
https://orcid.org/0000-0002-5408-6263
El acoso escolar se refiere a una acción de violencia regular y continua en el tiempo de uno o más estudiantes (agresor o agresores), sobre otro estudiante (víctima), en presencia de terceros (observadores), ocasionando humillación y daño.
Este trabajo analiza el acoso escolar: Historia, concepto, tipos, protagonistas, fases, causas y consecuencias y datos estadísticos para poder determinar el alcance del problema.
Una vez delimitado el problema nos centraremos en sus aspectos legales, prevención, valoración, detección e intervención y así veremos las principales funciones de la enfermera escolar.
La figura de la enfermera escolar está vigente desde hace más de un siglo, sin embargo, en España todavía no está institucionalizada a nivel nacional (aunque sí existe de forma reglada en algunas comunidades como Valencia o Madrid).
Para conseguir un entorno adecuado para la convivencia escolar, el acoso escolar debe ser tratado multidisciplinarmente a través de profesores, psicólogos, orientadores, trabajadores sociales, familiares, amigos… y, en este sentido, la enfermera escolar se encuentra en una posición clave.
Objetivos: Describir qué es el acoso escolar (características, causas y efectos) e identificar el papel de la enfermera escolar para su correcta prevención y/o intervención.
Metolodogía: Para la elaboración del este trabajo se han llevado a cabo una investigación consistente en una revisión bibliográfica sobre la literatura científica existente. Se ha realizado una búsqueda sistemática de libros y también se han consultado artículos en las principales bases de datos: PubMed, Medline, SciELO, Cinahl y Cuiden, seleccionando artículos científicos procedentes de publicaciones académicas revisadas de los últimos cinco años en español e inglés.
Palabras clave: Acoso escolar, bullying, niño, violencia, escuela, enfermería escolar.
Bullying refers to an action of regular and continuous violence by one or more students (aggressor or aggressors), on another student (victim), in the presence of third parties (observers), causing humiliation and harm. This work analyzes bullying: History, concept, types, protagonists, phases, causes and consequences and statistical data to determine the scope of the problem. Once the problem is defined, we will focus on its legal aspects, prevention, assessment, detection and intervention and thus we will see the main functions of the school nurse. The figure of the school nurse has been in force for more than a century; however, in Spain it is still not institutionalized at the national level (although it does exist in a regulated way in some communities such as Valencia or Madrid). To achieve a suitable environment for school coexistence, bullying must be treated multidisciplinary through teachers, psychologists, counselors, social workers, family, friends ... and, in this sense, the school nurse is in a key position
Objectives: To describe what bullying is (characteristics, causes and effects) and to identify the role of the school nurse for its correct prevention and / or intervention.
Methodology: For the elaboration of this work, an investigation consisting of a bibliographic review on the existing scientific literature has been carried out. A systematic search for books has been carried out and articles have also been consulted in the main databases: PubMed, Medline, SciELO, Cinahl and Cuiden, selecting scientific articles from reviewed academic publications of the last five years in Spanish and English.
Key words: School bullying, bullying, child, violence, school, school nurse.
El acoso escolar existe desde que existe el colegio, pero realmente se empezó a estudiar desde los años setenta.
Dann Olweus, psicólogo de la Universidad noruega de Bergen, y su equipo fueron los primeros en describir este acto de violencia continua entre iguales. Sus primeras publicaciones fueron en 1972, pero el acoso escolar suscitó verdadero interés tras el suicidio de tres escolares de catorce años, ya que cuando se indagó en las causas que produjeron los suicidios se llegó a la conclusión de que fueron provocados por los ataques de violencia permanentes de sus compañeros.
Después de este hecho el Ministerio de Educación de Noruega comenzó con la instauración de medidas de prevención.
A Noruega le siguió Inglaterra, Italia, Canadá, Japón, Estados Unidos y Australia, entre otros. Estos países contemplaron el acoso escolar como un acto de violencia preocupante, dentro del colegio; acto del que era necesario encargarse (1).
Ya en 1996 la UNESCO preparó un informe, bajo la dirección de Jacques Delors (ex presidente de la Comisión Europea y ex ministro de economía y de finanzas de Francia) titulado “la educación encierra un tesoro” en el cual, entre otras cosas, se definieron los cuatro pilares de la educación: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser. Estos dos últimos aprendizajes quedan limitados por el acoso escolar, este acto violento impide un correcto ambiente escolar y afecta negativamente al aprendizaje y la socialización (2).
Araus Segura M. Infografía: los 4 aprendizajes fundamentales según la UNESCO. 2017. (3)
En la actualidad el acoso escolar o bullying es un problema de gran conciencia social, que se estudia a nivel mundial por su gran impacto en las aulas, de dimensiones biopsicosociales tanto para las víctimas como para los agresores, como para los observadores (4).
Han sido numerosos los autores que han elaborado definiciones de acoso escolar con la finalidad de explicarlo. A continuación, se citan textualmente las definiciones más relevantes:
La primera definición de este tipo de violencia es la siguiente: Un alumno se convierte en víctima cuando está expuesto de forma repetida y durante un tiempo a acciones negativas que llevan a cabo otro alumno o varios alumnos. La victimización entre iguales es una conducta de persecución física y/o psicológica que realiza un alumno contra otro, al que elige como víctima de repetidos ataques. Esta acción, negativa e intencionada, sitúa a la víctima en una posición de la que difícilmente puede salir por sus propios medios (Olweus, 1998) (5).
Actividad de tipo agresivo que algunos escolares, apoyados por la inhibición o tolerancia e inclusive el aliento del grupo, aplican repetida y deliberadamente sobre otros alumnos de forma sistemática, utilizando modalidades físicas, verbales y sociales. La dinámica de la violencia entre iguales es la relación establecida entre los tres actores que participan en la situación de maltrato: agresor, víctima y espectador, caracterizándose por una asimetría en la cual los agresores intentan someter a la víctima y convertir al espectador en un cómplice activo o silencioso que tolera esta situación (Avilés, 2006, citado por Quintana et al., 2010) (5).
Forma de maltrato, intencionado, perjudicial y persistente de un estudiante, o grupo de estudiantes, hacia otro compañero, generalmente más débil, al que convierten en su víctima habitual. Se trata de una conducta agresiva persistente, de manera que, un alumno o grupos de alumnos ha establecido una relación de intimidación con otro (Fuensanta, 2012) (6).
El acoso escolar es un fenómeno mundial que se refiere a episodios de violencia intencional entre pares, que ocurren de forma constante y describen relaciones desiguales de poder (Olweus, 2013) (7).
Se considera como un tipo de violencia en la que no participan sólo las víctimas y los agresores, sino en la que están implicados la mayoría de los pares, que actúan como testigos presenciales, silenciosos, de las situaciones de acoso (Obermann, 2011; Olweus, 2013) (7).
Algunos estudios reportan entre un 80% y 85% de los casos de acoso en que existe la presencia de otros compañeros (Jones, Mitchell, & Turner, 2015; Padgett,
2013), que aun percibiendo los incidentes de acoso, ignoran las acciones de los compañeros, a través de diferentes estrategias como fingir no haber presenciado la situación, huir o adherirse al grupo de los agresores como estrategia para no convertirse en las próximas víctimas (Obermann, 2011; Pozzoli, Gini, & Thornberg, 2017) (7).
El resultado de este escenario es el surgimiento de un clima escolar caracterizado por inseguridad, miedo, falta de compromiso, intolerancia y falta de empatía y solidaridad entre los pares, lo que puede contribuir para aumentar la ocurrencia del fenómeno, que se potencia con la actitud de banalización o minimización que puede surgir por parte de los demás actores dentro de las escuelas (Obermann, 2011; Pozzoli et al., 2017) (7).
El acoso escolar es un fenómeno social de grupo, caracterizado por la interacción social asimétrica y negativa entre pares niños y adolescentes, que tiene efectos en su desarrollo socioemocional, impactando, además, en el proceso de construcción de la subjetividad de víctimas, agresores y testigos de las situaciones de agresión (Silva et al., 2018) (7).
Las modalidades más frecuentes del acoso escolar están relacionadas con las agresiones físicas, verbales, psicológicas, sociales, sexuales y cibernéticas.
Aquel que se realiza con intervenciones de fuerza corporal o mecánica, dirigido directamente a la integridad física, que busca atemorizar o actuar con superioridad ocasionando dolor, incomodidad o privación.
Tiene dos modalidades:
Utiliza la palabra para ofender, humillar, estigmatizar, discriminar o generar burla. Este tipo de maltrato puede usarse como instrumento para ejercer de manera más generalizada un maltrato psicológico.
Es el tipo de violencia más frecuente. También puede ser de dos tipos:
Utiliza diversas formas de humillación como pueden ser la indiferencia, la culpa o el chantaje hasta hacer sentir a la víctima en una condición inferior, rebajar su autoestima y aumentar la sensación de temor, desamparo e inseguridad (1).
Tiene como objetivo destrozar las relaciones de la víctima con terceros, mediante maniobras cuyo objetivo es aislar y excluir de grupos de interacción escolar, actividades deportivas o recreativas y acontecimientos sociales (1).
Podemos distinguir también entre dos formas de exclusión social:
La víctima es maltratada mediante comentarios malintencionados de sus partes íntimas o mediante abuso sexual, realizando tocamientos que luego se niegan o coaccionándola para realizar actos que no quiere hacer (6).
Es definido como maltrato intencionado de un individuo o grupo de individuos utilizando formas de comunicación electrónicas (ordenadores, móviles, etc.) que suele estar agrupado en las redes sociales (facebook, whastapp, twitter, Instagram, etc.), agrediendo de forma repetitiva a una o varias víctimas y exponiéndolas de forma negativa ante la sociedad.
Según datos del 2015 del INE (Instituto Nacional de Estadística), más del 90% de los niños en edades comprendidas entre 10 y 15 años pueden acceder a internet. Y el 90% de los menores comprendidos entre 12 y 16 años poseen su propio móvil (8). De lo que se deduce que se debería controlar más el uso de las tecnologías por parte de los menores.
Las consecuencias de esta agresión suelen ser catastróficas, ya que este tipo de acoso tiene como características principales el anonimato del agresor y el alcance a un número ilimitado de individuos (1) y (9).
Otras de las características del ciberbullying son: en función de la amplitud y variedad de conocimientos en las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) del agresor, los formatos pueden ser muchos y variados; se trata de una agresión indirecta; el agresor suele ser desconocido para la víctima, lo que hace aumentar el estado de impotencia en ésta; provoca un gran desamparo legal ya que, aunque se cierre la vía de comunicación utilizada (por ejemplo página web) a continuación se puede abrir otra; se atacan espacios privados y seguros como la familia y los estudios, por lo que el sentimiento de desprotección es completo (10); los actos de violencia son mantenidos en el tiempo, ya que se exhiben con una continuidad temporal en páginas web y redes sociales; los observadores carecen de empatía por la víctima ya que o no la conocen o no es una persona cercana (11).
Es fundamental detectar el papel que tiene cada individuo dentro del bullying para poder planear soluciones apropiadas en cada contexto.
En el maltrato escolar se describen tres figuras que analizamos a continuación: Víctimas, agresores o acosadores y observadores o espectadores
Son los jóvenes, tanto chicos como chicas, a los que van dirigidas las agresiones del acoso escolar.
A menudo reúnen características como debilidad física o psicológica, autoestima baja, discapacidad, retraimiento o ansiedad. Un rechazo de la violencia en todas o cualquiera de sus formas puede ser un factor importante para que un escolar se convierta en víctima de acoso.
Las víctimas no comprenden por qué son el objetivo de estos actos y en casi todas las ocasiones se sienten angustiados e incapaces de salir de esta situación por sí mismos.
Terminan aceptando las recriminaciones, se convencen de estar en condición de inferioridad, de ser malos estudiantes, malos compañeros o compañeras, de ser jóvenes socialmente inadaptados o de no ser capaces de valerse por sí mismos.
Normalmente son los individuos menos populares en el colegio, por lo que su estatus escolar desciende a lo más bajo.
Según la reacción mostrada frente al acoso se diferencian dos tipos de víctimas:
Normalmente están en situación de aislamiento social, que se vincula a una asertividad muy baja, y a problemas de
comunicación o empatía. Esta falta de amigos, a veces, ocasiona el inicio de la victimización.
Hay estudios que relacionan a este tipo de víctimas con familias muy sobreprotectoras.
Ocasionalmente estas víctimas pasivas se asocian a lo que vulgarmente llamamos “amaneramiento” (estereotipo de feminidad) mucho más estigmatizado en los chicos, por mostrar características femeninas.
Diversos estudios constatan que este tipo de víctimas son jóvenes con nula popularidad escolar y claro aislamiento social. Éste podría ser el motivo que inicie su condición de víctimas.
Suelen tener una predisposición exagerada a actuar de manera impulsiva, sin pensar en el comportamiento más adecuado para cada circunstancia, o una predisposición a reaccionar de forma vehemente, irritante y provocadora.
En ocasiones, estas víctimas combinan su situación de víctima con la de agresor, pero sus ataques no se consideran acoso por ser meramente reactivos.
El ámbito familiar suele ser hostil, reactivo y coercitivo.
Este tipo de víctima es más habitual en el género masculino, no se atenúa con la edad y se asocia a niños hiperactivos (1) y (5).
El acosador puede ser un compañero de la misma clase o grupo, o un escolar con fortaleza física mayor que busca a su víctima en cursos inferiores, donde existe un desequilibrio de poder a su favor.
Es muy común que los agresores estén en un nivel de popularidad elevado y que su grupo escolar los considere con el estatus social más alto.
El perfil de agresor cuenta con unas características comunes (que habitualmente van aumentando con la edad) como problemas sociales. Aunque se encuentren menos aislados que las víctimas, los agresores muestran inseguridad y tendencia violenta para llamar la atención y así someter al resto. Impulsivos, dominantes, intransigentes a la frustración, incapaces de cumplir las normas, con rendimiento escolar bajo y sin aptitud autocrítica.
El agresor aprende conductas violentas en los primeros años de su vida, falta de control de impulsos, agresividad, predisposición a la crueldad, carencia de empatía, falta de sentimientos de culpa, de arrepentimiento y de compasión.
Hay compañeros que aprueban y elogian el comportamiento del agresor, mostrando un estímulo adicional y un refuerzo positivo ante este tipo de maltrato. Estos co-acosadores son jóvenes fácilmente influenciables, necesitados de aceptación social y sin sentimientos de solidaridad.
Hay tres tipos de agresores o acosadores
Son las personas que contemplan la agresión, algunos incluso muestran una actitud complaciente.
Se podría pensar que este rol sólo lo representan los pares (alumnos) pero, por el contrario, este grupo incluye: docentes, funcionarios administrativos, directivos del colegio hasta personas ajenas relacionadas con el colegio que presencian el acoso como los padres y otros familiares de los compañeros de la víctima, vecinos de estos, etc. En ocasiones, hasta los propios padres de la víctima pueden llegar a incluirse en este grupo, por paradójico que parezca.
Los observadores reconocen perfectamente a la víctima y al acosador, algunos muestran una postura benévola e indulgente ante este acto, mientras que otros se muestran impasibles, indiferentes, lo toleran.
Para intentar prevenir o reducir el acoso escolar esta figura es primordial. El acoso aumentará o se reducirá dependiendo de la reacción de estos observadores.
Hay tres tipos de observadores reconocidos:
pasiva. Son personas dependientes de otros, sin éxito dentro del grupo.
Romualdo, C. Mapa conceptual sobre los estudiantes observadores de situaciones de acoso. 2019. (7)
Una situación de bullying no es estática, sino que es dinámica y pasa por distintas fases. El profesional debe averiguar en qué fase se encuentra el problema de acoso para poder diagnosticarlo de forma precoz, ya que, dependiendo de en qué punto se encuentre, se actuará de una u otra manera. Para llegar a este diagnóstico habrá que observar e investigar los comportamientos que se producen y desde cuando están sucediendo, la
manera de vivirlos de la víctima y su familia, el rol del alumno, hablar con la clase, con las familias, con el grupo de profesores, etc.
El fenómeno del bullying sucede en cinco fases:
El acoso escolar es un acto compuesto de gran variedad de facetas y, en multitud de ocasiones, cuesta detectarlo. Las causas son diversas, entre ellas nos encontramos la “Ley del silencio” por la que no se informa del acto delictivo, y hace que se infravalore su existencia. También está el “Síndrome de Negación” por parte del colegio o la situación de que se le considere culpable a la víctima en vez de al agresor (11).
Todas las formas de violencia entre personas tienen varias causas, en el acoso escolar las hemos identificado dividiéndolas en cuatro factores (familiares, personales, sociales y escolares).
Resulta importante conocer estas causas para poder determinar las acciones, responsabilidades y dispositivos que consigan prevenirlas y ocuparse de ellas.
El contexto familiar es básico para la socialización primaria, la cual implica aprender las formas de relacionarse, ser solidario y mantener relaciones equilibradas y beneficiosas de forma recíproca.
Los agresores, los observadores provocadores y los observadores pasivos poseen una socialización primaria defectuosa, con una falta de relación familiar afectiva cariñosa y segura. Sin embargo, se encuentran presentes en este ámbito familiar conductas dominantes, agresivas e irrespetuosas.
Es fundamental evaluar las conductas de las familias, tanto de agresores como de víctimas, hasta qué punto se consienten las conductas agresivas, cómo se maneja la autoridad, los conflictos y las discusiones, los tipos de relaciones entre las personas adultas de la familia, si existe algún tipo de adicción como alcoholismo en los adultos y sobre todo cómo son los lazos de afecto y apego familiares.
Es primordial que los padres enseñen a sus hijos que tienen derechos y que deben respetar los derechos de los demás, este punto es esencial para evitar la intimidación en la escuela (1).
Los métodos educativos en el ámbito familiar pueden ser autoritarios o permisivos; cuando son predominantemente autoritarios los niños distorsionan la realidad, el contexto familiar puede ser violento, conflictivo y con externalización de la conducta (es decir, se comportan mal, de manera no deseada con otras personas); un método educativo demasiado permisivo o negligente implica que los niños no consideren la importancia de las normas de convivencia.
De esto se deduce que el estilo educativo adecuado para el niño no debe ser ni excesivamente autoritario, ni excesivamente permisivo (5).
Indicadores según varios autores (Muñoz Prieto, Vessey, Hensley, Liu J. y Graves, Warren y DeSisto) que influyen en la participación o no participación de un escolar en el proceso de bullying (11):
Aquí nos encontramos con dos tipologías de factores personales totalmente opuestas.
El entorno social es fundamental para la socialización secundaria. Es donde se aprende cómo relacionarse con personas que difieren en la forma de ser, de actuar y de pensar.
Dado que estas interacciones son habituales (con vecinos, en la calle, en el transporte público, en supermercados, etc.) hay que resaltar el impacto educativo que representan. Por ello, en un ámbito social que sea violento y causante de victimización existirá el acoso escolar (1).
Especial importancia tienen los medios de comunicación. Es por ello importante destacar la poderosa influencia que ejercen en el comportamiento social de niños y adolescentes que intentar imitar los modelos presentes en programas de televisión, videojuegos e internet, repletos de violencia, drogas, alcohol, conductas antisociales, comportamientos delictivos, formas de alcanzar el éxito a cualquier precio y normalización de comportamientos que van en contra de la dignidad de la persona. Por ello, se recomienda a los padres que no coloquen ni televisores, ni consolas, ni internet en la habitación del niño y que controlen exhaustivamente la clase de contenidos multimedia a los que los niños tienen acceso (restricción de uso de móviles, control de la televisión que se ve en el ámbito familiar, filtros de contenidos en dispositivos multimedia, información sobre costumbres de esta índole en casas de compañeros, amigos y familia, etc.).
Todos estos factores conforman otra causa de la violencia escolar (5).
El ámbito escolar, junto con el social, constituye el pilar básico de la socialización secundaria.
La calidad de esta socialización secundaria vendrá dada por patrones de conducta, tipos de modelos en la toma de decisiones (participativos o autoritarios), la clase de sistema disciplinario, la dedicación de los profesores y directivos (actitud, pedagogía, comunicación e interacción) y los protocolos referentes a las actuaciones frente al maltrato escolar.
Varios estudios relacionan los diferentes tipos de bullying con el ámbito físico, organizativo y cultural de los colegios. Influye negativamente el hecho de que el colegio
se encuentre en un contexto desfavorable o que una de las particularidades del barrio sea la violencia (1).
Destacar la importancia de la relación discente – docente. A veces los docentes sólo interaccionan con un grupo pequeño de alumnos, pudiendo hacer que el resto se sienta ignorado, creando así un ambiente de tensión. Los escolares que sienten que son rechazados por sus profesores y que además no se sienten apoyados por sus padres en lo que respecta a su futuro académico tienen más probabilidades de ser acosadores (3).
Por ello es de vital importancia que exista una figura definida en los colegios a la que los escolares puedan pedir ayuda. La enfermera escolar es idónea para ello: una persona formada para la solución de conflictos y que sea capaz de crear un buen ambiente de convivencia en el colegio (3).
El maltrato escolar tiene consecuencias personales para todos sus protagonistas, tanto inmediatamente como a corto y largo plazo.
Cuando la víctima tiene una corta edad, este acoso repercutirá mucho en su personalidad cuando sea adulta.
La solución al maltrato escolar deberá ser tratada en su totalidad, teniendo en cuenta que es un problema de tres (víctima, agresor y observador) y, por lo tanto, las consecuencias del mismo afectarán a todo el trío.
Analizando varios estudios observamos los efectos más graves en la salud de los escolares y su continuación en la edad adulta, y llegamos a la conclusión de que los principales efectos negativos son una peor calidad de vida en los implicados en el bullying; mayores ideas suicidas; problemas como depresión, ansiedad, gastralgia, cefalea y percepción negativa de sí mismos; desde el punto de vista social predominan los problemas económicos por falta de trabajo, dificultad para conseguir empleo, menor nivel educacional y soledad por no tener apoyo social en la edad adulta (4). Para más detalles, ver ANEXO I: Análisis de los efectos perjudiciales del acoso escolar en niños.
Las consecuencias en la víctima son: Soledad, falta de autoestima, tristeza, depresión, angustia, aversión al colegio, miedo, pánico, problemas académicos, inseguridad, insatisfacción por el propio cuerpo, percepción negativa de uno mismo y ansiedad.
Las consecuencias en el agresor son: Normalización de la consecución de sus objetivos mediante violencia y agresividad, pudiendo llegar a reincidir de adulto, a nivel familiar o laboral, incluso convertirse en un delincuente. Comportamientos antisociales.
Las consecuencias en los observadores son: Actuar de igual manera ante otras situaciones injustas creando un patrón y aprender a convivir en un ambiente agresivo con naturalidad (5) y (11).
En la legislación vigente, en el Código Penal no se hace mención directa al bullying, pero si se hace referencia de forma general:
Con los escolares de más de 18 años, se actuaría según el artículo penal 173.1, que decreta penas de prisión entre seis meses y dos años. Estas penas pueden sufrir modificación si el mayor de edad no llega a 21 años.
En escolares entre 6 y 14 años, según las normativas vigentes, la responsabilidad no recae en el agresor, por lo que no se les puede inculpar.
Si el Fiscal de Menores es el primero que se entera del acto de acoso, deberá, de forma inminente, ponerlo en conocimiento de los padres o tutores legales de la víctima.
Seguidamente deberá comunicarlo al centro escolar para poder implantar las soluciones más adecuadas.
Pero si fuera el centro educativo el primero que se enterara de la actividad de bullying, no serviría de nada notificárselo a la Fiscalía, sólo tendría sentido si fuera una situación muy grave. Por esto, se sobrentiende que los colegios constituyen una de las piezas más importantes (con los padres) para solucionar el problema.
Si el bullying tuviera lugar en un colegio público el responsable civil sería el representante de la Consejería de Educación, mientras que si sucediera en un colegio privado o concertado, el responsable sería el titular establecido.
Si los escolares tienen entre 14 y 18 años, si se les podría imputar. Se les imputaría de un modo concreto, con el objetivo de proteger a la víctima y subsanar el daño provocado. Para conseguir esto, se procede de acuerdo a la Ley del Menor. Según la Ley del Menor el acosador puede impedir que se le abra un expediente, o que se le cierre al poco tiempo de abrirlo, siempre y cuando se disculpe con la víctima y realice actividades que le permitan recapacitar sobre su mala conducta. Las sanciones que promueve la Ley del Menor van encaminadas hacia la rehabilitación y la educación del agresor, como pueden ser: Libertad vigilada, ayudas a la comunidad, trabajos socioeducativos o la permanencia en el domicilio habitual el fin de semana (11).
Ya en 1996 la OMS (Organización Mundial de la Salud) expone que la violencia ha ido creciendo a nivel mundial creando un grave problema de salud pública, con importantes consecuencias. Para concienciar de la gravedad creó el “Informe mundial sobre la violencia y la salud” donde explicaba que la violencia es un fenómeno que se puede prevenir actuando en tres niveles (primario, secundario y terciario). En este informe también se expresaba que los profesionales de la salud pública pueden ser de gran ayuda a los gobiernos para promocionar la educación, aportar conocimientos sobre evidencia científica o como asesores en las múltiples medidas que se pueden aplicar (11).
Todo esto se puede extrapolar a la violencia que se produce en el acoso escolar y a la enfermera escolar como profesional de la salud pública.
Las actividades encaminadas a prevenir el acoso escolar son variadas y se pueden realizar en distintos ámbitos, las vamos a diferenciar en tres niveles:
Las medidas más eficaces contra el acoso escolar son las instauradas en la prevención primaria y prevención secundaria, por ello, previo a la aparición de síntomas de bullying, los profesionales de enfermería actuarán con múltiples actividades incluidas en la prevención primaria. Correspondería a las acciones encaminadas a evitar la aparición del acoso.
Estas acciones estarían basadas en el plan de convivencia (currículum, metodología pedagógica y gestión democrática del colegio). Como ejemplos se puede citar:
minusvalía. Una enfermera escolar podría ayudar en la implantación y consolidación de pautas de convivencia.
La prevención secundaria está basada en impedir la consolidación del acoso escolar que ya se ha producido en el colegio.
Las actuaciones estarían enfocadas al centro escolar (organizando coloquios de sensibilización para los docentes y los padres y realizando protocolos de intervención), en el aula (mediante tutorías) y en los alumnos (trabajando con agresor y víctima de forma particularizada por un lado y con observadores de forma generalizada en los dos ámbitos anteriores –centro y aula-).
Hay que tratar la situación abiertamente con los escolares y siempre buscando una actitud firme de los docentes y padres en lo que a la censura de la violencia se refiere.
Algunas de las intervenciones que se podrían realizar en la prevención secundaria podrían ser:
problemas crónicos a que se puedan poner en contacto con los grupos de apoyo.
Cuando se detectan indicios claros de que un alumno está participando en actuaciones de acoso es cuando comienza la prevención terciaria.
Se trata de minimizar el impacto y las consecuencias negativas sobre los implicados cuando ya está consolidado el problema del acoso escolar.
En este nivel es primordial no echar la culpa a nadie.
Para poder realizar una buena prevención terciaria es necesario que en la prevención secundaria se haya trabajado muy bien.
Algunas de las actividades del profesional sanitario en la prevención terciaria serían:
Inmaculada Baeza. Psicosi. És millor prevenir. 2015 (12)
La figura de la enfermera escolar está vigente desde hace más de un siglo, y su dimensión ha ido variando durante años en países como Reino Unido o Suecia.
Sin embargo, en España todavía no está institucionalizada a nivel nacional (aunque sí existe de forma reglada en algunas comunidades como Valencia o Madrid) y de forma no reglada en algunos colegios. Su presencia todavía no es suficiente y muchas asociaciones siguen trabajando para establecerla en el ámbito nacional (es el caso de AMECE: Asociación Madrileña de Enfermería en Centros Educativos) (4).
También queda reflejada la importancia del maltrato en el Código Deontológico de la Enfermería Española donde el profesional se compromete a realizar las acciones pertinentes para dar a los menores los cuidados de salud necesarios, asegurando sus derechos y preservándoles de cualquier tipo de maltrato.
La gran mayoría de los escolares disfrutan del colegio, pero una minoría sufre el acoso escolar. En este aspecto, las enfermeras escolares, como profesionales de la salud en el ámbito educativo debemos mantener una posición clara en contra del bullying (11).
La relación continuada y próxima que la enfermera escolar mantiene con pacientes y familiares la sitúa en un lugar privilegiado para crear un entorno de confianza con los escolares y así percibir sus problemas.
Por todo esto, la enfermera escolar puede ser la pieza clave para detectar el acoso escolar en las escuelas, ya que puede objetivar los síntomas psicológicos y de salud asociados al bullying y puede observar las conductas de los alumnos e identificar los factores de riesgo que indiquen la participación de los mismos en una situación de acoso escolar.
Publicaciones como la British Journal of School Nursing, sostienen que la enfermera escolar está capacitada para identificar las señales de que un alumno está siendo acosado.
Además, la enfermera escolar está en la posición adecuada para darse cuenta de que los efectos personales del alumno son estropeados o sustraídos continuamente. Además de detectar un daño físico en el alumno que no pueda ser explicado de otra manera; distinguir el miedo del niño a la hora de ir a clase; observar cómo el menor se muestra enfermo cada mañana, cómo le quita o pide dinero a otros compañeros de forma habitual (para posteriormente entregar al maltratador); identificar las continuas manifestaciones de nerviosismo, retraimiento y desconfianza con el resto de niños.
En un artículo escrito por Barbara Jones Warren en 2011, “Two sides of the coin: the bully and the bullied”, para la revista “Journal of Psychosocial Nursing and Mental Health Services” orientado a la enfermería de salud mental, ésta muestra las ventajas de que los profesionales enseñen a los niños acosados a no sentir vergüenza de sí mismos, a no sentir culpabilidad por el hecho de ser víctimas y a ser capaces de quitarse el miedo a pedir ayuda. También destaca la importancia de que el niño sea consciente del gran valor que tiene su propia seguridad.
Warren define al agresor o acosador como niños impulsivos y con muy poco autocontrol. Estos tienen un componente elevado de ansiedad y de inseguridad y son propensos a realizar actos delictivos y a implicarse en robos y peleas.
Vicki Hensley publicó en 2013 un artículo titulado “Childhood Bullying: A review and implications for health care professionals” en la revista “Nursing Clinics of North America”, en el que también describía al acosador como un individuo impulsivo y con muy poco autocontrol. Son niños agresivos, para ellos la violencia es una herramienta de interacción positiva y lógica. Son menores con tendencia clara a la manipulación, la dominancia y la falta de empatía hacia los demás niños. Se implican en situaciones problemáticas como intoxicaciones etílicas y robos. La autora también aclara que tienen la autoestima normal o superior al resto de compañeros; propensos a la popularidad, cuentan con el apoyo del resto de los niños cuando realizan acciones de acoso, lo que provoca que crezca la frecuencia y el número de casos. El acoso escolar es la manera de exteriorizar sus problemas (11).
A continuación, se exponen varios signos y síntomas psicosomáticos detectables por la enfermera escolar:
Todos estos síntomas somáticos están estrechamente relacionados con el estrés crónico, esto quiere decir que su inicio es debido a la respuesta fisiológica que el cuerpo tiene ante situaciones estresantes, ya que poco a poco el sistema inmunológico del niño se va viendo afectado dando lugar a esta sintomatología.
La explicación de la aparición de los síntomas psicosomáticos es sencilla, tras las múltiples señales de tensión y nerviosismo provocadas en el exterior (ejerciendo como factor estresor) el organismo intenta controlarlas poniendo en marcha el eje hipotálamo
suprarrenal haciendo que segregue cortisol, adrenalina y noradrenalina. El organismo tiene un exceso de estas sustancias, ya que hay un aumento de estrés, y entonces es cuando se originan los síntomas psicosomáticos.
Al mismo tiempo, como el menor está en un estado continuo de ansiedad y miedo, se pueden dar modificaciones en la actividad de algunas zonas concretas del cerebro (tal es el caso del hipocampo, de la corteza media prefrontal o de la amígdala) como respuesta adaptativa del organismo a los elementos estresores.
A corto plazo todo esto aumenta la posibilidad de adquirir una infección.
A largo plazo estas alteraciones en el cuerpo pueden producir lesiones permanentes en la edad adulta tales como cardiopatías, diabetes o enfermedades autoinmunes (11).
Diversos estudios muestran que a la hora de comenzar un diálogo que verse sobre el acoso escolar con un menor, una de las maneras de empezarlo sería diciendo que hay numerosos escolares que tienen problemas en la escuela. Posteriormente, se les preguntaría específicamente lo que les ocurre a ellos.
Si se quiere lograr unas respuestas sinceras por parte del menor, los progenitores deberían abandonar la habitación para poder conversar en privado con los niños.
En el citado artículo de Hensley, ésta aconsejaba que en las visitas programadas con la enfermera escolar de los alumnos y sus padres se les preguntara por la probable existencia de bullying. Esto se llevaría a cabo mediante una relación de preguntas dirigidas al niño y a los padres. De este artículo se han extraído a modo de ejemplo las posibles preguntas que se podrían realizar:
Para conseguir un entorno adecuado para la convivencia escolar, el acoso debe ser tratado mediante intervenciones multidisciplinares a través de profesores, psicólogos, orientadores, trabajadores sociales, familiares, amigos, etc. sin olvidar a la enfermera escolar, ya que se ha demostrado la relación positiva en la reducción, contención y sensibilización del bullying y la actuación de la enfermera escolar.
Queda demostrado que el acoso escolar se reduce cuando se implica a la sociedad en la terapia contra el maltrato, ya que, a veces, no es suficiente la actuación de los profesionales por la desconfianza existente entre ellos y los escolares.
Por todo esto es fundamental que escolares, familia, enfermera escolar, psicólogos y, en definitiva, todas aquellas personas que estén en contacto con los menores, adquieran unos conocimientos suficientes acerca del acoso escolar mediante programas de formación, estrategias educativas y de orientación o apoyo.
La única manera de hacer frente al acoso escolar es tener una comunidad formada y entrenada, plenamente capacitada para detectar y disminuir el acoso y para ayudar a las víctimas.
En este sentido, el papel de la enfermera escolar dentro del equipo multidisciplinar se encuentra en una posición privilegiada para enseñar a escolares, padres, profesores y la comunidad en general las pautas a seguir para la detección, disminución y actuación en
este problema tan presente a día de hoy. Ver ANEXO II Otros recursos que podría emplear el profesional de enfermería.
Hay que hacer énfasis en la importancia de instaurar en los centros educativos protocolos actualizados para poder actuar ante este problema, ya que, si no lo hacemos, obtendremos unos resultados catastróficos para la salud de los escolares. Estos frecuentemente permanecerán en la edad adulta, afectando tanto a las víctimas, como a los agresores y a los observadores y son tan variados como: problemas psicosomáticos, depresión, ansiedad, suicidio, aislamiento, problemas económicos, bajo nivel educativo, etc. (4) y (11).
Lo primero que hay que hacer antes de comenzar cualquier tipo de intervención es crear una relación de confianza con el menor. Para ello, se debe adoptar una postura de comprensión y compromiso con el alumno.
Para una correcta actuación de la enfermera escolar, también resulta importante conocer cuáles son las estrategias y normas instauradas en las escuelas y contextos cercanos, lo que incluye tener conocimiento de las implicaciones legales del bullying. Además, las enfermeras escolares también deben ser conocedoras de los recursos disponibles que se puedan utilizar en estas circunstancias.
Resulta fundamental para poder realizar cualquier tipo de intervención crear un plan de cuidados, para poder programar con eficacia diagnósticos e intervenciones. Para ello hay que utilizar un lenguaje estandarizado que en nuestro caso sería la taxonomía NANDA, NIC, NOC (ver ejemplo de plan de cuidados en ANEXO III)
Dentro de las tareas de la enfermera escolar nos encontramos con:
A continuación, se describen algunos estudios más importantes de los últimos 5 años sobre el acoso escolar cuyos resultados nos dan una valiosa información para crear e implementar programas de prevención y de actuación contra el bullying.
(intervención y comparación), aunque en mayor cantidad en el grupo intervención. Se demostró que el problema con las habilidades sociales que tenían las víctimas se redujo, aumentando su empoderamiento. Los participantes comenzaron a actuar con mayor empatía y amabilidad resolviendo conflictos de manera no agresiva (14).
Se llegó a la conclusión de que la enfermera escolar, gracias a sus conocimientos, puede reducir los casos de bullying a través del diálogo mediante preguntas asertivas. Es necesario formarse y disponer de más tiempo para ello (20).
completo reflejaron haber aumentado su comprensión mejor que las que tenían menos experiencia (22).
De estos estudios sacamos importantes conclusiones, entre ellas:
Según el IEU (Instituto de Estadística de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y La Cultura), a nivel mundial y en los últimos años, cerca de un tercio de los adolescentes han sufrido bullying.
Durante un año (desde junio de 2017 hasta junio de 2018) la ONG Internacional Bullying Sin Fronteras y la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) realizaron el primer estudio mundial en cinco continentes (todos a excepción de la Antártida). Este estudio manifiesta un crecimiento exponencial de los casos de acoso escolar cotejándolo con años anteriores. Los países con un mayor número de casos de bullying son: México (7 de cada 10 padecen acoso escolar, lo que corresponde a unos 28 millones de niños), USA (6 de cada 10) y China (casi 6 de cada 10). A estos países les siguen: Brasil, Japón, India, España y Australia. Con un número de casos más reducido se encuentran: Grecia, Finlandia, Noruega, Dinamarca, Francia y Suecia (24).
Los datos correspondientes a España, según el informe de la ONG Internacional Bullying Sin Fronteras, son los siguientes: Alarmante crecimiento en un 20% de los casos de bullying en un año (en 2017 hubo 1.229 casos y en 2018 hubo 1.475 casos); por comunidades autónomas se observan mayor número de casos de acoso escolar en Andalucía y Cataluña (11%), Murcia (10%), Madrid e Islas Baleares (9%) y Valencia (6%); y las comunidades autónomas con menor índice de casos son La Rioja, Galicia, Castilla y León, Cantabria y Aragón (alrededor del 3%) (25).
A continuación, se muestran los estudios más relevantes de los últimos 10 años que reflejan las consecuencias del acoso escolar en los alumnos acosadores, víctimas y/o observadores.
En estos seis estudios se analizan los efectos más graves en la salud de los alumnos y su continuación en la edad adulta.
Como conclusión, en todos estos estudios se pueden evidenciar unos resultados comunes, como que los individuos implicados en el bullying tienen una peor calidad de vida que los no implicados en todos los niveles; desde el punto de vista físico y psicológico hay mayores ideas suicidas, depresión, ansiedad, gastralgia, cefalea y percepción negativa de sí mismos; desde el punto de vista social predominan los problemas económicos por falta de trabajo, dificultad para conseguir empleo, menor nivel educacional y soledad por no tener apoyo social en la edad adulta (4).
A continuación, se muestran recursos que pueden encontrarse en Internet y que la enfermera puede emplear para adquirir mayor información sobre lo que hacer contra el acoso escolar.
Una de las ventajas de estas herramientas es que podría compartirlas con los usuarios dado que se hallan en soportes accesibles a la población. Sin embargo, se encuentran en inglés, lo que puede suponer una limitación.
Características y factores: Aislamiento social
Indicadores:
Actividades:
FR: Nivel de desarrollo inapropiado para las exigencias del rol. CD: Conflicto del rol.
Indicadores:
Actividades:
FR: Sentido de control insuficiente
CD: Estrategias de afrontamiento ineficaces
Indicadores:
Actividades:
CARACTERÍSTICAS Y FACTORES: Estrategias de afrontamiento ineficaces
Indicadores:
Actividades:
FR: Necesidades no satisfechas CD: Sentimiento de insuficiencia
Indicadores:
Actividades:
CARACTERÍSTICAS Y FACTORES: Indefensión,
cambio notable de conducta
Indicadores:
Actividades:
CARACTERÍSTICAS Y FACTORES: Alteración del rol social
Indicadores:
Actividades:
FR: Deterioro del funcionamiento social CD: Autoestima afectada
Indicadores:
Actividades: