de selección siguió el esquema PRISMA de forma adaptada. En primer lugar, se reunieron los resultados de todas las búsquedas y se eliminaron los duplicados. A continuación, dos revisores independientes examinaron por separado los títulos y resúmenes restantes, aplicando los criterios de inclusión/exclusión; si un registro parecía relevante, se procedió a recuperar el texto completo. Posteriormente, se evaluaron los textos completos para confirmar su elegibilidad. Las discrepancias entre revisores en cualquiera de las fases se resolvieron mediante discusión o la intervención de un tercer revisor. Este procedimiento de cribado en dos etapas (resúmenes y texto completo) es estándar en revisiones sistemáticas y minimiza el sesgo de selección.
De cada estudio incluido se extrajeron de manera estructurada los siguientes datos clave: Autores, año, país, diseño del estudio, tamaño muestral, características demográficas de los participantes, descripción detallada de la intervención de enfermería (tipo, duración, frecuencia) y del comparador, instrumento utilizado para medir la adherencia (escala de Morisky, DAHQS), periodo de seguimiento, y resultados principales (porcentaje de pacientes adherentes, diferencias pre-post, medidas de efecto con intervalo de confianza). Estos datos se registraron en una plantilla de extracción predefinida para asegurar la consistencia entre revisores. El análisis de datos se enfocó en la síntesis descriptiva de los hallazgos. Se organizó la información tabularmente por estudio, comparando las intervenciones y los resultados de adherencia obtenidos. Las variables de interés incluyeron, principalmente, las medidas cuantitativas de adherencia terapéutica y sus cambios en los grupos intervención vs. control. También se consideraron variables clínicas secundarias (HbA1c, complicaciones) y de proceso (satisfacción, hospitalizaciones). Cuando los estudios fueron suficientemente homogéneos en población, intervención y medición de resultados, se contempló la posibilidad de realizar un metaanálisis para estimar un efecto combinado (usando riesgo relativo, odds ratio u otra medida apropiada, con modelo de efectos fijos o aleatorios según heterogeneidad). En caso de heterogeneidad alta o datos escasos, se realizó una síntesis narrativa estructurada.
En todo caso, se procuró emplear métodos estadísticos y cualitativos consistentes para resumir las tendencias de adherencia observadas, siguiendo recomendaciones metodológicas generales.
La calidad de cada estudio incluido se valoró críticamente mediante las listas de verificación del programa CASPe (Critical Appraisal Skills Programme en español).
En concreto, para los ensayos clínicos se utilizó la guía CASPe de 11 preguntas, que evalúa aspectos de validez interna (aleatorización, ocultamiento de asignación, enmascaramiento, pérdidas, etc.), resultados y aplicabilidad. Para las revisiones sistemáticas incluidas se aplicó el cuestionario CASPe específico de 10 preguntas para revisiones, que indaga sobre la exhaustividad de la búsqueda, evaluación del sesgo de los estudios primarios y precisión de los resultados. Si se hubieran encontrado estudios de otro diseño (p. ej. cualitativos) relevantes, se habrían empleado los checklists CASPe correspondientes
Dos revisores independientemente completaron la evaluación CASPe para cada estudio, discutiendo discrepancias y llegando a un consenso. Cada estudio recibió una calificación de calidad metodológica (alta, moderada o baja) basada en las respuestas al checklist. Esta valoración se usó para ponderar la fuerza de la evidencia en el análisis global: Estudios de baja calidad se consideraron con cautela al interpretar resultados. No se excluyeron artículos únicamente por calidad, sino que se integraron sus hallazgos dentro del contexto de su nivel de evidencia. El uso sistemático de CASPe garantiza que se valoren críticamente la validez y aplicabilidad de los resultados incluidos, coherente con prácticas de lecturas críticas en investigación de enfermería. Fuentes: La metodología descrita se basó en guías de PRISMA y ejemplos de revisiones previas en adherencia y enfermería así como en normas internacionales para búsquedas bibliográficas sistemáticas, adaptadas al objetivo del estudio. Los criterios temporales, de idioma y diseño fueron justificados para mantener la rigurosidad y actualidad científica de la revisión.
Clasificación por Calidad Metodológica (CASPe)
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Calidad |
N.º de estudios |
Características principales |
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Alta (≥8/10) |
15 |
Aleatorización clara, enmascaramiento, análisis por intención de tratar (ITT), instrumentos validados, tamaño muestral adecuado. |
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Moderada (5–7) |
18 |
Limitaciones en enmascaramiento o ITT, pero con instrumentos válidos y resultados clínicos relevantes. |
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Baja (≤4) |
7 |
Sin cálculo de potencia, alta tasa de abandono, instrumentos no validados. |
Total de estudios incluidos: 40 (30 ECA + 10 revisiones sistemáticas)
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Tipo de Intervención |
N° Estudios |
% del total |
Calidad predominante |
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Educación individual |
12 |
30% |
Alta, Moderada |
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Tele-enfermería |
10 |
25% |
Moderada, Alta |
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Apps móviles + monitorización |
8 |
20% |
Moderada, Baja |
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Programas grupales |
6 |
15% |
Alta, Moderada |
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Counselling motivacional |
4 |
10% |
Alta, Moderada |
Distribución de Estudios por Tipo de Intervención
Los estudios incluidos en esta revisión comprenden ensayos clínicos aleatorizados (ECA) y revisiones sistemáticas recientes, con un periodo de publicación entre 2020 y 2025, enfocados en intervenciones realizadas por personal de enfermería para mejorar la adherencia en pacientes con diabetes mellitus tipo 2.
La mayoría de las investigaciones se llevaron a cabo en España, con participantes reclutados tanto en entornos de atención primaria como hospitalaria, lo que refleja la diversidad de contextos asistenciales donde se implementan estas intervenciones.
Por ejemplo, De la Fuente-Coria et al. condujeron un ensayo clínico aleatorizado en Andalucía con una muestra de 236 pacientes con una edad media de 65 años, comparando un programa educativo intensivo dirigido por enfermería con la atención estándar habitual.
Otro estudio relevante es el de Bóveda Fontán et al., que aleatorizó a 384 pacientes con diabetes tipo 2 y comorbilidad depresiva para evaluar la eficacia de un seguimiento telefónico basado en técnicas de entrevista motivacional. Asimismo, Company-Bezares F. analizaron la efectividad del envío de mensajes SMS personalizados durante 12 semanas, reportando resultados alentadores en la mejora de la adherencia terapéutica.
Estas investigaciones reflejan una tendencia creciente hacia intervenciones multimodales e innovadoras, que combinan educación, apoyo motivacional y tecnologías digitales, adaptadas a las características específicas de los pacientes y sus contextos.
El estudio llevado a cabo por De la Fuente-Coria et al. evidenció que un programa educativo individual compuesto por seis sesiones, complementado con refuerzos dirigidos a la familia, consiguió que el 35,2% de los pacientes alcanzara una hemoglobina glucosilada (HbA1c) por debajo del 7%, en contraste con un 24,7% en el grupo control (p < 0,003). Además de la mejora en el control glucémico, este programa mostró beneficios sostenidos en los perfiles lipídicos y en la presión arterial, reflejando un impacto integral sobre factores de riesgo cardiovascular.
Por otra parte, Aríztegui Echenique et al. realizaron una revisión sistemática centrada en la efectividad de intervenciones de enfermería en la diabetes mellitus tipo 2. Sus conclusiones subrayaron que los programas estructurados de educación para la salud y las orientaciones en autocuidados contribuyen significativamente a mejorar tanto la adherencia terapéutica como el control glucémico. Estos efectos positivos fueron particularmente evidentes en entornos comunitarios y en atención primaria, donde la cercanía y continuidad del seguimiento favorecen la consolidación de hábitos saludables y el empoderamiento del paciente.
Estas evidencias refuerzan la importancia de diseñar e implementar intervenciones educativas estructuradas, individualizadas y contextualizadas, que involucren a pacientes y sus familias como agentes activos en el manejo de la DM2, optimizando así los resultados clínicos y mejorando la calidad de vida.
Bóveda Fontán et al. llevaron a cabo una revisión centrada en la aplicación de la entrevista motivacional en el ámbito de la atención primaria, concluyendo que esta metodología, al potenciar la autonomía y la autoeficacia del paciente, resulta efectiva para mejorar la adherencia terapéutica en patologías crónicas como la diabetes mellitus tipo 2.
Esta técnica de comunicación se basa en un abordaje colaborativo, donde el profesional de enfermería facilita la exploración de ambivalencias, fortalece la motivación intrínseca y promueve el compromiso con los cambios necesarios para el manejo efectivo de la enfermedad. La entrevista motivacional, aplicada tanto en consultas presenciales como mediante seguimiento telefónico, ha demostrado mejorar no solo el cumplimiento farmacológico, sino también la adopción de hábitos saludables y la participación activa del paciente en su autocuidado.
La evidencia apoya firmemente la incorporación de estas técnicas en la práctica enfermera, debido a su capacidad para establecer una relación terapéutica centrada en el paciente, basada en la empatía, el respeto y la escucha activa. Esto favorece el empoderamiento personal, reduce la resistencia al cambio y contribuye a resultados clínicos y psicosociales más favorables.
Integrar la entrevista motivacional y otras estrategias comunicativas efectivas en los protocolos de atención constituye una herramienta imprescindible para optimizar la adherencia terapéutica en pacientes con diabetes tipo 2, consolidando así el papel fundamental de la enfermería en la gestión integral de esta enfermedad crónica.
González-Ruiz et al. realizaron un análisis sobre la efectividad de las tecnologías de la información y comunicación (TIC) en pacientes con diabetes e hipertensión, destacando que las intervenciones basadas en el seguimiento telefónico, el envío de mensajes recordatorios y la educación digital intensificada se asocian con mejoras significativas en la adherencia al tratamiento y en el control clínico de la enfermedad.
Estas estrategias, implementadas desde el ámbito de enfermería, no solo demostraron ser efectivas sino también rentables, lo que facilita su integración en la atención primaria.
Diversas revisiones sistemáticas apoyan el uso del seguimiento telefónico en DM2, mostrando que este método puede lograr resultados equivalentes al seguimiento presencial en términos de control glucémico, además de reducir costos indirectos y aumentar la satisfacción del paciente. La telemedicina y las intervenciones digitales permiten adaptar la educación y el soporte a las necesidades individuales, favoreciendo un autocuidado más efectivo y una mayor implicación del paciente en su tratamiento.
No obstante, la implementación de estas tecnologías requiere considerar factores como la accesibilidad, la alfabetización digital, y la personalización de las intervenciones para asegurar que sean eficaces para distintos perfiles de pacientes y contextos. En este sentido, el rol de enfermería es crucial para diseñar, ejecutar y evaluar estas estrategias, garantizando su adecuada adaptación y sostenibilidad.
La revisión reciente sobre estrategias de mHealth resaltó el potencial que tienen las aplicaciones móviles, los mensajes de texto personalizados y las plataformas digitales de seguimiento para mejorar la adherencia farmacológica en personas con diabetes mellitus tipo 2. Estas herramientas se muestran más efectivas cuando se combinan con la educación sanitaria proporcionada por el personal de enfermería, lo que refuerza el conocimiento, la motivación y el autocuidado del paciente.
El uso de aplicaciones móviles adaptadas permite al paciente registrar parámetros clave como niveles de glucemia, pautas de medicación, dieta y actividad física, facilitando un control integral y personalizado. Algunos estudios han demostrado que, cuando estas apps incluyen recordatorios programables y contenido educativo relevante, pueden favorecer cambios sostenibles en el comportamiento y un mejor cumplimiento terapéutico. Además, la integración de las tecnologías digitales en la práctica enfermera permite un seguimiento activo y continuo, aspecto fundamental para el éxito a largo plazo.
No obstante, la efectividad de estas intervenciones depende en gran medida de la personalización de los protocolos, la accesibilidad para diferentes perfiles de pacientes y el acompañamiento profesional que garantice la comprensión y uso adecuado de la tecnología. Por ello, es imprescindible establecer un seguimiento activo que incluya retroalimentación y ajuste continuo para mantener la adherencia y los beneficios clínicos.
En suma, las aplicaciones móviles y las tecnologías digitales constituyen una herramienta prometedora en la mejora de la adherencia terapéutica en DM2, siempre que se integren con estrategias educativas enfermeras personalizadas y con un acompañamiento adecuado, asegurando resultados sostenibles en la gestión de esta enfermedad crónica.
En España, un ensayo clínico controlado tipo cohorte realizado en atención primaria incluyó a 100 pacientes con diabetes mellitus tipo 2, quienes participaron en un programa estructurado de autogestión durante 12 semanas. Este programa combinó sesiones educativas con la aplicación de escalas validadas como la Diabetes Self- Management Questionnaire (DSMQ), la Diabetes Empowerment Scale (DES) y la Patient Activation Measure (PAM).
Tras completar la intervención, se observaron mejoras estadísticamente significativas en las puntuaciones de la DSMQ (p < 0.001) y la DES (p = 0.001), indicadores que reflejan un mejor manejo activo de la diabetes y un mayor empoderamiento del paciente. Asimismo, el porcentaje de participantes clasificados en un nivel alto de activación (PAM ≥ 4) aumentó significativamente, pasando de 30 a 50 pacientes (p = 0.016).
Estos resultados evidencian que los programas integrales de autogestión y empoderamiento impulsados desde enfermería no solo potencian la adherencia terapéutica, sino que también fortalecen la activación y autonomía del paciente en el control de su enfermedad.
Este enfoque educativo y de apoyo, centrado en capacitar al paciente para manejar activamente su diabetes, es fundamental para mejorar los resultados clínicos y la calidad de vida, al fomentar una participación más activa, toma de decisiones informadas y adopción de comportamientos saludables de forma sostenible.
Un estudio experimental aleatorizado realizado en España con 60 cuidadores familiares evaluó la eficacia de un programa de empoderamiento que constó de 10 sesiones educativas y tutorías. Después de 12 semanas, el grupo de intervención mostró mejoras significativas en diversas áreas claves para el soporte al paciente con diabetes mellitus tipo 2.
Específicamente, los cuidadores incrementaron su capacidad para orientar y apoyar en aspectos fundamentales del manejo de la enfermedad, tales como la supervisión de la dieta (t = 4.07; p < 0.001), la promoción de la actividad física (t = 9.49; p < 0.001), el cumplimiento del régimen farmacológico (t = 4.02; p < 0.001), la automonitorización de la glucosa (t = 2.79; p < 0.001) y el cuidado adecuado de los pies (t = 6.84; p < 0.001).
Estos resultados demuestran que los modelos de intervención dirigidos a los familiares y cuidadores, mediante el empoderamiento y la capacitación estructurada, pueden amplificar significativamente la adherencia del paciente al tratamiento. Al fortalecer el entorno de apoyo, se fomenta un acompañamiento más efectivo, que contribuye a mejorar el control metabólico y prevenir complicaciones.
La implicación activa de las familias y comunidades, mediante estrategias educacionales y de tutoría, se configura como un componente esencial en el abordaje integral y sostenible de la diabetes tipo 2, subrayando la necesidad de incluir a los cuidadores en los programas de intervención para maximizar los beneficios terapéuticos.
Un ensayo clínico aleatorizado reciente realizado en Reino Unido evaluó una intervención multifacética centrada en pacientes con diabetes mellitus tipo 2, que combinaba coaching enfermero holístico, educación grupal estructurada y apoyo telefónico continuado. Este enfoque integrado demostró mejoras significativas en el autocontrol glucémico y en la autoeficacia percibida por los pacientes, mostrando que una combinación de estrategias educativas, motivacionales y tecnológicas potencia los resultados clínicos y conductuales.
En España, estudios de telenfermería también han evidenciado que un seguimiento intensivo mediante llamadas telefónicas reduce de forma significativa los niveles de hemoglobina glucosilada (HbA1c) —con una reducción observada de hasta un 1,2% (p = 0.001)— y mejora la adherencia terapéutica en comparación con la atención habitual. Estos resultados reafirman el valor de integrar múltiples componentes de intervención para abordar las diversas dimensiones de la diabetes tipo 2, optimizando tanto el control metabólico como el compromiso del paciente con su tratamiento.
La evidencia acumulada confirma que las intervenciones multifacéticas diseñadas para coordinadamente abordar la educación, la motivación y el soporte tecnológico brindan resultados superiores a los enfoques unidimensionales, potenciando la eficacia de la intervención enfermera en el manejo integral y sostenido de la DM2.
La evaluación comparativa de las intervenciones enfermeras dirigidas a mejorar la adherencia terapéutica en pacientes con diabetes tipo 2 permite identificar no solo las estrategias más eficaces, sino también comprender la complejidad del comportamiento terapéutico y su multidimensionalidad. A lo largo del análisis realizado, se evidencia que las intervenciones no responden a una única fórmula exitosa, sino que su impacto depende en gran medida del contexto en el que se aplican, de las características del paciente y del modo en que el profesional de enfermería interactúa y se vincula con la persona atendida.
En líneas generales, se ha podido observar que las intervenciones centradas en la educación del paciente muestran resultados positivos de forma consistente. Estas estrategias, que habitualmente incluyen sesiones informativas, talleres grupales y asesoramiento individualizado, tienen como objetivo empoderar al paciente para que comprenda mejor su enfermedad, los objetivos del tratamiento y la importancia de una adherencia estricta a las pautas prescritas. Su efectividad se ha justificado en el hecho de que, al proporcionar conocimiento y comprensión, se reduce la incertidumbre y se fortalece la capacidad del individuo para tomar decisiones informadas.
No obstante, la simple transferencia de información no garantiza el cambio de conducta. Por ello, algunas intervenciones han ido un paso más allá, incorporando elementos motivacionales y psicológicos, como ocurre con el coaching sanitario. Esta modalidad, basada en el acompañamiento personalizado y en la identificación de barreras individuales para la adherencia, ha demostrado ser especialmente útil en pacientes con trayectorias previas de baja adherencia o con escasa autoeficacia percibida. A través del coaching, la enfermería establece una alianza terapéutica sólida, basada en la confianza y en el respeto a los ritmos individuales de cambio, lo que permite alcanzar progresivamente mayores niveles de implicación por parte del paciente.
Otra modalidad de intervención con resultados favorables ha sido la relacionada con el seguimiento telefónico o telemático. En un contexto sanitario cada vez más digitalizado, las llamadas periódicas realizadas por personal de enfermería para revisar el cumplimiento del tratamiento, resolver dudas o simplemente reforzar los mensajes educativos, han resultado ser herramientas accesibles y eficaces. Esta forma de intervención tiene como ventaja principal su flexibilidad y bajo coste, al tiempo que permite mantener un contacto continuo sin necesidad de desplazamientos ni interrupciones significativas en la rutina del paciente.
La comparación entre estas modalidades pone de manifiesto que, aunque todas ellas aportan valor en términos de mejora de la adherencia, su efectividad varía en función del perfil del paciente y del entorno asistencial. Por ejemplo, las intervenciones educativas estructuradas han mostrado mayor impacto en pacientes con niveles bajos de conocimiento previo sobre la enfermedad, mientras que las estrategias motivacionales parecen ser más útiles en quienes, conociendo su tratamiento, presentan dificultades para mantenerlo en el tiempo. En este sentido, cabe destacar que la adherencia no es solo una cuestión de comprensión racional, sino también de voluntad sostenida, motivación interna y apoyo externo.
Desde esta perspectiva, aquellas intervenciones que combinan varios enfoques — educación, motivación y seguimiento— suelen ser las más exitosas. Este abordaje multidimensional permite actuar sobre distintos determinantes de la adherencia, como la comprensión cognitiva, el compromiso emocional y la estructura del entorno. Cuando el paciente es acompañado de forma integral y sostenida en el tiempo, con un enfoque empático y adaptado a sus necesidades, es más probable que internalice la importancia del tratamiento y lo mantenga como parte de su rutina diaria.
Sin embargo, también se ha evidenciado que la intensidad y duración de las intervenciones influyen de manera significativa en sus resultados. Las estrategias puntuales, basadas en sesiones únicas o intervenciones aisladas, tienden a generar mejoras temporales pero no sostenibles. En cambio, los programas prolongados, que incluyen fases de refuerzo periódico y revisión continua, permiten consolidar los cambios y prevenir recaídas. En este punto, el papel del profesional de enfermería como figura de referencia se torna crucial, ya que su presencia constante actúa como recordatorio del compromiso terapéutico y como facilitador del proceso de cambio.
Otro aspecto relevante en la comparación de efectividad es el grado de personalización de las intervenciones. Las estrategias genéricas, aunque logran impactos poblacionales, pueden perder efectividad en individuos con necesidades específicas o barreras particulares. Por ello, aquellas intervenciones que se adaptan al contexto sociocultural, al nivel de alfabetización en salud y a las preferencias del paciente, tienden a ser más eficaces. Esta individualización del cuidado enfermero es un componente clave del enfoque centrado en la persona, que reconoce la singularidad de cada paciente y diseña respuestas acordes a su realidad.
Asimismo, en la revisión realizada se ha podido constatar que los resultados de las intervenciones son más sólidos cuando se integran en el marco de programas multidisciplinares, donde enfermería actúa en colaboración con otros profesionales sanitarios. En estos contextos, el paciente recibe una atención más coordinada y coherente, lo que refuerza la importancia del tratamiento y reduce la posibilidad de recibir mensajes contradictorios. La actuación conjunta de médicos, farmacéuticos, psicólogos y enfermeros genera sinergias que potencian la adherencia, especialmente en pacientes con múltiples comorbilidades.
Finalmente, cabe destacar que la tecnología ha emergido como un aliado prometedor en el ámbito de las intervenciones enfermeras. La incorporación de aplicaciones móviles, plataformas de seguimiento remoto y herramientas interactivas ha abierto nuevas posibilidades para mejorar la adherencia, especialmente entre los pacientes más jóvenes y con mayor familiaridad con el entorno digital. Sin embargo, esta modalidad también plantea desafíos, como la brecha digital y la necesidad de competencias tecnológicas tanto en pacientes como en profesionales, aspectos que serán abordados en apartados posteriores.
Analizar los factores que condicionan el éxito de las intervenciones enfermeras destinadas a mejorar la adherencia terapéutica en pacientes con diabetes mellitus tipo 2 (DM2) implica desentrañar una red compleja de variables interrelacionadas que abarcan desde lo individual hasta lo sistémico. A diferencia de las intervenciones clínicas estandarizadas, cuyo éxito puede medirse únicamente por parámetros biomédicos, las intervenciones dirigidas a modificar conductas —como es el caso de la adherencia— requieren una aproximación integral que considere los contextos personales, sociales, culturales y estructurales del paciente. A continuación, se desarrollan los principales factores que determinan la efectividad de estas estrategias, clasificados en cinco grandes dimensiones: Relacionales, estructurales, motivacionales, culturales y tecnológicas.
Diversos estudios coinciden en señalar que el establecimiento de una relación terapéutica sólida, empática y continua entre el profesional de enfermería y el paciente es uno de los factores más influyentes en el éxito de cualquier intervención orientada a mejorar la adherencia. Esta relación va más allá del cumplimiento de un protocolo; implica generar un espacio de confianza donde el paciente pueda expresar sus dudas, temores, creencias y dificultades sin ser juzgado
La adherencia es un proceso que requiere acompañamiento emocional, especialmente cuando el paciente se enfrenta al diagnóstico de una enfermedad crónica como la diabetes, que implica cambios profundos en su estilo de vida. Cuando la enfermera es percibida como una aliada —y no como una figura autoritaria—, se incrementa la disposición del paciente a comprometerse con el tratamiento y a mantener una comunicación abierta.
La continuidad asistencial también refuerza este vínculo. Los programas que garantizan la presencia de un mismo profesional a lo largo del seguimiento logran tasas significativamente mayores de cumplimiento terapéutico, como lo han demostrado estudios de seguimiento telefónico y programas de coaching enfermero
Otro conjunto de factores clave tiene que ver con el diseño estructural de la intervención. Las estrategias que se implementan de manera puntual, con una o dos sesiones aisladas, tienen un impacto limitado en el cambio de comportamiento. En cambio, los programas que ofrecen seguimiento continuado, refuerzo periódico y adaptaciones progresivas logran efectos más duraderos y profundos.
En este sentido, se ha observado que la frecuencia y la duración del programa influyen directamente en su eficacia. Las intervenciones que superan las 8 semanas de seguimiento muestran una mayor reducción en la HbA1c y un incremento más sostenido de la adherencia, especialmente si se complementan con llamadas de seguimiento, mensajes recordatorios o sesiones grupales.
Asimismo, el método pedagógico empleado también determina la efectividad. La educación tradicional basada en la transmisión vertical de información tiene un alcance limitado frente a metodologías participativas, como el aprendizaje basado en problemas, las dinámicas grupales o las sesiones interactivas. Estas últimas fomentan el pensamiento crítico, el intercambio de experiencias y la resolución colaborativa de obstáculos reales del día a día.
Un tercer conjunto de factores se relaciona con el nivel de motivación y activación del paciente, entendido como el grado en que la persona está dispuesta, capacitada y empoderada para participar activamente en el manejo de su enfermedad. Este concepto, operacionalizado a través de herramientas como el Patient Activation Measure (PAM) o la Diabetes Empowerment Scale (DES), se ha revelado como uno de los mejores predictores de adherencia terapéutica sostenida.
Pacientes con alto nivel de activación no solo comprenden mejor su tratamiento, sino que también internalizan el sentido de responsabilidad compartida con el sistema sanitario, toman decisiones informadas, planifican su autocuidado, buscan activamente apoyo y persisten ante las dificultades. Por tanto, las intervenciones que priorizan el empoderamiento, la toma de decisiones compartidas y el establecimiento de metas personalizadas muestran una efectividad significativamente superior a las que se centran exclusivamente en la información técnica.
Entre las estrategias más efectivas para incrementar esta activación se encuentran:
El grado de éxito de una intervención también depende de su capacidad de adaptarse a las características individuales, sociales y culturales del paciente. Este principio, conocido como "adecuación cultural", adquiere especial relevancia en poblaciones migrantes, grupos vulnerables o pacientes con bajo nivel educativo.
Las recomendaciones dietéticas, por ejemplo, deben tener en cuenta los hábitos alimentarios locales, las posibilidades económicas, las creencias religiosas y las costumbres familiares. De lo contrario, es probable que el paciente perciba el tratamiento como inviable o incompatible con su realidad cotidiana. Lo mismo ocurre con el lenguaje empleado durante las sesiones: Un exceso de tecnicismos o una baja sensibilidad comunicativa puede crear una barrera insalvable.
Por tanto, las intervenciones exitosas son aquellas que:
En la última década, las tecnologías digitales han emergido como una herramienta clave en el diseño de intervenciones enfermeras. Sin embargo, su éxito depende de varios elementos: El diseño centrado en el usuario, la usabilidad, la frecuencia de interacción y el acompañamiento profesional. Aplicaciones que requieren habilidades complejas o que resultan poco intuitivas tienden a ser abandonadas, mientras que aquellas que integran funciones prácticas —como registro de glucemias, alarmas para la toma de medicación y mensajes motivacionales— muestran mejores tasas de uso continuado.
No obstante, existe una brecha digital significativa en ciertas poblaciones, especialmente adultos mayores, personas con bajo nivel educativo o en zonas rurales. El éxito de las intervenciones digitales depende entonces de que se combinen con apoyo humano, como el seguimiento telefónico por parte de enfermería o la formación previa en el uso de la tecnología.
Finalmente, el contexto institucional y organizativo donde se implementa la intervención influye decisivamente en su viabilidad y sostenibilidad. Elementos como:
Toda esta asociación de factores condiciona que una estrategia pase del diseño teórico a la práctica efectiva. Instituciones que integran la adherencia como indicador de calidad, y que cuentan con protocolos estandarizados y recursos específicos para su abordaje, obtienen mejores resultados tanto clínicos como organizativos.
El análisis riguroso de las limitaciones metodológicas, contextuales y epistemológicas de los estudios incluidos en esta revisión resulta fundamental para interpretar correctamente los hallazgos sobre la efectividad de las intervenciones enfermeras en la adherencia terapéutica de personas con diabetes tipo 2 (DM2).
Reconocer estas limitaciones no implica invalidar los resultados obtenidos, sino situarlos en un marco de prudencia científica que permita orientar futuras líneas de investigación con mayor precisión, reducir el sesgo en la toma de decisiones clínicas y contribuir al desarrollo de intervenciones más robustas y contextualizadas.
Las limitaciones identificadas pueden agruparse en seis grandes bloques: Diseño metodológico, tamaño y características de las muestras, heterogeneidad de las intervenciones, limitaciones en la medición de la adherencia, seguimiento a corto plazo y sesgos de publicación y localización. Cada uno de estos factores influye de forma directa en la validez interna, externa y ecológica de los estudios analizados.
Una de las principales debilidades detectadas en los estudios incluidos es la variabilidad en la calidad metodológica. Aunque la mayoría corresponde a ensayos clínicos aleatorizados (ECA), considerados el estándar de oro en evaluación de intervenciones, no todos cumplen con los criterios de rigurosidad establecidos por los sistemas de lectura crítica como CASPe. En varios casos se observaron carencias en aspectos clave como:
Este conjunto de deficiencias metodológicas limita la validez interna de los estudios y, por ende, la solidez de las conclusiones.
Otra limitación común en la literatura revisada es el tamaño reducido de las muestras, especialmente en los estudios de diseño cuasi-experimental y algunos ensayos clínicos desarrollados en contextos locales. En ciertos casos, las muestras estaban compuestas por menos de 100 participantes, lo cual reduce el poder estadístico y la capacidad para detectar diferencias clínicamente significativas, además de incrementar el riesgo de error tipo II (falsos negativos).
A esto se suma la falta de representatividad de las poblaciones estudiadas. Muchos trabajos se centraron en un único centro de salud, área geográfica o grupo socioeconómico, lo que restringe la generalización de los resultados a poblaciones más diversas. Por ejemplo, no se incluyeron en todos los estudios personas mayores de 80 años, migrantes, personas con bajo nivel educativo o con trastornos cognitivos, todos ellos grupos especialmente vulnerables en términos de adherencia.
En consecuencia, la validez externa de las intervenciones descritas queda limitada, ya que su aplicabilidad a otros entornos o poblaciones requiere una evaluación previa del contexto local.
Una de las mayores dificultades para la comparación entre estudios radica en la alta heterogeneidad de las intervenciones. No existe una tipología estandarizada de intervención enfermera para mejorar la adherencia, lo que conduce a una gran variabilidad en términos de:
Esta falta de homogeneidad dificulta la realización de metaanálisis robustos y limita la capacidad de extraer conclusiones generalizables sobre qué elementos específicos son responsables del éxito de la intervención. La combinación de múltiples componentes en las estrategias multifacéticas, aunque efectiva, complica la identificación de cuáles son los factores realmente diferenciales en la mejora de la adherencia.
Otra limitación importante es la variabilidad en los instrumentos utilizados para medir la adherencia, así como la falta de estandarización en los criterios de éxito. Se identificaron distintas formas de evaluación, entre las que se incluyen:
Además, algunos estudios no especifican si utilizaron escalas validadas ni reportan los valores de sensibilidad y especificidad de los instrumentos empleados. Esto dificulta la comparabilidad de los resultados y plantea interrogantes sobre la validez de las conclusiones, ya que no todos los cambios observados en los parámetros clínicos pueden atribuirse directamente a mejoras en la adherencia.
Una de las críticas más recurrentes en los estudios sobre adherencia es la falta de seguimiento a largo plazo. La mayoría de las intervenciones evaluadas contemplan periodos de seguimiento de entre 3 y 6 meses, con escasos estudios que superen los 12 meses. Esto es especialmente problemático, dado que la adherencia terapéutica es un comportamiento que tiende a disminuir con el tiempo, especialmente en enfermedades crónicas como la DM2, donde el paciente debe mantener hábitos sostenidos durante años.
Por tanto, las mejoras observadas a corto plazo podrían no reflejar cambios conductuales duraderos. La ausencia de evaluación a medio y largo plazo impide determinar si las intervenciones generan verdaderos cambios en el estilo de vida del paciente o si su efecto se disipa una vez finalizado el programa.
Futuras investigaciones deben abordar este vacío mediante diseños longitudinales con múltiples puntos de seguimiento, lo que permitiría analizar tanto la persistencia del cambio como los factores que lo favorecen o lo debilitan.
Finalmente, también deben considerarse limitaciones derivadas del proceso de búsqueda y selección bibliográfica. La revisión se limitó a artículos publicados entre 2020 y 2025, en inglés o español, y disponibles en texto completo. Esto excluye estudios potencialmente relevantes en otros idiomas o en bases de datos menos accesibles.
Además, existe el conocido sesgo de publicación, por el cual los estudios con resultados positivos tienen mayor probabilidad de ser publicados que aquellos con resultados negativos o neutros. Esto puede generar una sobreestimación del efecto
real de las intervenciones, al quedar infrarepresentadas aquellas que no lograron mejoras significativas.
A ello se suma el sesgo geográfico, ya que muchos estudios se realizaron en Europa Occidental o países con sistemas sanitarios estructurados. No se incluyen en su mayoría poblaciones rurales de África, Asia o América Latina, donde las condiciones socioculturales, económicas y sanitarias son muy diferentes, lo que limita aún más la generalización global de los hallazgos.
La revisión sistemática de la evidencia sobre intervenciones enfermeras orientadas a mejorar la adherencia terapéutica en pacientes con diabetes mellitus tipo 2 no solo permite extraer conclusiones científicas, sino que también genera orientaciones concretas que impactan directamente en la práctica clínica diaria del profesional de enfermería. Estas implicaciones abarcan desde el rediseño de estrategias educativas y comunicativas, hasta la integración de nuevas tecnologías, la reorganización del tiempo asistencial y la promoción del rol enfermero como agente de salud de primer orden.
Esta sección expone, por tanto, las acciones prioritarias y recomendaciones prácticas derivadas del análisis realizado, estructuradas en seis ejes: Fortalecimiento del rol educador, enfoque motivacional y centrado en la persona, implementación tecnológica, trabajo interdisciplinar, reorganización institucional y formación continua.
Una de las primeras implicaciones que emergen con claridad es la necesidad de reforzar el rol de la enfermería como educadora sanitaria, especialmente en el ámbito de la cronicidad. Los resultados muestran que la educación estructurada, personalizada y adaptada al nivel sociocultural del paciente constituye una de las herramientas más eficaces para mejorar la adherencia al tratamiento.
Este proceso educativo no debe entenderse como una actividad puntual, sino como un proceso continuo, evolutivo y bidireccional, que se adapte a las diferentes fases del paciente: Diagnóstico inicial, instauración del tratamiento, aparición de complicaciones o cambios en el régimen terapéutico. La enfermera debe ser capaz de identificar las necesidades formativas del paciente y planificar una intervención educativa que incluya:
Conocimiento de la fisiopatología de la DM2 y sus consecuencias.
La educación individualizada y culturalmente competente, con un lenguaje comprensible, materiales visuales y participación activa del paciente, debe convertirse en estándar en las consultas enfermeras de atención primaria y especializada.
Más allá del conocimiento, la adherencia terapéutica requiere motivación sostenida, autoeficacia y compromiso emocional. Por ello, se hace imprescindible que el profesional de enfermería integre en su práctica cotidiana estrategias de comunicación motivacional, como:
Este enfoque requiere una actitud no directiva, respetuosa, colaborativa y centrada en el paciente, lo que supone un cambio profundo en el estilo comunicativo tradicional, que muchas veces ha sido paternalista o centrado en el cumplimiento normativo.
Además, implica reconocer y valorar las diferencias individuales en la forma de enfrentar la enfermedad: No todos los pacientes están en el mismo estadio de preparación al cambio (modelo de Prochaska y DiClemente), ni tienen las mismas prioridades, capacidades ni recursos. La enfermería debe ejercer un cuidado flexible y adaptado, evitando juicios o estandarizaciones excesivas.
Una de las transformaciones más significativas en los últimos años ha sido el uso creciente de tecnologías digitales en la práctica enfermera. La pandemia de COVID- 19 aceleró la implementación de plataformas de teleconsulta, aplicaciones móviles,
programas de mensajería y herramientas de telemonitorización.
Las implicaciones prácticas son claras: El personal de enfermería debe adquirir competencias tecnológicas que le permitan:
Sin embargo, esta incorporación debe ser crítica y reflexiva. No toda tecnología es eficaz per se, ni sustituye la relación humana. Se deben evitar soluciones genéricas, masificadas o sin seguimiento, que corren el riesgo de generar frustración o abandono. La clave está en utilizar la tecnología como herramienta complementaria, no como fin en sí misma, y siempre bajo la guía activa de un profesional.
El abordaje de la adherencia terapéutica en DM2 trasciende el ámbito exclusivo de la enfermería, y requiere una colaboración efectiva con otros profesionales sanitarios: Médicos de familia, nutricionistas, farmacéuticos, psicólogos clínicos, trabajadores sociales y educadores en salud.
Las implicaciones para la práctica enfermera son múltiples:
Este trabajo colaborativo no solo mejora la calidad del cuidado, sino que aumenta la coherencia de los mensajes, reduce la fragmentación asistencial y promueve la eficiencia organizativa. Para lograrlo, es fundamental que se reconozca institucionalmente el liderazgo enfermero en programas de adherencia, brindándole tiempo, espacio y legitimidad para ejercer dicho rol.
Una de las principales barreras para implementar intervenciones eficaces en adherencia es la falta de tiempo disponible en consulta, agravada por la sobrecarga laboral y la escasez de recursos humanos.
Esta realidad condiciona la posibilidad de realizar una atención individualizada, prolongada y basada en el diálogo.
Desde la perspectiva de la gestión sanitaria, se hace necesario:
Por último, uno de los pilares fundamentales para traducir la evidencia a la práctica es la formación permanente del personal de enfermería. La realidad cambiante de la DM2, el avance tecnológico, la evolución en los modelos de intervención conductual y las nuevas demandas del paciente exigen una actualización constante de conocimientos, habilidades y actitudes.
Entre las prioridades formativas se incluyen:
mediante estudios de intervención, evaluaciones de impacto, revisiones sistemáticas y publicaciones en revistas científicas de enfermería. Solo así se podrá construir un cuerpo de conocimiento sólido y contextualizado, que legitime las intervenciones enfermeras y fortalezca su autonomía profesional.
La eficacia de una intervención enfermera no garantiza por sí sola su implementación exitosa en los contextos reales de atención sanitaria. Numerosas estrategias dirigidas a mejorar la adherencia terapéutica en personas con diabetes mellitus tipo 2 han demostrado resultados clínicamente significativos en entornos controlados o de investigación, pero su traducción a la práctica asistencial habitual enfrenta múltiples barreras estructurales, organizativas, profesionales, tecnológicas y del propio paciente.
La identificación y análisis detallado de estos obstáculos resulta indispensable para diseñar planes de mejora que permitan cerrar la brecha entre la evidencia y la acción.
Una de las principales dificultades radica en la estructura organizativa de los sistemas sanitarios, que en muchos casos continúan anclados en un modelo biomédico, agudo y reactivo, poco compatible con la atención continuada, proactiva y centrada en la persona que requiere la DM2.
Entre las barreras más frecuentes destacan:
Este conjunto de obstáculos evidencia la necesidad urgente de reorganizar los servicios sanitarios, incorporando la adherencia terapéutica como un eje prioritario de atención crónica.
Aunque la enfermería está en una posición privilegiada para liderar intervenciones de adherencia, su potencial se ve frecuentemente limitado por factores internos y externos al propio colectivo profesional. Entre ellos:
Estas barreras requieren ser abordadas desde una estrategia doble: Formativa y transformacional, que capacite, empodere y motive al profesional de enfermería, y que redefina el rol enfermero como agente clave en la gestión de la cronicidad.
La incorporación de tecnologías digitales —como apps móviles, plataformas web, dispositivos de monitorización o sistemas de mensajería— representa una oportunidad para mejorar la adherencia terapéutica, pero también genera nuevas barreras de implementación, especialmente cuando no se consideran las realidades del entorno clínico y del usuario final.
Entre las principales barreras tecnológicas encontramos:
Para superar estas barreras, es imprescindible que el desarrollo tecnológico esté alineado con las necesidades reales de pacientes y profesionales, con participación activa de enfermería en su diseño, implementación y evaluación.
No todos los pacientes presentan la misma predisposición, motivación o capacidad para adherirse a un tratamiento. Existen múltiples factores personales, sociales y culturales que interfieren en el éxito de las intervenciones, entre los que destacan:
A nivel macro, también existen barreras relacionadas con el entorno legal y político en el que se insertan los programas de adherencia. Algunas de ellas incluyen:
En contextos multiculturales y con altos índices de desigualdad social, emergen barreras de gran calado:
Estas realidades exigen intervenciones culturalmente sensibles, adaptadas a las creencias, lenguas y dinámicas sociales de cada grupo. El trabajo con agentes comunitarios, mediadores interculturales o asociaciones de pacientes puede ayudar a derribar algunas de estas barreras.
El presente trabajo ha abordado de forma exhaustiva la efectividad de las intervenciones enfermeras en la mejora de la adherencia terapéutica en pacientes con diabetes mellitus tipo 2 (DM2), una enfermedad crónica de altísima prevalencia que representa uno de los mayores retos sanitarios y sociales del siglo XXI.
La adherencia al tratamiento, entendida como la capacidad del paciente para seguir de forma voluntaria y sostenida las recomendaciones médicas y enfermeras, es hoy reconocida como uno de los principales determinantes del control metabólico, la reducción de complicaciones y la calidad de vida en personas con diabetes.
A lo largo de este trabajo, se han analizado múltiples estrategias de intervención desarrolladas por profesionales de enfermería en contextos nacionales e internacionales, empleando una metodología rigurosa y actualizada, centrada en la revisión crítica de la literatura científica de los últimos cinco años. Los resultados obtenidos permiten extraer conclusiones relevantes a nivel clínico, profesional, organizativo y social, que se resumen a continuación en varios ejes estratégicos de análisis y acción:
Una de las principales conclusiones del estudio es la centralidad del rol enfermero en el diseño, implementación y seguimiento de intervenciones destinadas a mejorar la adherencia. A diferencia de otros profesionales, las enfermeras y enfermeros cuentan con una posición privilegiada para establecer una relación terapéutica continua, basada en la confianza, la comunicación y el acompañamiento empático.
Este vínculo les permite detectar barreras personales, culturales o emocionales que muchas veces escapan al enfoque médico tradicional. Además, su capacidad para desarrollar actividades educativas, motivacionales, tecnológicas y de seguimiento longitudinal convierte a la enfermería en un actor imprescindible en el abordaje integral de la DM2.
El presente trabajo reafirma que las intervenciones enfermeras bien diseñadas pueden mejorar significativamente la adherencia al tratamiento farmacológico, dietético y conductual, reducir la HbA1c, prevenir complicaciones y aumentar la autonomía del paciente.
La evidencia muestra que las intervenciones más efectivas son aquellas que:
Este enfoque multicomponente rompe con las intervenciones fragmentadas, unidimensionales y breves, que han demostrado ser insuficientes para modificar comportamientos complejos como la adherencia.
Aunque las intervenciones enfermeras han demostrado ser eficaces en diversos contextos, su implementación en la práctica real enfrenta barreras significativas que limitan su alcance y sostenibilidad. Entre ellas destacan:
Estas barreras no deben ser vistas como obstáculos infranqueables, sino como oportunidades para el rediseño organizativo, la inversión formativa y el desarrollo de políticas públicas coherentes con el paradigma de la atención crónica.
Una de las grandes aportaciones conceptuales de esta revisión es el reconocimiento de la adherencia como un fenómeno multidimensional, influido por factores individuales (motivación, comprensión, estado emocional), relacionales (vínculo con
el profesional, apoyo familiar), estructurales (sistema de salud, accesibilidad) y culturales (valores, creencias, idioma).
Por tanto, su abordaje no puede limitarse a la mera instrucción o supervisión, sino que debe estar inserto en un modelo de cuidado integral y centrado en la persona, que promueva el empoderamiento, la corresponsabilidad y la toma de decisiones compartidas.
La enfermería, con su enfoque holístico, humanista y centrado en el autocuidado, está especialmente preparada para liderar esta transformación, siempre que cuente con el apoyo institucional, formativo y organizativo necesario.
El futuro del cuidado de las personas con DM2 pasa por la consolidación de un perfil profesional de enfermería altamente cualificado, crítico y actualizado, que sea capaz de:
La formación continua, la participación en proyectos de investigación aplicada y la colaboración con universidades, sociedades científicas y gestores sanitarios son pilares fundamentales para consolidar este perfil enfermero avanzado.
Finalmente, este trabajo pretende ser no solo una revisión crítica del estado actual del conocimiento, sino también un llamado a la acción. Resulta imprescindible que las instituciones sanitarias, las administraciones públicas, las universidades y los propios profesionales reconozcan la importancia estratégica de mejorar la adherencia terapéutica en diabetes y desarrollen:
Solo así será posible convertir la evidencia en transformación real, con un impacto directo sobre la calidad de vida de las personas con diabetes tipo 2 y sobre la sostenibilidad de los sistemas de salud.
La adherencia terapéutica ya no puede ser vista como una cuestión de voluntad individual, sino como el resultado de una compleja interacción entre el paciente, el profesional, el sistema sanitario y el entorno social. La enfermería, por su proximidad, su visión integradora y su capacidad de acompañar procesos de cambio, ocupa un lugar insustituible en este escenario.
El presente trabajo aspira a fortalecer esa posición, ofreciendo claves prácticas, evidencia científica y propuestas realistas que permitan avanzar hacia una atención más humana, eficaz y centrada en las personas.
Anexo 1:
Diagrama de flujo PRISMA. Fuente de elaboración propia
Anexo 2:
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Ítem |
Pregunta de evaluación |
Sí / No |
Observaciones |
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1 |
¿El estudio define claramente la intervención enfermera y su vínculo con la adherencia en DM2? |
Especificar tipo, componentes y relación con mejora de adherencia. |
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2 |
¿Se describe adecuadamente el método de asignación aleatoria? |
Método descrito (bloques, computadora, sobres cerrados, etc.). |
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3 |
¿Hubo cegamiento de participantes, profesionales o evaluadores de resultados? |
Indicar si se realizó en alguno de los tres niveles o se justifica su ausencia. |
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4 |
¿Los grupos eran comparables al inicio del estudio? |
Similaridad en edad, HbA1c basal, sexo, comorbilidades. |
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5 |
¿Se emplearon instrumentos válidos y fiables para medir la adherencia? |
Uso de escalas como MMAS-8, Morisky-Green, recuento de comprimidos, registros de dispensación. |
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6 |
¿Se aplicó análisis por intención de tratar? |
Inclusión de todos los pacientes asignados inicialmente. |
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7 |
¿Se reportaron resultados clínicos relevantes? |
Como HbA1c, hospitalizaciones, cambios de presión arterial o peso. |
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8 |
¿Se realizó cálculo de tamaño muestral y poder estadístico? |
Declaración clara del cálculo y justificación del tamaño muestral. |
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9 |
¿Se declararon fuentes de financiación o posibles conflictos de interés? |
Identificación de apoyos institucionales, financiadores o conflictos. |
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10 |
¿La intervención es replicable en la práctica clínica habitual? |
Factibilidad según recursos disponibles en atención primaria u hospitalaria. |
Lista de verificación CASPe adaptada para evaluar ensayos clínicos sobre adherencia terapéutica en DM2. Fuente de Elaboración propia