
https://orcid.org/0000-0002-5408-6263
La insuficiencia renal crónica definida como la reducción progresiva, permanente e irreversible de la tasa de filtrado glomerular, supone una patología de gran impacto en la población pediátrica al repercutir tanto en el crecimiento y desarrollo cognitivo como en la calidad de vida y a nivel socio-familiar. Actualmente, estudios como el “Quality of Life in Chronic Kidney disease children usingassessment Pediatric Quality Of Life Inventory 2019” estiman una prevalencia de 82 casos al año por millón de niños, diagnosticándose principalmente a varones debido a causas estructurales.
A menudo se desarrolla como resultado de una enfermedad congénita (en menores de 5 años), adquirida como las glomerulopatías (en mayores de 5 años) o hereditaria, manifestándose a través de alteraciones en la composición de sangre y orina, así como en los estudios de imagen o en los marcadores de daño renal, modificando el equilibrio acidobásico e hidroelectrolítico al mismo tiempo que sistemas como el cardiovascular, gastrointestinal, hematológico, neurológico o endocrino.
Finalmente, conforme progresa la enfermedad, junto al tratamiento farmacológico y modificación de estilos de vida (dieta, actividad física, etc…) resultan necesarias terapias de reemplazo renal como la diálisis peritoneal o la hemodiálisis, planteándose el trasplante renal como tratamiento de elección ante un estadio terminal.
Palabras clave: Insuficiencia renal crónica, pediatría, terapias de reemplazo renal, diálisis, trasplante renal.
Chronic renal failure defined as progressive, permanent and irreversible glomerular filtration rate, is a pathology of great impact on the pediatric population by affecting both growth and cognitive development and quality of life and at the socio-family level. Currently, studies such as the “Quality of Life in Chronic Kidney disease children usingassessment Pediatric Quality Of Life Inventory 2019”estimate a prevalence of 82 cases per year per million children, diagnosed mainly in boys due to structural causes.
It often develops as a result of a congenital disease (in children under 5 years old), acquired as glomerulopathies (in children over 5 years old) or hereditary, manifesting through alterations in the composition of blood and urine, as well as in imaging studies or markers of kidney damage, modifying the acid-base and hydroelectrolytic balance at the same time as systems such as cardiovascular, gastrointestinal, hematological, neurological or endocrine.
Finally, as the disease progresses, along with pharmalogical treatment and lifestyle modification (diet, physical activity, etc…) renal replacement therapies such as peritoneal dialysis or hemodialysis are necesary, considering renal transplantation as a treatment of choice at a terminal stage.
Keywords: Chronic renal failure, pediatric, renal replacement therapies, dialysis, kidney transplant.
La enfermedad renal crónica se define como: “El daño renal por 3 o más meses, caracterizado por cambios estructurales y funcionales (o ambos) del riñón, con o sin disminución de la filtración glomerular, manifestado por anormalidades patológicas o marcadores de daño renal, incluidas las alteraciones en la composición de la sangre y de la orina o en los estudios por imágenes”. Se trata de un daño renal irreversible y progresivo el cual al debutar en la infancia repercute en aspectos como el crecimiento y desarrollo cognitivo del niño, en su calidad de vida y en el ámbito socio-familiar (1).
En función de la causa subyacente responsable, se observa un ritmo de progresión de la enfermedad diferente (2). Pudiéndose presentar los síntomas de forma aguda o bien tener un inicio insidioso, o incluso diagnosticarse de forma casual tras un examen de rutina (1). De esta forma, en el caso de niños con trastornos congénitos, la progresión es más lenta que en los que presentan una nefropatía adquirida (por ejemplo enfermedad glomerular), por lo que las anomalías congénitas de riñón y tracto urinario se postulan como causas menos frecuentes de enfermedad renal en la etapa terminal frente a otras etapas menos avanzadas de la insuficiencia renal crónica (2).
Esta patología supone la evolución hacia la pérdida total de la función renal, lo que puede causar tensión arterial elevada o acumulación de productos de desecho en el organismo (3), siendo necesario el tratamiento sustitutivo (tales como la diálisis o el trasplante renal) en los estadios finales. Epidemiológicamente son escasos los datos que se tienen de esta afección en edad pediátrica, si bien, se determina una incidencia mayor en varones, siendo las anomalías estructurales la causa más frecuente (1).
Así mismo, cuenta con una prevalencia en población pediátrica de aproximadamente 82 casos al año por millón de niños de acuerdo al Quality of Life in Chronic Kidney disease children usingassessment Pediatric Quality Of Life Inventory 2019, estimándose para el 2040 como la quinta causa más común de años de vida perdidos a nivel mundial (4).
En relación a los mecanismos implicados en el desarrollo y progresión de la insuficiencia renal crónica, cabe destacar el papel de los riñones, órganos encargados de mantener el equilibrio de líquidos en el cuerpo, eliminando los residuos y toxinas de la circulación sanguínea mediante la producción de orina. Así mismo, se encargan de la producción de hormonas, las cuales estimulan la creación de glóbulos rojos en la médula ósea y el fortalecimiento de huesos (5). Sin embargo, en la insuficiencia renal los riñones pierden la capacidad de realizar dichas funciones eficazmente, por lo que la acumulación de residuos tóxicos puede causar un desequilibrio de carácter químico en la sangre, resultando fatal si no se trata (5).
Es decir, a medida que disminuye el filtrado glomerular, también se reduce la excreción de hidrogeniones mientras que se incrementa la pérdida de bicarbonato conduciendo a una acidosis metabólica. Dicha situación también puede desencadenarse por factores como la ingesta excesiva de proteína de origen animal, el estado catabólico (infección, malnutrición) o el hiperparatiroidismo. Conforme se mantiene el estado de acidosis se incrementa el catabolismo, la inflamación, el hiperparatiroidismo, el hipocrecimiento y la pérdida ósea de calcio. Si bien, en circunstancias normales, alrededor del 99% del sodio filtrado se reabsorbe a nivel tubular, manteniendo su control hasta estadios finales en los cuales se da una retención de agua y sodio produciéndose una sobrecarga de volumen.
Al igual que el sodio, el potasio es capaz de mantener cierta homeostasia, debido a un fenómeno de hiperaldosteronismo secundario por parte del riñón, en el que se incrementa el intercambio de sodio-potasio a nivel del túbulo distal y colector. Sin embargo, cabe destacar como excepción, los casos de niños con patología estructural y tubulointersticial crónica, quienes experimentan una elevada pérdida de agua y sodio, lo cual conlleva una reducción de volumen, así como hiperpotasemia y acidosis metabólica (1).
A nivel epidemiológico, la cantidad de datos registrados acerca de la insuficiencia renal crónica en población pediátrica continúa siendo limitada, ya que muchos casos en estadio inicial no se registran, procediendo la mayor parte de ésta de registros de terapia de reemplazo renal, además de presentar una incidencia/prevalencia que varía considerablemente de unas regiones a otras del mundo (2,6).
Por lo tanto, se carece de unas cifras exactas en población pediátrica en lo que a incidencia y prevalencia de insuficiencia renal crónica (estadíos 2 a 5) se refiere (2) por lo que su definición y clasificación en estadios se extrapolan a partir de las guías de adultos con ciertas modificaciones (7).
Sin embargo, se tiene constancia de que el número de casos de insuficiencia renal crónica en población infantil se ha incrementado en los últimos años, afectando mayoritariamente a niños procedentes de familias de nivel socio-económico bajo, destacando las uropatías como la etiología más frecuente en la infancia (8).
Según algunos estudios poblacionales el porcentaje de niños afectados por esta patología (en cualquiera de sus etapas) ascendería al 1%, siendo el riesgo de mortalidad unas 30 veces mayor en este perfil de paciente frente a la población pediátrica sana en general.
Así, trastornos congénitos como las anomalías congénitas del riñón y de tracto urinario o las nefropatías hereditarias constituirían de la mitad a dos tercios de las causas de insuficiencia renal crónica pediátrica en países de ingresos medios y altos, mientras que en los de ingresos bajos los desencadenantes serían las nefropatías adquiridas (2).
Sin embargo, asociaciones como la Asociación Española de Pediatría (AEP) estima que las anomalías estructurales son responsables de la mitad de los casos de insuficiencia renal crónica detectados en la infancia (58% REPIR II), junto a las enfermedades renales quísticas y hereditarias (16%), las enfermedades vasculares (9%) y las glomerulopatías primarias o secundarias (4%) (1).
Estadísticamente, los registros europeos determinan incidencias de insuficiencia renal crónica de 10-12 pacientes por millón en población pediátrica y prevalencias en torno a 59-74 pacientes por millón, mientras que el registro español REPIR II, revela una prevalencia de enfermedad renal crónica no terminal superior a 128 pacientes por millón y en su análisis desarrollado entre 2007 y 2017 indica una incidencia de 8,23 pacientes por millón y una prevalencia de 113,6 persona por millón al incluir los estadios más precoces (1,9).
Además, organismos como el Registro Europeo de Diálisis y Trasplante calcula que el número de niños menores de 15 años con insuficiencia renal crónica asciende de 23 a 65 niños por millón, de los cuales 4,6 por millón entran a formar parte de un programa de tratamiento sustitutivo renal, además de experimentarse un incremento de menores de 5 años sometidos a trasplante renal, de un 4,7% a un 14% (10,11).
En relación al sexo al que más frecuentemente afecta esta patología, se concluye que el 65% de los pacientes son varones (según REPIR II) y de origen caucásico en el caso de España, mientras que en Norteamérica la incidencia es 2-3 veces mayor en raza afroamericana. Esto se debe a la presencia de un genotipo de riesgo como es el gen de la apolipoproteína 1 (APOL1) ligado a una mayor incidencia. Así en regiones de Australia y Nueva Zelanda, también se ha observado un riesgo mayor en población indígena o maorí (1).
La enfermedad renal crónica en paciente pediátrico es cada día más frecuente, vinculándose estrechamente la morbimortalidad de este proceso con la aparición de lesión renal aguda, la cual puede tratarse de una complicación secundaria a otra patología (4).
En relación a las condiciones que pueden dar lugar a una insuficiencia renal crónica (5) se encuentran:
Así mismo, existen enfermedades sistémicas que incrementan el riesgo de insuficiencia renal crónica (12) como:
Si bien, existen enfermedades más comunes que predisponen al padecimiento de insuficiencia renal, destacando el papel que ejercen las anomalías genitourinarias congénitas del riñón (Cuadro 1 ) y del tracto urinario inferior (exclusivas en el ámbito pediátrico), una de las principales características de la insuficiencia renal crónica en niños (4,6,13). Dichas malformaciones incluirían la displasia e hipoplasia renal, las uropatías obstructivas, alteraciones metabólicas hereditarias y microangiopatías trombóticas (4) mientras que durante el embarazo desencadena anomalías en la migración embrionaria (riñón en herradura, ectopia renal, etc…) o del sistema colector (1)
Aparte, cabe destacar el papel de la disfunción vesical relacionada con la funcionalidad de las válvulas de la uretra posterior (13) las cuales son responsables de un número significativo de trasplantes renales (14), requiriendo su corrección previa al trasplante para evitar el daño al nuevo órgano. Sin embargo, hasta hace unas décadas, se negaba el acceso al trasplante renal a aquellos candidatos con disfunción vesical, aceptando su inclusión una vez se desarrolló un tratamiento efectivo para esta así como nuevas técnicas de cirugía reconstructiva, las cuales aportaban unos resultados similares a los observados en pacientes sin reconstrucción vesical (10).
Cuadro 1. Clasificación de las principales anomalías congénitas del riñón y tracto urinario (Madariaga Domínguez L, Ordóñez Álvarez F Á) (1)
Madariaga Domínguez L, Ordóñez Álvarez F Á. Manejo de las anomalías renales y del tracto urinario detectadas por ecografía prenatal. Uropatías obstructivas. Protocolos diagnósticos y terapéuticos pediatría. 2022; 1: 253-70.
De esta forma, conforme avanza la enfermedad, se diagnostican los distintos grados de insuficiencia renal, hasta finalizar con el diagnóstico de insuficiencia renal en estado terminal, cuyas causas más frecuentes son las displasias e hipoplasias, así como la uropatía obstructiva y las glomerulonefritis (10).
Por otra parte, si se tiene en cuenta la edad, las causas de insuficiencia renal crónica (15,16, 17) son:
Entre aquellos factores que predisponen y colaboran en la progresión de la insuficiencia renal crónica (1, 6,8) se encuentran:
La hipertensión.
Por lo tanto, guías como la francesa o la de la Asociación Española de Pediatría (AEP) recomiendan un seguimiento más estricto en el despistaje de insuficiencia renal crónica en población de riesgo (1,3) como en niños con:
Por otra parte, estudios fundamentados en datos de registro reflejan que los aspectos que pueden incrementar el riesgo de mortalidad entre niños con insuficiencia renal tratados mediante una terapia de reemplazo (6) son:
A pesar de la existencia de subregistros de datos confirmados de niños con enfermedad renal, la documentación acerca de la sintomatología inicial del proceso es escasa ya que a menudo el cuadro clínico que presenta el niño es muy poco específico (anemia, retraso en el crecimiento) mientras que en ocasiones los síntomas están claramente relacionados con el riñón como son el dolor lumbar o la hematuria, pudiéndose presentar también de formas muy diversas asociándose a otras patologías, hasta el momento que se corrige el diagnóstico (1,4).
Sin embargo, entre los signos y síntomas (1,5, 15, 18) generales que puede presentar un niño con enfermedad renal se encuentran los mencionados en la siguiente tabla (Cuadro 1).
Cuadro 1: Sintomatología general de la insuficiencia renal crónica en población pediátrica (1,5, 15, 18)
| Sintomatología |
|---|
| Dolor abdominal, lumbar o hipogástrico: Síntomas de infección urinaria, uropatía obstructiva, litiasis renal o vesical, hipercalciuria, etc.... |
| Cefalea, trastornos del sueño, somnolencia y cansancio: Síntomas de hipertensión arterial. |
| Edemas: Signo de retención de líquidos como debut de síndrome nefrítico, nefrótico o de un fallo renal agudo o crónico. Se puede observar en el contorno de los ojos, pies y tobillos. |
| Fiebre, exantemas, artralgias o artritis, facilidad para desarrollar hematomas, púrpura ortostática o síntomas pulmonares: Manifestaciones de enfermedades sistémicas de afectación renal como la púrpura de Schonlein-Henoch, el lupus eritematoso sistémico, etc... |
| Signos cutáneos: Como la palidez, relacionada con la anemia presente en la enfermedad renal crónica. |
| Crisis de tetania y debilidad muscular: Relacionados con procesos febriles y características de la enfermedad de Gitelman. |
| Deshidratación desproporcionada a la causa: Dada la incapacidad del organismo para retener el agua debido a una nefropatía de base. En lactantes con displasia renal, uropatía obstructiva, diabetes insípida, enfermedad de Bartter o alguna endocrinopatía, desarrollan pérdida salina crónica la cual puede ocasionar una deshidratación rápida dada la incapacidad para concentrar la orina. |
| Anomalías en el volumen urinario: Tales como oliguria (emisión de orina <500ml/día/1,73m²) relacionada con factores prerrenales (hipovolemia) o post-renales (obstrucción) y enfermedades renales intrínsecas o la poliuria (emisión >2000ml/día/1,73m²). Esta última considerada signo principal de las tubulopatías y consecuencia de la ingesta excesiva de líquidos, de la ausencia de liberación o insensibilidad tubular a la hormona antidiurética, de la presencia de enfermedad renal crónica o de diuresis osmótica. También puede acompañarse de micción frecuente en niños de 5 años o mayores y de enuresis nocturna prolongada. |
| Alteración en las características organolépticas de la orina: Anomalías en el color y olor, bien por la presencia de sangre, el consumo de ciertos alimentos y fármacos, de mioglobina, etc....También son frecuentes las consultas por presencia de sedimentos en la orina o la expulsión de cálculos y orina espumosa (casos de proteinuria). |
| Sangre en las heces. |
| Pérdida del apetito y náuseas. |
| Déficit de crecimiento: Suele ser muy frecuente resultando en una talla media final adulta de 2 desviaciones estándar en varones y 1 en mujeres, afectando alrededor del 50% de los pacientes que alcanzan la edad adulta. |
Aun así, según diversas investigaciones, los niños suelen referir “no sentirse enfermos” lo que afecta a la adherencia al tratamiento al reducirla, por lo que lo ideal es que el paciente participe activamente del tratamiento pautado y en el proceso de toma de decisiones (1,4).
En relación a la disfunción del tracto urinario inferior (1), ésta provoca una alteración en el llenado y/o vaciado vesical debido a alteraciones metabólicas y en el hábito miccional, a infecciones urinarias, anomalías anatómicas, etc…. Así, a continuación se recogen algunos de los síntomas sugestivos de este tipo de alteración (Cuadro 2).
Cuadro 2: Sintomatología relacionada con la disfunción del tracto urinario inferior (1)
| Sintomatología |
|---|
| La incontinencia urinaria: La enuresis o incontinencia urinaria intermitente durante el sueño monosintomática primaria suele ser frecuente y benigna en mayores de 5 años, mientras que de presentarse de forma secundaria a otra patología debería de descartarse las causas orgánicas o psicológicas ya que puede tratarse del primer síntomas de una infección de orina o de una hipercalciuria. En cuanto a la incontinencia diurna suele tratarse de un problema de hábitos aunque en otras ocasiones puede deberse a una enfermedad renal o urológica subyacente. |
| Polaquiuria: >8 micciones diarias en niños. Se debe valorar si también se da poliuria o disuria. Esta última habitual en la cistitis y en la hipercalciuria. |
| Esfuerzo miccional o maniobra de Credé: Presión abdominal realizada por el niño para iniciar o mantener la micción. Es patológica a cualquier edad. |
| Chorro miccional débil: En lactantes varones indica obstrucción del tracto urinario inferior. |
| Chorro miccional entrecortado: Emisión interrumpida de orina, normal en niños de corta edad. |
| Hesitación: Retraso en el inicio de la micción. |
| Goteo postmiccional: Pérdida involuntaria de orina inmediatamente después de finalizar la micción. Relacionado con reflujo vaginal en niñas y con siringocele en varones. |
| Maniobras de retención: Estrategias para retrasar la micción o evitar la urgencia. |
Ya, en relación con la insuficiencia renal crónica, la sintomatología depende del estadio en el que se encuentra el paciente (Cuadro 2) (1).
Cuadro 2. Estadios de la Enfermedad Renal Crónica (AENP) (1)
Protocolos diagnósticos y terapéuticos de Nefrología Pediátrica [Internet]. Aeped.es. [citado el 11 de julio de 2022]. Disponible en: https://www.aeped.es/documentos/protocolos-diagnosticos-y-terapeuticos-nefrologia-pediatrica
La insuficiencia renal puede diagnosticarse en niños a distintas edades como es el caso de la detección prenatal, una de las formas de diagnóstico de malformaciones nefrourológicas más frecuente gracias a los progresos a nivel ecográfico durante el embarazo. De esta forma, se calcula que en un 1 a 2% de los embarazos se da algún tipo de anomalía renal y de tracto urinario congénita, suponiendo una de las mayores causas de enfermedad renal terminal pediátrica, manifestándose a menudo mediante dilatación de las vías urinarias. Por lo tanto, será la evolución de este síntoma junto a la valoración del tamaño renal, de la ecogenicidad del parénquima, del vaciamiento vesical del feto y la cantidad de líquido amniótico, los que orienten el diagnóstico y la toma de decisiones.
Sin embargo, cuando el hallazgo se realiza de forma casual en niños asintomáticos se suelen observar algunos trastornos como:
Una vez se sospecha de la presencia de una patología renal, se procede a abrir una historia clínica que contará con diversos apartados como son la anamnesis, la exploración física y la exploración complementaria.
Durante la anamnesis se procede a recoger los datos de la siguiente tabla:
Cuadro 3: Anamnesis en el diagnóstico de insuficiencia renal crónica en el paciente pediátrico
Antecedentes personales: Fisiológicos, patológicos, hábitos higiénico-dietéticos, etc…. Debe de registrarse el inicio de la sintomatología, su duración y las circunstancias que los desencadenan o modifican.
En el periodo perinatal es importante el registro de datos fisiológicos:
Antecedentes patológicos:
Antecedentes familiares: Se observan los siguientes aspectos:
Estos antecedentes se reflejarían en su historia clínica, prestando especial atención a factores como el bajo peso al nacer, la prematuridad y/o el retraso en el crecimiento intrauterino (menor desarrollo de nefronas) al representar mayor riesgo de enfermedad renal.
Ya en el examen clínico deben incluirse aspectos como:
Por otra parte, en función de los resultados observados tras la anamnesis y la exploración clínica se valora la normalidad de los siguientes parámetros:
Pruebas de imagen radiológicas y de medicina nuclear como:
Biopsia renal: Procedimiento que implica la extracción, guiada por imágenes, de una pequeña muestra de tejido renal para examinar la presencia de enfermedad y el grado de daño.
Cuadro 3. Recomendaciones de biopsia renal
Sistemático de orina, osmolalidad y albuminuria en orina de la mañana en ayunas. Dicho estudio se realiza una vez obtenido un resultado positivo en pruebas iniciales como la tira reactiva, prueba recomendable dada su rapidez, facilidad de aplicación y gran disponibilidad.
El método de recogida de orina puede variar de unos casos a otros, así se selecciona uno u otro en función de:
Cuadro 4. Métodos de recogida de orina
A su vez, la muestra de orina puede ser aislada (como el urocultivo, medición de osmolalidad urinaria, cálculo de cocientes urinarios e índices de excreciones fraccionales) o recogida durante un tiempo determinado, como el de 24h (cuantificación de la excreción de sustancias por orina, cálculo de diuresis, etc…). La orina aislada puede recogerse de forma no invasiva en un frasco estéril cuando el niño es continente o bien manteniéndose el sanitario o familiar “al acecho” y mediante técnicas como la del algodón o la bolsa colectora adhesiva en casos de incontinencia. Mientras que entre los métodos invasivos destacan el cateterismo vesical y la punción suprapúbica. Por otra parte, la orina de 24h se recoge normalmente en un frasco limpio y seco, procediendo en limitadas ocasiones al sondaje vesical, el cual requiere de profilaxis antibiótica el día previo y el posterior al sondaje.
Así mismo, son 3 los aspectos que se valoran en el análisis de orina:
Cuadro 5. Causas de alteración en el color de la orina
En caso de que la tira reactiva resulte positiva en proteinuria (habitual en niños con edema) se debe de cuantificar ésta ya que indica principalmente la presencia de albúmina, si bien, un resultado negativo tampoco exime de proteínas de un origen diferente.
Figura 1. Algoritmo de evaluación de proteinuria asintomática
Cuadro 6. Causas de falsos positivos y negativos de proteinuria en la tira reactiva en orina
Mientras tanto, una tira reactiva positiva en sangre indica presencia de hemoglobina, mioglobina o hematíes en orina, por lo que debería de confirmarse la hematuria por sedimento y mediante estudio citomorfométrico de ser posible. Ya en casos de positividad de la tira para leucocitos y nitritos se sospecharía de infección del tracto urinario con una especificidad del 72% y una sensibilidad del 93%, por lo que su negatividad descarta la presencia de infección al presentar un valor predictivo negativo alto. Finalmente, una densidad >1025 en ausencia de proteinuria indica una capacidad de concentración de orina conservada.
Cuadro 7. Etiología de la hematuria en niños
Cuadro 8. Características de la hematuria según su origen
Por otra parte, en la valoración y el diagnóstico de disfunción del tracto urinario inferior resultan fundamentales:
Una vez realizada la evaluación del paciente siguiendo los pasos mencionados, se procede al diagnóstico de insuficiencia renal crónica según se cumplan o no los siguientes criterios en población pediátrica establecidos por guías como la “Enfermedad Renal: Mejorar los Resultados Globales” (Kidney Disease: Improving Global Outcomes, KDIGO) de 2012 durante un periodo > de 3 meses:
Por este motivo se le diagnostica de insuficiencia renal crónica cuando los valores de filtrado son inferiores a los valores de referencia para esa edad en concreto (-1 o -2 desviaciones estándar para el valor normal).
Una vez diagnosticada la insuficiencia renal crónica, se debe realizar al menos una vez al año una determinación del volumen del filtrado glomerular y de la albuminuria ya que de obtenerse valores altos podría indicar una progresión rápida, siendo necesarias mediciones más frecuentes así como el establecimiento de medidas terapéuticas como la revisión del tratamiento, la identificación de causas reversibles de progresión o la derivación al nefrólogo.
En lo relativo al tratamiento de la insuficiencia renal crónica, su manejo puede estar dirigido a tratar las causas de un fallo renal puntual o bien focalizarse en el reemplazo de la función renal mediante stents uretrales, nefrostomía o diálisis. Por lo tanto, deben de contemplarse varios aspectos generales:
Así, entre los objetivos terapéuticos que se pretenden alcanzar destacan:
Todos ellos se tratan de metas para evitar las alteraciones hidroelectrolíticas y ácido-base que suelen aparecer en etapas avanzadas de la insuficiencia renal crónica una vez que los mecanismos de compensación renal y extrarrenal se ven superados. Por este motivo, ante desequilibrios puntuales de estas cifras objetivo se actuaría según las pautas de las siguientes tablas:
Cuadro 4 (bis). Pautas de actuación ante alteraciones hidroelectrolíticas
Desequilibrio en el metabolismo hidrosalino:
Hiperpotasemia: El potasio se trata de un catión cuyos valores se mantienen estables hasta etapas muy avanzadas tratándose la hiperpotasemia de una de las complicaciones más frecuentes en la insuficiencia renal crónica en estado terminal, manifestándose mediante parestesias, debilidad muscular, arritmias, paro cardíaco o cambios electrocardiográficos (alteraciones inespecíficas de la repolarización, ondas T picudas y QRS ancho).
Hipopotasemia: Es menos frecuente pero igualmente peligrosa debiéndose a un bajo aporte de potasio, a pérdidas gastrointestinales (vómitos o diarrea), pérdidas urinarias por poliuria, tubulopatías, uso de diuréticos, excesiva actividad mineralcorticoide, etc…. Se manifiesta mediante calambres, debilidad muscular, parálisis, íleo, arritmias y alteraciones electrocardiográficas (aplanamiento de la onda T, depresión del segmento ST, aparición de onda U, etc…).
Acidosis metabólica:
Alcalosis metabólica: Es menos frecuente y suele deberse al exceso de álcalis, al uso de diuréticos, de resinas de intercambio o a la pérdida de protones secundaria a vómitos.
Cuadro 9. Tratamiento de las complicaciones derivadas del daño renal (Antón Gamero M, Fernández Escribano A) (1)
Antón Gamero M, Fernández Escribano A. Daño renal agudo. Protocolos diagnósticos terapéuticos pediatría. 2022; 1: 405-21
Antón Gamero M, Fernández Escribano A. Daño renal agudo. Protocolos diagnósticos terapéuticos pediatría. 2022; 1: 405-21
En cuanto a otra sintomatología secundaria frecuente en la insuficiencia renal crónica, se aplicarían las siguientes recomendaciones:
Además, déficits en vitamina B12, vitamina C, cobre o folatos, junto a estados de inflamación y estrés oxidativo o tratamientos con inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (IECA) pueden contribuir a la anemia al inhibir la eritropoyesis y ocasionar hipoalbuminemia, hiperparatiroidismo o elevación de la ferritina sérica, afectando así mismo al uso de membranas de diálisis biocompatibles. Éstos conllevan la exacerbación de la magnitud de la anemia y la reducción de la respuesta al tratamiento.
El objetivo terapéutico en este caso consistiría en mantener la hemoglobina en un rango de 11-12g/dl, presentando controles analíticos cada 3 meses en pacientes en diálisis o con mayor frecuencia en casos de pérdidas de hierro. También se recomiendan controles anuales en niños con insuficiencia renal crónica sin anemia en estadío 3 o cada 6 meses en casos de estadíos 4-5. Una vez se normalizan los niveles de hierro y se descartan otras causas, puede iniciarse el tratamiento con agentes estimulantes de la eritropoyesis, en cuyo caso se recomienda realizar controles analíticos cada 3 meses o más frecuentes al inicio de la terapia o al incrementar la dosis.
El empleo de dichos agentes estimulantes ha permitido disminuir de forma importante la necesidad de transfusiones sanguíneas. En relación a éstas, se encuentran indicadas en pacientes con anemia severa, anemia aguda, necesidad de cirugía y hemodiálisis o pacientes con mala respuesta al tratamiento con agentes estimulantes de la eritropoyesis o que no pueden recibirla por efectos adversos, además se deben de administrar con precaución debido al riesgo de sensibilización contra antígenos del complejo mayor de histocompatibilidad, por ello deben ser filtrados e irradiados, reduciendo el riesgo de infecciones y sensibilización.
Los objetivos que se plantean nutricionalmente consisten en asegurar un correcto crecimiento y desarrollo, la corrección de anomalías metabólicas y toxicidades y demorar la mortalidad y morbilidad crónica asociada a la insuficiencia renal crónica.
Figura 2. Algoritmo de pruebas complementarias en el diagnóstico de Hipertensión Arterial
De la Cerda Ojeda F, Herrero Hernando C. Hipertensión arterial en niños y adolescentes. Protocolos diagnósticos terapéuticos pediatría. 2022; 1: 195-218.
En caso de trasplantados, además de la toma de tensión anual en consulta, deberían realizarse una monitorización de dicha constante a lo largo de 24 horas para detectar hipertensión enmascarada, lo cual conllevan un mayor riesgo de daño en el órgano blanco.
Así, para evaluar el compromiso de éste, se pueden realizar exámenes complementarios como:
Cuadro 10. Causas de Hipertensión Arterial más frecuentes por grupo de edad
De la Cerda Ojeda F, Herrero Hernando C. Hipertensión arterial en niños y adolescentes. Protocolos diagnósticos terapéuticos pediatría. 2022; 1: 195-218.
Dicho objetivo se puede lograr mediante un tratamiento no farmacológico basado en cambios en los estilos de vida, así como mediante tratamiento farmacológico y una adecuada diálisis.
Esto se debe a que estos ejercen un efecto protector a nivel renal disminuyendo tanto la proteinuria como la presión intraglomerular, presentando así mismo acción antiinflamatoria y antifibrótica, por lo que también disminuyen la velocidad de progresión de la insuficiencia renal crónica. Por otra parte, en pacientes con hipervolemia, se puede emplear como alternativa los diuréticos de asa (con volumen de filtrado glomerular menor a 60ml/min) y las tiazidas en etapas iniciales, si bien se encuentran contraindicados en nefropatías perdedoras de sal.
Cuadro 11. Etiología del hipocrecimiento en la Enfermedad Renal Crónica
Martín-Govantes J. Insuficiencia renal crónica y déficit de crecimiento. Diálisis y Trasplante. 2006
Cuadro 12. Factores implicados en el retraso de crecimiento en la Enfermedad Renal Crónica
Fernández Camblor C, Melgosa Hijosa M. Enfermedad renal crónica (ERC) en la infancia: diagnóstico y tratamiento. Protocolos diagnósticos terapéuticos pediatría. 2022; 1: 437-57
Además, el empleo de hormona del crecimiento recombinante en dosis suprafisiológica incrementa la velocidad de crecimiento, obteniéndose buenos resultados al administrarse precozmente. Según algunos estudios, el uso de factor de crecimiento I, similar a la insulina, podría ser importante para conseguir una talla final normal.
Cuadro 13. Estudio inicial y controles periódicos durante el tratamiento con la hormona del crecimiento
Fernández Camblor C, Melgosa Hijosa M. Enfermedad renal crónica (ERC) en la infancia: diagnóstico y tratamiento. Protocolos diagnósticos terapéuticos pediatría. 2022; 1: 437-57
Por otra parte, mencionar que medicamentos como los antiinflamatorios no esteroideos se consideran nefrotóxicos dado su efecto vasoconstrictor renal y por el riesgo que acarrean de producir, junto a los antibióticos, una nefritis tubulointersticial aguda. Por ello, se recomienda utilizarlos con precaución, durante periodos breves y en la menor dosis posible, erradicando su uso en las etapas avanzadas de la insuficiencia renal crónica.
En relación a los medios de contraste empleados en estudios de imagen, se establecen ciertas indicaciones en pacientes con un volumen de filtrado glomerular <60ml/min/1.73m2 como son el asegurar una correcta hidratación antes y después del procedimiento, utilizar la menor dosis posible, evitar agentes de osmolaridad elevada y otros agentes nefrotóxicos de forma simultánea o valorar la velocidad de filtrado glomerular tras el procedimiento.
Hoy en día, los pacientes que presentan enfermedad renal crónica en estadio terminal optan a dos tipos diferentes de terapias de reemplazo renal, cuyo objetivo consiste en la purificación de la sangre de forma no natural, sustituyendo la función renal cuando éste no es capaz de realizarla por sí mismo.
Cuadro 14. Indicaciones de inicio de tratamiento renal sustitutivo
Antón Gamero M, Fernández Escribano A. Daño renal agudo. Protocolos diagnósticos terapéuticos pediatría. 2022; 1: 405-21
Figura 3. Algoritmo de tratamiento en la enfermedad renal crónica