
https://orcid.org/0000-0002-5408-6263
Los trastornos mentales constituyen un apartado de vital importancia para la salud pública actual. Asimismo, son un gran reto tanto para el Personal Sanitario (PS) por motivos de diagnóstico como para el paciente, por el impacto y el cambio que supone en su vida.
Además de todos los factores predisponentes que aumentan la probabilidad de presentación de las enfermedades mentales, se incluye la reciente pandemia por Covid-19, aún no superada al 100% y que, si bien fue considerada como una urgencia de salud pública, también supuso un gran desajuste en todos los ámbitos (social, laboral, económico, etc) para la sociedad, desde los niños hasta los ancianos.
Las enfermedades mentales, cuando son diagnosticadas, generan un gran estigma en la sociedad. Es por ello por lo que se tiende a retrasar el diagnóstico y se intentan ocultar las patologías existentes, derivando en un agravamiento de estas. Es importante tomar conciencia de la existencia de los trastornos mentales y poder llevar a cabo una detección precoz y tratamiento temprano para evitar consecuencias negativas.
Palabras clave: infancia, trastornos mentales, factores predisponentes, prevención.
Mental disorders are a vitally important part of public health today. They are also a major challenge for both the health care provider for diagnostic reasons and for the patient, because of the impact and change in their lives.
In addition to all the predisposing factors that increase the likelihood of mental illness, this includes the recent Covid-19 pandemic, which is still not 100% over and which, although it was considered a public health emergency, also meant a major disruption in all areas (social, occupational, economic, etc.) for society, from children to the elderly.
Mental illness, when diagnosed, generates a great stigma in society. This is why diagnosis tends to be delayed and attempts are made to hide existing pathologies, leading to their aggravation. It is important to be aware of the existence of mental disorders and to be able to carry out early detection and early treatment in order to avoid negative consequences.
Keywords: childhood, mental disorders, predisposing factors, prevention.
La infancia es el primer periodo de la vida por el que atraviesa el ser humano. Es un momento de desarrollo de todas las funciones vitales, psicológicas y sociales.
Este periodo requiere adquirir consciencia sobre la importancia del mismo por parte de los padres o progenitores, ya que estos influyen de forma significativa en el correcto desarrollo de los niños, a través de la enseñanza de los valores y la educación, que ayudarán a los infantes a adoptar una personalidad propia, madurez e independencia con el paso del tiempo.
En ocasiones, la sociedad considera los problemas de salud mental como un tema tabú por la cantidad de estigmas que, desafortunadamente, pueden derivar de su diagnóstico. Por este motivo, muchas veces se retrasa el juicio clínico, pudiendo agravar las patologías y/o las consecuencias de las mismas.
La elección de los “Trastornos mentales infantiles” como tema central de esta tesina, se basa precisamente en lo comentado en el párrafo anterior. Con este trabajo se pretende dar un amplio conocimiento de los trastornos mentales infantiles más comunes y sus factores predisponentes, así como algunas reflexiones encaminadas a evitar ciertos agentes que puedan desencadenarlos.
En el marco descrito, la tesina se centra en la población infantil, que es aquel periodo que se puede dividir en primera, segunda y tercera infancia y que comprende desde el nacimiento hasta aproximadamente los 12 años, que es cuando tiene lugar la adolescencia.
Los trastornos mentales se conocen como aquellas alteraciones de la salud mental que llevan consigo modificaciones en el pensamiento, en las emociones y los sentimientos y por consecuencia, en la conducta, afectando además a las relaciones sociales, académicas, familiares, etc.
Los padres o los progenitores son la principal fuente de cuidados de los niños hasta que estos adquieren la suficiente autonomía como para realizar las funciones y/o actividades de forma independiente. Es por ello por lo que deben tener la suficiente información acerca de cómo favorecer en el desarrollo de los niños e instruirse sobre los signos de alarma de cualquier trastorno de salud mental, para así poder detectarlo a tiempo y evitar consecuencias derivadas de estas patologías mentales.
La razón de llevar a cabo la tesina de investigación sobre los “Trastornos mentales en la infancia” surge debido al aumento cuantitativo de casos que existen en la actualidad y su asiduidad con el paso del tiempo.
Además, otro motivo por el que se lleva a cabo esta tesina es que la existencia de trastornos mentales, independientemente de la etapa en la que se produzcan, originan un importante desajuste en la persona que los padece, así como en su entorno.
Por los motivos anteriormente descritos, es necesario investigar y conocer cuáles son las causas más frecuentes que conducen a la aparición de estos trastornos mentales, en este caso y ajustándonos al marco de la tesina, en el periodo infantil.
En el marco descrito, el objetivo general y los objetivos específicos serían:
Se ha sugerido la búsqueda bibliográfica pertinente en aras de obtener información para abordar esta tesina y conseguir así los objetivos propuestos en el apartado anterior.
Para efectuar esta búsqueda se han empleado palabras claves tales como: “Trastornos mentales”, “Infancia”, “Periodo infantil”, “Factores predisponentes”, “Trastornos mentales más frecuentes”, “Prevalencia” entre otros.
La investigación comenzó a finales de julio de 2022 y finalizó en octubre de 2022.
Los recursos empleados para la obtención de la información apropiada han sido en castellano. Los buscadores fueron: “Google Académico”, “Scielo”, “Elsevier”, y “MedlinePlus”, entre otros.
Los criterios de inclusión para elegir las fuentes utilizadas y descritas en la bibliografía fueron:
En virtud de lo expuesto, los criterios de exclusión que se aplicaron fueron:
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Buscadores |
Palabras Clave |
Límite |
Resultados |
Leídos |
Utilizados |
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Google Académico |
“Psicopatología y salud mental” |
2017-2022 |
16.700 |
4 |
1 |
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“Clasificación enfermedades mentales” |
2017-2022 |
16.500 |
5 |
1 |
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|
“Trastorno de ansiedad” |
2017-2022 |
15.400 |
8 |
1 |
|
|
“TDAH” |
2017-2022 |
3.690 |
6 |
4 |
|
|
“Esquizofrenia infantil” |
2017-2022 |
12.800 |
3 |
1 |
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|
“Trastorno afectivo” |
2017-2022 |
15.600 |
4 |
1 |
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|
“Trastorno bipolar” |
2017-2022 |
10.600 |
5 |
1 |
|
|
“Factores predisponentes” |
2017-2022 |
18.600 |
2 |
1 |
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|
“Covid-19 y salud mental infantil” |
2017-2022 |
13.600 |
7 |
1 |
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|
“Trastorno Obsesivo Compulsivo infantil” |
2017-2022 |
5.700 |
6 |
3 |
|
|
“Tratamiento de las enfermedades mentales” |
2017-2022 |
16.600 |
3 |
1 |
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|
“Desintegración Familiar” |
2017-2022 |
16.300 |
5 |
2 |
|
|
“Disfunción Familiar” |
2017-2022 |
16.300 |
4 |
2 |
|
|
“Autoestima infantil” |
2017-2022 |
26.100 |
2 |
1 |
|
|
“Acoso infantil” |
2017-2022 |
16.100 |
7 |
2 |
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|
“Estrés infantil” |
2017-2022 |
28.000 |
2 |
1 |
|
|
Scielo |
“Trastorno por déficit de atención” |
2017-2022 |
166 |
3 |
1 |
|
“Autismo” |
2017-2022 |
223 |
2 |
1 |
|
|
“Autoestima infantil” |
2017-2022 |
86 |
3 |
1 |
|
|
Elsevier |
“Prevalencia de los trastornos mentales” |
2017-2022 |
109 |
6 |
1 |
|
“Trastorno de ansiedad” |
2017-2022 |
178 |
4 |
1 |
|
|
“Trastorno bipolar” |
2017-2022 |
25 |
3 |
1 |
|
|
“Covid-19 y trastornos mentales infantiles” |
2017-2022 |
328 |
2 |
1 |
|
|
“Prevención Trastornos Mentales” |
2017-2022 |
224 |
5 |
2 |
|
|
Medline Plus |
“Trastornos Mentales” |
2017-2022 |
1.444 |
4 |
1 |
|
Otros |
“Periodo de la infancia” |
2017-2022 |
7.690.000 |
9 |
2 |
|
“Trastornos mentales” |
2017-2022 |
14.900.000 |
6 |
2 |
|
|
“DSM-5” |
2017-2022 |
75.500.000 |
5 |
2 |
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“Efectos de los trastornos mentales” |
2017-2022 |
220.000 |
3 |
1 |
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TOTAL: 41 |
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La infancia se conoce como el desarrollo del bebé desde que nace hasta los 12 años, que es cuando tiene lugar la pubertad. Es un complejo periodo de aprendizaje y de estimulación y consiguiente adaptación al mundo exterior. (1, 2)
Durante el desarrollo del periodo infantil se pueden diferenciar tres fases: (1, 2)
Fuente: García J. (1)
La primera infancia o infancia temprana es la etapa más inmediata tras el nacimiento. En este periodo surgen grandes transformaciones, tanto físicas como psicológicas. El niño crece, aumenta de peso y talla, comienza a andar, primero balbucea y después aprende a hablar, etc. Además, se establece un vínculo exterior que se realiza a través de la afectividad y que tiene como base el cariño y apoyo de los progenitores. En torno a los 2 años, presentan un egocentrismo elevado y, a través de su comportamiento rebelde, se refleja claramente lo que quieren y lo que no. Ante este comportamiento, se deben establecer normas con cariño, pero a la vez con firmeza y claridad para que puedan comprenderlas. (1, 2)
La segunda infancia (periodo preescolar o niñez) comprende desde los cuatro a los seis años de edad. En este periodo aparece el fenómeno de la socialización, es decir, los niños crean relaciones con otras personas y desarrollan diversas capacidades a través del aprendizaje que le posibilitan la participación en la sociedad. De igual forma, van conociendo su cuerpo, inician la creación de su propia personalidad, se adaptan de forma progresiva al ambiente familiar y escolar y aparece una gran imitación a los adultos. (1, 2)
La tercera y última fase (periodo escolar) dura desde los 7 hasta los 11 años. Es también conocida como la “Edad del saber” o la “Edad de oro” debido a que los niños preguntan muy a menudo el porqué de las cosas y se quedan conformes si obtienen la respuesta adecuada. Esta etapa culmina con el comienzo de la adolescencia. (1, 2)
A lo largo del siglo XXI se han experimentado múltiples cambios a nivel social que han influido considerablemente en la vida de los niños, los adolescentes y su familia. La creación de estructuras familiares modernas, llevar a cabo una forma de vida más individualista, el auge de internet y de las redes sociales, nos sitúa en una dinámica social delicada que cada vez requiere de una mayor adaptación. (3)
Conocer las condiciones de vida en las que se desarrolla un individuo, así como el contacto con la pobreza, la marginalidad o la desigualdad que presenta, es indispensable para llevar a cabo una buena evaluación de la salud mental de esa persona. (3)
La salud mental de los padres se convierte en un tema fundamental para la salud mental de los niños y los adolescentes y en la manifestación de psicopatologías. Los niños que tengan unos padres con problemas de salud mental presentan un mayor riesgo de experimentar desajustes emocionales y de conducta. Existen factores genéticos que influyen en la transmisión de generación en generación de las enfermedades mentales. No obstante, el comportamiento de los padres o progenitores es un elemento clave, puesto que un patrón conductual deficiente conduce a una mayor probabilidad de presentación de psicopatología infantil. (3)
Los niños y los adolescentes sujetos a maltrato familiar forman parte de una población con especial vulnerabilidad para sufrir problemas físicos y mentales. Este hecho, desde la neurociencia, supone un gran impacto en el desarrollo cerebral y cognitivo y puede manifestarse desde la vulnerabilidad a experimentar problemas mentales por la vivencia de situaciones traumáticas hasta la reducción de la resistencia a este tipo de vivencias en etapas posteriores del desarrollo. (3)
No debemos pasar por alto a los niños acogidos que, en el contexto de maltrato y abandono, presentan hasta cuatro veces más probabilidad de presentar trastornos mentales. De igual forma, en las personas refugiadas, la causa principal que aumenta la probabilidad de padecer patologías mentales es el trauma que provoca la emigración, en concreto el síndrome de estrés postraumático. (3)
Está claro que es más que necesaria la detección precoz de estos trastornos y el acceso a los recursos para tratarlos. (3)
Además, otro elemento que influye en la salud mental infantil es la calidad de las relaciones entre iguales. El acoso o el bullying, entendido como aquellas acciones de carácter negativo realizadas por un individuo o un grupo durante un largo periodo de tiempo, tiene notables consecuencias desfavorables para la salud mental.
Diversos estudios revelan que los niños que sufren maltrato por parte de iguales presentan una mayor probabilidad de tener problemas psicológicos que aquellos que sufren maltrato por parte de sus familiares. (3)
Dado que la infancia es la primera etapa del desarrollo de la vida del niño y que es de vital importancia para la continuidad de su desarrollo, una salud mental deficiente durante la infancia y/o la adolescencia es predominante para el incorrecto funcionamiento psicológico. (3)
Las alteraciones que se producen en la salud mental provocan una afectación en el estado de ánimo, el pensamiento, los sentimientos y por ende, en la conducta. Las modificaciones leves de estos aspectos suelen ser habituales, pero cuando interfieren en la vida cotidiana e incluso perjudica a su capacidad para sociabilizarse, se entienden como enfermedades o trastornos mentales y pueden ser temporales o de larga duración. (4, 5)
En los niños, los trastornos mentales se caracterizan por retrasos o cese en el desarrollo del pensamiento, de las habilidades sociales, de las conductas o de la capacidad de normalización de las emociones correspondientes a su edad. Estos problemas influyen en cualquier situación social en la que se encuentre el niño (escuela, hogar, etc.) (6)
Existen diversos estudios en España que se realizaron a la población infantil para conocer la prevalencia de los trastornos mentales. El resultado fue que 148 pacientes de los 1286 que conformaban el estudio, presentaban una patología psiquiátrica, es decir, un 68% de la población estudiada. Además, especificaron que entre los 0 y los 5 años, la prevalencia fue de 4,5%, entre los 6 y los 10 años fue del 18,5% y entre los 11 y los 14 años la prevalencia existente era del 22%. (7)
La gran mayoría de los trastornos mentales del adulto, proceden de la infancia o de la adolescencia. El reconocimiento precoz de los trastornos posibilita la actuación temprana y el seguimiento para mejorar el pronóstico y prevenir posibles complicaciones. (7)
Se estima que una gran cantidad de problemas de salud mental permanecen infradiagnosticadas en niños menores de 18 años. La causa de esto puede ser la escasa formación y/o actualización de los profesionales, en concreto los pediatras; el poco tiempo que se le dedica a cada paciente en las consultas e incluso la negación a reconocer un problema debido al estigma que genera. (7)
En España, la prevalencia de trastornos mentales en el periodo infanto-juvenil es del 20%. De este porcentaje, entre un 4-5% presenta un Trastorno Mental Grave (TMG). (7)
Los trastornos mentales se tratan según los signos y síntomas que presenten los niños y de la forma en la que altera su vida diaria. El diagnóstico se centra en un examen físico, en la revisión de su historial clínico y en una evaluación psicológica que se hará a través de preguntas relacionadas con los pensamientos, los sentimientos y la conducta. También se podrá llevar a cabo una entrevista con los padres para conseguir una mayor información y detectar posibles alteraciones. (4, 6)
La Asociación Americana de Psiquiatría (American Psychiatric Association, APA) publicó el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM). Se trata de una guía que plantea una serie de criterios que permiten establecer un diagnóstico en función de la duración, la naturaleza y la consecuencia de los signos y síntomas existentes. (6)
Los signos más frecuentes que aparecen en el caso de presentación de trastorno de salud mental en niños son: Tristeza persistente con una duración mayor o igual a dos semanas, absentismo escolar, falta de interacción social, modificaciones en el rendimiento académico, alteración del patrón del sueño y de la alimentación, alteraciones bruscas en el comportamiento, etc. (6)
En el año 2013, la APA publicó la quinta edición de su Manual de Diagnóstico y Estadística de Enfermedades Mentales, conocida con las siglas DSM-5, que se encargaría de verificar la clasificación psiquiátrica existente hasta el momento, el DSM IV-TR. (8)
Clasificar es sinónimo de agrupar. Las enfermedades mentales se clasifican según un criterio preestablecido. Para llevar a cabo esta tarea de forma efectiva, es necesario conocer las peculiaridades de cada trastorno, así como las características comunes de todos ellos. (8)
Este manual incluye estadísticas de la población más afectada por un determinado trastorno, la edad usual de inicio, su prevalencia y la descripción de los síntomas, además de los criterios concretos que son necesarios para el diagnóstico de los trastornos mentales. Estos criterios son las reglas a través de las cuales se adquiere un juicio clínico. Además, permite y facilita la comunicación y el entendimiento entre los distintos profesionales de la salud al convertirse en un lenguaje común y puede utilizarse también en la investigación y en la docencia. (9)
Aunque en el DSM-5 se presenta una evaluación no axial, es decir, sin ejes, en versiones anteriores del DSM al utilizarse como método de diagnóstico clínico, se establecía una evaluación multiaxial a través de ejes. Estos ejes son: (9)
Fuente: Elaboración propia
Recientemente, la APA ha publicado una versión revisada y que lleva el nombre de DSM-5 TR e incluye bastantes novedades, entre otras, la introducción de un nuevo trastorno, “el trastorno por duelo prolongado”, el aporte de códigos para identificar el comportamiento suicida y las autolesiones no suicidas, el análisis sobre el impacto del racismo y la discriminación en las patologías mentales, etc. Además, se revisaron y aclararon los criterios para el diagnóstico clínico de diversos trastornos mentales. (10)
Trastorno de ansiedad: Presenta una prevalencia entre el 3-31%. La existencia de este tipo de trastorno en los niños está ocasionada por los miedos o las preocupaciones que alteran su capacidad de participación en los juegos o la interacción en las situaciones sociales características de su edad. La depresión y la ansiedad suelen convivir con los trastornos de somatización. (6, 11)
Los trastornos de ansiedad en los niños abarcan: Trastorno de ansiedad social o fobia social (miedo o fuerte ansiedad que se produce en situaciones sociales en las que el niño puede ser sometido a un posible análisis por parte de los demás), trastorno de pánico (crisis inespecíficas de ansiedad que presentan un inicio brusco y que se manifiestan con sensación de asfixia, miedo a morir, sudoración, taquicardia, mareo, etc), agorafobia (miedo a lugares y situaciones determinados en los que el niño considera que tiene dificultad para escapar; por ejemplo, el transporte público o sitios abiertos y/o cerrados), trastorno de ansiedad por separación (ansiedad excesiva que se produce al separarse de los padres u otras personas con vínculo afectivo), trastorno de ansiedad generalizada (ansiedad desmesurada ante la vida. Es de larga duración, por lo que acaba ocasionando disfunción en diversas áreas), mutismo selectivo (incapacidad para hablar en determinados entornos sociales) y fobia específica (miedo o ansiedad intensa que se presenta ante objetos o situaciones concretas). (12)
La ansiedad se considera una reacción normal defensiva ante situaciones amenazantes, pero es necesario distinguir la ansiedad normal y la patológica. Esta última se caracteriza por la aparición de malestar intenso sin causa aparente que lo justifique. Está acompañada de miedo a morir, a volverse loco, etc. (12)
Fuente: Elaboración propia
Los síntomas que pueden aparecer en este trastorno son: Insomnio, comportamientos anormales durante el sueño (somniloquia), tensión muscular, cefalea, temblores, etc. (11)
La ansiedad y los trastornos que derivan de ella conforman el primer diagnóstico psiquiátrico en la infancia y en la adolescencia y se relacionan con la existencia de problemas académicos y sociales, depresión e incluso el intento de autolisis y el consumo excesivo de sustancias en la edad adulta. (12)
Consiste en una modificación del neurodesarrollo que, como se puede intuir por su nombre, cursa con inatención, hiperactividad e impulsividad (síntomas cardinales). Su prevalencia es de un 2-12%. (6, 13)
Los niños que presentan este trastorno muestran dificultad para prestar atención a ciertos estímulos, organizar un hecho, meditar sobre las consecuencias de las actuaciones, así como inhibir la reacción automática para llevar a cabo una respuesta adecuada a una determinada situación. (13)
Es importante diferenciar el TDAH de la inatención, hiperactividad e impulsividad que pueden producirse por la edad del niño, su grado de desarrollo o el coeficiente intelectual del mismo. Estos síntomas irán desapareciendo con la edad en el caso de ausencia de trastorno. (13)
Fuente: Elaboración propia
El TDAH puede presentarse de tres formas diferentes: Combinada que es la más frecuente. En esta forma coinciden los tres síntomas mencionados (hiperactividad, inatención e impulsividad) y se relaciona con problemas de conducta; la forma en la que predomina la inatención que se asocia con problemas de ansiedad y de depresión y es más frecuente en niñas; por último, la forma predominantemente hiperactiva-impulsiva, que es la menos diagnosticada. (13)
Las manifestaciones más frecuentes de los síntomas cardinales son: Inatención: Olvidos, interrupción de conversaciones, dificultad para seguir órdenes y terminar tareas, cambios frecuentes de temas, fácil distracción, etc. En el caso de la hiperactividad destaca: Movimiento constante del cuerpo, inquietud, empezar tareas y no terminarlas, habla rápida y excesiva, etc. Para finalizar, en la impulsividad aparece: Respuestas sin pensamiento previo, responder antes de formular la cuestión, dificultad para respetar su turno, etc. (13, 14)
Es habitual en estos niños la dificultad para establecer relaciones sociales, normalmente pretenden imponer sus gustos y decisiones. Según la edad destacan unos signos y/o síntomas: En la edad preescolar predomina la hiperreactividad, inclinación a las rabietas, falta de regulación emocional; en la edad escolar son predominantes la agresividad y la oposición; en la adolescencia la hiperactividad disminuye y puede aparecer baja autoestima y distorsión del concepto de sí mismo. (13)
Se trata de una alteración del neurodesarrollo que tiene su inicio en la infancia y que dura toda la vida. Conlleva comportamientos e intereses repetitivos y cambios en las relaciones sociales y en la conducta. La prevalencia es aproximadamente del 1,5%. (15, 16)
Las personas que padecen autismo revelan déficits en las funciones ejecutivas, entendidas estas como aquellas que intervienen en la planificación, solución de problemas, comienzo de tareas o toma de decisiones. Es por ello por lo que aparecerán alteraciones en la flexibilidad, planificación, memoria de trabajo, etc. (17) Son niños que prefieren estar solos, el desarrollo del lenguaje es tardío, existe una disminución de la expresión de sentimientos y emociones. (18)
Los signos y síntomas en la presentación del TEA serán diferentes si este trastorno se acompaña de discapacidad intelectual. Entonces aparecerá, además, deterioro de la psicomotricidad, de la comunicación, del control de esfínteres, falta de adaptación, etc. El autismo precoz infantil descrito por Leo Kanner se caracteriza por la aparición precoz de los síntomas, incluso pudiendo presentarse en el inicio de la vida. (16)
Es un trastorno psicótico que forma parte de los TMG y afecta a la percepción y al pensamiento. (6, 19)
Por lo general, este trastorno aparece cuando se producen cambios en el estilo de vida y se inicia una nueva vida social. (6, 19)
Aunque no es una enfermedad mental común en los niños, se estima que en una tercera parte de las personas que la padecen, tiene su aparición en torno a los cinco años. (20)
Se manifiesta con la presencia de alucinaciones, comportamiento desorganizado, ideas delirantes, pérdida de rendimiento, modificaciones en la personalidad, distorsión de la realidad, pensamiento confuso, cambios bruscos y extremos de ánimo. (6)
Los síntomas de este trastorno suelen clasificarse en positivos, negativos y desorganizados. Los positivos hacen referencia a algo que se añade al normal funcionamiento del individuo y son los delirios, las alucinaciones y los trastornos del pensamiento. Los síntomas negativos se relacionan con las deficiencias manifestadas por el escaso afecto, el aislamiento, la indiferencia y la apatía. Por último, los desorganizados se asocian al lenguaje y el comportamiento desorganizado e incomprensible. (20)
Los síntomas descritos no son específicos de esta enfermedad ni se dan en todos los pacientes que la presentan. La esquizofrenia se caracteriza por la presencia de una gran variabilidad de un individuo a otro y a lo largo del tiempo. (20)
Los estigmas derivados de la esquizofrenia pueden llegar a retrasar su diagnóstico y tratamiento. Este tiempo de demora, posibilita la cuantiosa pérdida neuronal y, por consecuencia, agravamiento de la esquizofrenia. (18) Además, es difícil de diagnosticar ya que los niños están en continuo desarrollo cognitivo y emocional, es por ello por lo que, a veces, los síntomas pasan desapercibidos. (20)
Este tipo de trastorno lo presenta más del 1% de la población mundial y afecta, sobre todo, al estado de ánimo. Se inicia a temprana edad, normalmente antes de los 10 años y es crónico. (21)
Se caracteriza por la aparición de síntomas que van de un extremo a otro, de la manía e hipomanía hasta la depresión o una combinación de ambos. Sus efectos tienen consecuencias en el entorno académico, social y familiar. (21)
Existen distintas presentaciones clínicas del trastorno bipolar. Tres de ellas y que muestran los síntomas descritos son las siguientes: (21)
La mayoría de los pacientes, aunque no todos, que padece este trastorno presenta sentimientos de grandeza y un estado de ánimo elevado. Además, un síntoma muy frecuente en niños y adolescentes con esta patología mental es la irritabilidad. También pueden aparecer afectaciones relacionadas con la cognición y la emoción, así como fluctuaciones en el nivel de energía personal y en el comportamiento. (22) Del trastorno bipolar se deriva un marcado deterioro cognitivo que provoca una reducción en la calidad de vida y un incremento de la mortalidad sobre todo por suicidios. (23)
Este trastorno presenta una prevalencia del 2-4%. Se considera un problema neuropsiquiátrico bastante frecuente que puede aparecer a cualquier edad. En los varones el inicio de los síntomas se produce entre los 5 y 11 años y en las mujeres se hacen visibles en la adolescencia. (24)
La característica principal de este trastorno es la presencia de obsesiones y/o compulsiones que conducen a un deterioro en la realización de las actividades de la vida diaria y que generan un malestar e incapacidad importantes. (24)
El término obsesión deriva del latín “obsessio” y se refiere a la inquietud, la incertidumbre, el deseo que invaden el pensamiento del sujeto y que estos no pueden eliminar, por lo que constituyen un malestar significativo en la persona que lo sufre.
El término compulsión también procede del latín “compellere” y se define como la obligación a hacer algo. Son acciones repetitivas que no se pueden suprimir. Para el que las realiza, estas acciones tienen un objetivo concreto y conducen a un alivio de la tensión del sujeto. (25)
Los síntomas de este trastorno suelen aparecer antes de la pubertad. Se han observado peculiaridades en la presencia de la sintomatología del TOC; una de ellas es que cuanto más joven sea el sujeto que padece este trastorno, mayor probabilidad de manifestar compulsiones sin obsesiones. Es muy frecuente la manifestación de ansiedad que se genera al intentar anular u omitir pensamientos, impulsos o imágenes no deseadas que se repiten con frecuencia. (24)
El TOC se puede presentar junto a otros problemas de salud mental, tales como: Trastorno bipolar, depresión mayor, tentativas de suicidio, ansiedad generalizada, fobia social, etc. Al presentarse este trastorno junto a otros de los mencionados, las consecuencias emocionales, laborales, familiares, etc. son aún peores. (26)
Los síntomas pueden evolucionar hasta llegar a ser graves y producir una gran incapacidad en el niño que se traduzca en un fracaso en el rendimiento escolar. (25)
Los actos repetitivos forman parte del proceso de desarrollo infantil normal y son fundamentales en la sociabilización y el aprendizaje. Desde pequeños, se realizan repeticiones de gestos, de canciones, de juegos que contribuyen en el desarrollo de nuevas habilidades. Estos actos presentan diferencias cuando se trata de un TOC: (25)
Para llegar a conocer el alcance de un determinado problema de salud, mental o no, es fundamental entender el concepto de salud de la OMS (Organización Mundial de la Salud) que incluye a la salud mental y que se puede resumir en el completo estado de bienestar (físico, psíquico y social) y no solo la ausencia de enfermedades, que permite al individuo a realizar las funciones de la vida diaria con total normalidad. (26)
El ser humano debe ser considerado como un ser biopsicosocial, es decir, atender a la esfera biológica, psicológica y social de su entorno. Estos tres aspectos no deben considerarse por separado, si no que se entienden como un todo. Así, se podrá comprender más a fondo la forma de comportamiento y de actuación de una persona.
Durante mucho tiempo, la sociedad ha intentado ocultar la posible aparición de los trastornos mentales en los niños e incluso se le ha restado importancia. Sin embargo, la realidad del asunto es totalmente contraria, ya que la mayoría de los trastornos mentales brotan en el periodo infantil. (26)
La infancia y la adolescencia son etapas de la vida que presentan gran vulnerabilidad y resistir a experiencias traumáticas o situaciones vitales estresantes se convierte en una tarea difícil, especialmente porque en estas etapas tempranas, los niños y los adolescentes carecen de los recursos suficientes para afrontarlas.
Es inevitable señalar que numerosos factores que emanan del entorno familiar son una posibilidad más que clara de las alteraciones conductuales o emocionales que puede presentar un niño. La disfunción familiar, la interrupción de la relación entre padres e hijos y los conflictos entre los padres en presencia de los hijos, suponen un riesgo para el desarrollo emocional y social de los niños, así como, al contrario, la presencia de un trastorno mental infantil supone una alteración en la vida de los padres. (26)
En torno al 90% del cerebro humano se desarrolla en los primeros cinco años de vida, es decir, en el periodo infantil. Este desarrollo no solo está marcado por los factores genéticos, sino que también se incluyen las vivencias que tienen lugar desde el nacimiento. (26)
Según ciertos estudios realizados en el servicio de Psiquiatría Infantil del Hospital Pediátrico provincial docente Mártires de las Tunas, se puede resumir que, la disfunción familiar supone el mayor porcentaje en cuanto a los factores predisponentes se refiere, seguido de los antecedentes familiares de trastornos mentales, el estrés, la baja autoestima, el acoso, la desintegración de la familia y los conflictos que se producen entre los miembros de la misma. (26)
Los factores genéticos y los antecedentes familiares pueden afectar en la aparición de trastornos mentales infantiles por presentar un gran número de condiciones que conllevan a riesgos ambientales, así como su propio nombre indica, genéticos. De igual forma, la manera en la que los padres o los progenitores educan a los niños puede llevar a la aparición de estos trastornos, en aquellos casos en los que se transmiten miedos específicos o se lleva a cabo una sobreprotección o un estilo de educación excesivamente disciplinario. (12)
Dentro de estos factores predisponentes también podemos encontrar el temperamento del niño. En fases posteriores del desarrollo infantil, la inhibición del comportamiento y la timidez, entre otros, aumentan la probabilidad de presentar trastornos mentales, y más concretamente la aparición de los trastornos de ansiedad. (12)
Además de los factores comentados, la vivencia de situaciones estresantes tales como conflictos familiares, escolares, en las relaciones sociales, la pérdida de un ser querido e incluso el cambio de domicilio o de centro educativo, pueden desencadenar o mantener desajustes en el niño que conducen a los trastornos mentales. (12)
Fuente: Elaboración propia
El riesgo de padecer un determinado trastorno mental también puede ser desencadenado por otro tipo de factores como: Bajo peso al nacer, exposición intrauterina a sustancias nocivas tales como el tabaco, el alcohol, etc., escasa estimulación del niño, clase social baja, déficits nutricionales, mutaciones genéticas, alteraciones cromosómicas, maltrato, entre otros muchos. (13, 16)
Fuente: Elaboración propia
En el mes de diciembre del año 2019 el mundo tuvo que enfrentarse a un reto extremadamente complicado, el inicio en Wuhan (China) de una enfermedad causada por el coronavirus (SARS-CoV-2) que desencadena una infección respiratoria aguda grave. (27)
En algunos pacientes no solo producía afectación a nivel del sistema respiratorio, si no que afectaba también al sistema cardiovascular o al Sistema Nervioso Central (SNC).
Debido a la rápida propagación de esta enfermedad, acabó siendo declarada pandemia en España en marzo de 2020 y, hoy en día, no está superada por completo. Esta situación de crisis sanitaria, laboral, económica y social fue declarada por la OMS como una urgencia de salud pública.
A causa de la pandemia, se establecieron una serie de medidas preventivas, entre ellas el distanciamiento social y el confinamiento obligatorio, las cuales produjeron un gran impacto emocional en la sociedad. (27)
Las epidemias y pandemias pueden ser consideradas como desastres naturales según la APA en la 5ª edición de su Manual Diagnóstico y Estadístico de las Enfermedades Mentales (DSM-5). Además, puede conceptualizarse como un evento traumático por todo su potencial. (28)
Este hecho, por tanto, se convierte en una experiencia desagradable y/o traumática y como consta a lo largo del desarrollo de esta tesina, los infantes y adolescentes carecen de los recursos necesarios para afrontarlas, es decir, la resiliencia. Por ello y por las consecuencias generadas por la pandemia, la sociedad en general pero más especialmente los niños, han sufrido desajustes que aumentan la probabilidad de afectación de la salud mental y desarrollo del trastorno por estrés postraumático.
Las repercusiones a nivel psicológico ocasionadas por esta enfermedad parten del miedo extremo a contraer la infección y al sufrimiento por la pérdida de algún ser querido por esta causa y el hecho de no poder despedirlos por la imposibilidad de celebración de los funerales, así como el aburrimiento y la interrupción de las relaciones sociales y de la actividad escolar derivadas del confinamiento. (27)
Sin embargo, la historia continúa. Tanto el virus como las medidas preventivas han ocasionado una gran afectación en la sociedad.
La cuarentena o el confinamiento obligatorio ha generado elevados índices de desempleo y, por consiguiente, de ingresos que pueden derivar al consumo de sustancias tóxicas, el maltrato infantil, el maltrato de pareja e incluso la adopción de conductas suicidas. (27)
Aplicándolo a la temática de la tesina, todos estos factores son desencadenantes de trastornos mentales en la infancia y en la adolescencia.
Fuente: Elaboración propia
Un estudio realizado en la población infanto-juvenil en China, lugar en el que se inició la enfermedad, muestra que casi el 23% de las personas incluidas en su estudio, presentaban síntomas depresivos durante la pandemia, cifra que supera a las recogidas en otros estudios realizados con anterioridad. En la mayoría de los casos, estos síntomas depresivos podrían estar causados por la disminución de las relaciones sociales y de la realización de actividades en el exterior.
En este mismo estudio, se muestra que la ansiedad tiene una prevalencia del 19%, mayoritariamente ocasionada por el temor a contraer la infección y al contagio de esta. (28)
En los niños de temprana edad aparecen mayores dificultades debido a que no son autosuficientes y, por tanto, necesitan cuidados. Esta condición llega a imposibilitar el cumplimiento del aislamiento social en caso de ser necesario, por parte del niño o de sus padres o cuidadores debido al contagio por Covid-19. La separación de los niños de sus cuidadores principales genera alteraciones emocionales como ansiedad y malestar, tristeza e irritabilidad. Los niños que son confinados junto a sus cuidadores sufren menores consecuencias psicológicas que aquellos que son aislados de sus familiares. (28)
El confinamiento en niños que no alcanzan la mayoría de edad supone un aislamiento social y una falta de estímulos en etapas que son críticas para el desarrollo psicológico, neurológico y social, viéndose afectadas la capacidad de socialización e integración social. Asimismo, puede repercutir en los hábitos saludables y en el nivel de salud física y mental, relacionados con una menor actividad física, dietas menos saludables, abuso de las nuevas tecnologías y alteraciones del patrón del sueño. (28)
De la misma manera, es importante saber que la crisis por Covid-19 puede empeorar los trastornos mentales preexistentes, además de aumentar la probabilidad de aparición de alteraciones en la salud mental.
La salud mental puede considerarse como la gran olvidada en el sistema sanitario. (29)
Al considerar los trastornos mentales como un tema tabú, existe falta de información y los prejuicios y/o estigmas existentes en la sociedad en relación a este tema, hacen que las personas que presentan alteraciones en la salud mental se consideren violentas, raras, etc.
Además, la ausencia de diagnóstico y, por tanto, de tratamiento ocasiona serias repercusiones en el niño, conforme avanza en edad, en el adolescente y, por último, en el adulto. Estas repercusiones están relacionadas con la reducción de las posibilidades educativas y, a su vez, profesionales, y generan elevados costes para la familia y la sociedad. Al mismo tiempo, en etapas del desarrollo avanzadas, ocasiona un menor índice de empleo y, por consiguiente, de ingresos, problemas de pareja e incremento de patologías físicas (anorexia nerviosa, bulimia, obesidad, trastornos de la piel, etc) que disminuyen la esperanza de vida. (29)
La aparición de trastornos mentales reduce la capacidad funcional de la persona a través del impacto que estos tienen sobre las relaciones interpersonales, familiares y académicas, suponiendo, además, un detrimento de su independencia y autoestima.
No obstante, los trastornos mentales no solo causan desorden en la vida de los niños, sino que al mismo tiempo desorganizan la vida de los padres, ya que también supone para ellos un afrontamiento de la nueva realidad, una realidad que conlleva el aprendizaje de nueva información, así como una mayor prestación de atención y tiempo al niño.
En la mayoría de los casos, el reconocimiento de un diagnóstico de patología mental es una tarea bastante complicada, sobre todo en aquellos niños que todavía no son capaces de comprender información, por ejemplo, los niños que se encuentran en la primera infancia, por lo que todo el peso recae sobre los padres o cuidadores principales. Esto es un hecho que, desgraciadamente, se intenta ocultar por la cantidad de prejuicios y estigmas que conlleva para la sociedad.
Además, los niños que padecen trastornos mentales cumplen los criterios primarios de vulnerabilidad, dado que pueden sufrir discriminación e incluso abuso o bullying en el ámbito escolar, lo que supone un riesgo añadido de complicación del trastorno mental existente. (29)
Quizás, la peor consecuencia de la aparición de trastornos mentales en cualquier etapa del desarrollo, pero más específicamente en la infancia, es su cronicidad, es decir, su permanencia en el tiempo y la afectación que conlleva a todos y cada uno de los aspectos de la vida de la persona, aunque bien es cierto que pueden llegar a controlarse con las terapias adecuadas.
El tratamiento de cualquier patología y, en este caso de los trastornos mentales, debe ser individualizado y adaptado al individuo que lo padece, pues cada uno presenta una gravedad, intensidad y frecuencia diferente.
La detección precoz y la rápida puesta en marcha de un programa de intervención temprana es fundamental para la evolución satisfactoria del niño. (16)
Los niños forman parte de la población vulnerable, por este motivo se deben evitar los ingresos hospitalarios y las soluciones crónicas para problemas agudos. (16)
Por las razones comentadas a lo largo de la elaboración de esta tesina relacionadas con el gran estigma y rechazo que supone el diagnóstico de una enfermedad mental, asistir al psicólogo resulta difícil.
Las enfermedades que impactan sobre la salud mental generan en el paciente diversas preguntas que, a veces, no es posible encontrarles respuestas, tales como: ¿Por qué a mí?; ¿Qué he hecho para merecer esto? e incluso pueden provocar la recaída constante y abandono del tratamiento. (30)
Generalmente, las personas diagnosticadas de una patología mental comienzan la terapia con tratamiento farmacológico (psiquiatría) con el objetivo de estabilizar la consciencia del paciente. Sin embargo, el tratamiento no solo es farmacológico. Existen varias evidencias que afirman que la psicoterapia suele ser el tratamiento de elección, aunque este conlleva el apoyo farmacológico, sobre todo cuando la ansiedad alcanza unos valores elevados, los síntomas provocan un gran impacto en la vida del paciente, existe comorbilidad y/o la respuesta a la psicoterapia no es suficiente. (8, 30)
La psicoterapia es aquella técnica que emplea el profesional sanitario en el campo de la psicología con el fin de superar las dificultades, ayudar a lograr la estabilidad mental y la adaptación del paciente a la nueva situación. Existen varios enfoques y técnicas que se adecuarán según cada caso. En el supuesto del apoyo psicoterapéutico, la terapia cognitivo-conductual se considera la de elección y se basa en los principios y los procesos que guían la conducta anormal y que sigue disciplinas científicas de la psicología como la psicopatología, la psicología cognitiva y la psicología del aprendizaje. (30)
La terapia cognitivo-conductual, como su propio nombre indica, se puede dividir, por un lado, en la terapia cognitiva, que se basa en la determinación y el entendimiento de los esquemas mentales que el paciente presenta y que dan un concepto de sí mismo y del mundo que le rodea; y por otro lado en la terapia conductual que es aquella que se centra en la conducta externa y en los procesos del aprendizaje. Esta terapia pretende conseguir que el paciente exprese las interpretaciones sobre su enfermedad, que la entienda y, sobre todo y lo más difícil, que la acepte, ayudándolo a establecer una serie de objetivos y presentarle las técnicas que puede llevar a cabo para conseguirlos y así, reducir el malestar que provoca el trastorno mental. (30)
Sin embargo, debemos recordar que el diagnóstico de una enfermedad mental no solo afecta al paciente, sino que también afecta a los que lo rodean. Por ello, esta terapia mencionada en el párrafo anterior ofrece psicoeducación para las familias o cuidadores del paciente, que posibilita la comprensión y el manejo de la enfermedad, así como de la persona que la padece. Presenta una guía que contiene los factores que agravan o mejoran el pronóstico, ayudando así a conseguir la estabilidad emocional por la disminución de la carga y el estrés propio de la familia. (30)
En cualquier tratamiento, pero aún más si cabe, en las enfermedades mentales, es necesaria una buena relación entre el personal sanitario y el paciente, que le permita a este último expresarse de forma libre sin el temor a ser juzgado o rechazado. (30)
El tratamiento puede ser distinto para cada trastorno mental; sin embargo, hay ciertas evidencias que muestran que pueden tener bases comunes, por ejemplo, para la ansiedad, la somatización y la depresión. En estos trastornos, además de la terapia cognitivo-conductual, los Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina (ISRS) presentan efectos beneficiosos. Además de los ISRS, los fármacos más utilizados son los antipsicóticos típicos, estimulantes y/o no estimulantes, benzodiacepinas, antidepresivos tricíclicos, estabilizadores del ánimo, etc. (11, 16)
Ciertos estudios de genética identifican proteínas que intervienen en la transmisión cerebral disfuncional, haciendo referencia a las personas que presentan TEA: La oxitocina es la más estudiada y, por los estudios realizados, la que mayores efectos beneficiosos proporciona en la paliación de los síntomas relacionados con este trastorno. Es un neuropéptido que se genera en el hipotálamo y que, aunque actualmente no es una opción terapéutica recomendable por su vida media muy corta, con la administración intranasal, se ha demostrado una mejora en el reconocimiento de expresiones faciales, en la cognición social, etc. (16)
En niños menores de 5 años se recomienda involucrar más activamente a los padres en el tratamiento, a través del aporte de información sobre el trastorno mental diagnosticado, enseñando a responder a las conductas tanto adecuadas como inadecuadas, en cualquier entorno, incluyendo el entorno familiar y el público e incluso poder llegar a la anticipación de problemas de conducta. También es necesario realizar una adaptación del entorno para favorecer la adaptación del niño a su nueva vida y minimizar así el impacto que la enfermedad conlleva en ella. Estas adaptaciones serán específicas para cada niño en función a sus necesidades. (13)
En niños mayores de 5 años está indicado el uso de la terapia conductual. Esta terapia consiste en aumentar las conductas deseadas y disminuir aquellas no deseadas. Se centra en las habilidades sociales, de escucha activa, resolución de problemas, control de las emociones, etc. (13)
Ante el empeoramiento brusco de la conducta del niño, se debe hacer una evaluación de la existencia de una comorbilidad asociada.
Debido a los efectos secundarios de los fármacos, en el caso de los niños, se debe realizar su introducción de forma progresiva, iniciando la administración de un solo fármaco.
El profesional sanitario deberá controlar la respuesta del organismo al fármaco de elección, con la finalidad de maximizar la efectividad evitando la plurifarmacología.
Asimismo, los padres deben conocer los posibles efectos derivados de la toma de los fármacos. Es importante evitar el inicio del tratamiento farmacológico durante periodos de cambio de vida de los niños, situaciones de elevado estrés o de comorbilidad que requieren un abordaje distinto al tratamiento farmacológico. (16)
En el ámbito sanitario, la Atención Primaria de Salud (APS) puede ser considerada como el ámbito ideal para abordar de forma preventiva y/o precoz los trastornos mentales y/o los conflictos psicosociales.
Esta consideración se puede resumir a través de 2 razones fundamentales. En primer lugar, es debido a que la APS es el dispositivo de salud más frecuentado por la ciudadanía, y más concretamente por los pacientes que padecen trastornos de salud mental. Y, en segundo lugar, porque la Atención Primaria es capaz de llevar una seguimiento y evolución de los pacientes, disminuyendo así los riesgos de aparición de TMG y sus complicaciones derivadas. (31)
La APS no solo se compone de médicos, sino que su equipo de profesionales sanitarios está compuesto por médicos, enfermeros e incluso trabajadores sociales. Todos ellos desempeñan un papel muy importante en la prevención de los trastornos mentales y en la promoción de la salud, en este caso, la salud mental. La accesibilidad de la APS con servicios sociales y dispositivos especializados facilitan el diagnóstico precoz de estos pacientes. (31)
A lo largo de la tesina se describe que el ser humano es un ser “biopsicosocial”; por tanto, en el abordaje de cualquier problema de salud y, más concretamente por el tema, problemas que afectan a la salud mental, se deben considerar todos los aspectos (biológico, psicológico y social) que influyen en la vida del ser humano como un todo, integrando una visión holística, alcanzando así también una asistencia sanitaria de calidad.
Cuando se habla de prevención se deben distinguir tres niveles (definidos por Caplan en el año 1964) y aplicándolo al tema en cuestión de la salud mental: (32)
Además, Gordon en 1987 estableció otra forma de clasificación de la prevención basada en los costes y los beneficios de una intervención: (32)
Fuente: Elaboración propia
Una vez definidos en uno de los puntos del marco teórico de esta tesina los factores predisponentes más frecuentes que desencadenan la aparición de trastornos mentales, se plantean estrategias para evitar o reducir la gravedad o la frecuencia de algunos de estos factores:
La familia es la base de la sociedad y, más aún si cabe, de los niños, pues los familiares (madre, padre, progenitor, etc.) son los que proporcionan la educación y todos los cuidados desde que el niño nace hasta que adquiere cierta independencia y puede llevar a cabo su autocuidado.
Dentro de este factor de desintegración se incluye: El vacío de uno de los dos padres, la separación de los mismos, etc. Estos influyen muy negativamente en el desarrollo del niño, afectando sobre todo a su desarrollo emocional y al comportamiento, incluso pueden llegar a experimentar el sentimiento de culpa por lo que ocurre en su casa. (33)
El matrimonio o la pareja tienen dos tipos de vínculos: El conyugal, en el que debe primar el respeto y el apoyo; y el parental, basado en el cuidado y la compañía de los hijos durante su desarrollo. (33)
Existen varios tipos de familia que se pueden clasificar según la actitud que los padres adoptan frente a los hijos: (33)
Sin embargo, las familias también pueden ser clasificadas según su estructura: (34)
El desequilibrio, la falta de estabilidad y la irritabilidad en el núcleo familiar provoca graves descompensaciones en la salud mental infantil. (33)
En estas situaciones de desintegración familiar, resulta de ayuda la figura del terapeuta familiar, el cual ayuda a llevar a cabo un desarrollo natural de los miembros que componen la familia con el fin de prevenir la gravedad del impacto que provoca dicha desintegración. Además, será de gran utilidad el hacer reflexionar a la familia para que sepan responder a cuáles son los desencadenantes que provocan la desintegración familiar, y evitar así que busquen culpables de dicha situación, ya que generalmente los más afectados son los hijos. (33)
Generalmente, los factores que contribuyen a la desintegración familiar son: Económicos, afectivos (ausencia o escasez de amor e inadecuada comunicación), sociales (machismo o abuso de sustancias nocivas como el alcohol), culturales (bajo nivel social) y la religión (distinta religión en la pareja). (33)
Se puede comprobar que estos factores no son propios del niño, pero le afecta directamente.
La disfunción familiar no se centra en la ausencia de problemas dentro de la familia, sino que hace referencia a la ausencia de respuesta o respuesta ineficaz ante los problemas y a la adaptación a las nuevas situaciones. (33). Por tanto, podríamos concretar que las características de una familia funcional son: Capacidad de adaptación, participación, desarrollo normal, presencia de afectividad y capacidad de resolución de problemas. (35)
Como ya se ha comentado a lo largo del desarrollo de la tesina, la aparición de problemas de salud mental en niños conlleva en la mayoría de las ocasiones a su permanencia en el adulto. De igual forma, los factores desencadenantes de problemas en la salud mental pueden tener el mismo curso.
La disfunción familiar aumenta el riesgo de adicción a internet en cualquier etapa del desarrollo y de consumo de sustancias tóxicas y nocivas en los adolescentes, y esto, a su vez, provocar consecuencias a largo plazo como la dependencia al alcohol, el consumo de otras drogas, la afectación y aparición de patologías en algunos órganos como el hígado, el páncreas, etc., la práctica de conductas de riesgo como la conducción bajo los efectos del alcohol y/o el sexo sin protección, que a su vez esta última, incrementa el riesgo de contraer Infecciones de Transmisión Sexual (ITS). (36)
El personal de enfermería tiene un papel muy importante en estos casos de disfunción familiar, pues tiene la posibilidad de llevar a cabo distintas intervenciones centradas en la familia y de establecer objetivos a alcanzar con estas intervenciones, relacionados con el alcance de estrategias que permitan el adecuado funcionamiento familiar. Asimismo, interviene en la promoción de la salud y la prevención del consumo de alcohol. En el caso de que ya exista el consumo de alcohol, podrá establecer otras intervenciones para la deshabituación alcohólica. (36)
La autoestima se conoce como la capacidad para evaluar (de forma positiva o negativa) la percepción sobre uno mismo haciendo referencia a la información propia y a la que proporcionan los que están a su alrededor.
La autoestima debe considerarse como uno de los elementos fundamentales para el adecuado desarrollo de nuestra vida y, sobre todo, de nuestra salud mental. Esta se refleja en los pensamientos, las actitudes y los sentimientos. (37, 38)
Existen 2 tipos de autoestima: (38)
Todo esto genera negativismo, insatisfacción con la vida, bajo rendimiento académico, afectación a las relaciones sociales, etc.
A temprana edad, siendo niños, es el momento en el que comienzan a forjarse el autoconcepto, las emociones, los sentimientos… y deben desarrollarse de forma adecuada, ya que servirán de base para el futuro, es decir, prevalecerán en el tiempo. (38)
Entre otras, algunas de las estrategias que pueden seguir los padres y/o progenitores para favorecer la autoestima del niño, evitar el bajo nivel de esta y con ello los problemas de salud mental son: (38)
El acoso o también llamado como “bullying” es una conducta persistente de intimidación física y/o psicológica que causa importantes desajustes en la vida de cualquier persona que lo sufre, y en el contexto de la tesina, los niños. (39)
Las características del acoso son las siguientes: Desigualdad entre acosador y víctima (abuso de poder), intencionalidad (deseo de provocar un daño), duradero en el tiempo, el entorno suele guardar silencio, por tanto, dificulta todavía más la detección y varía según la situación, desde el desprecio a la agresión. (39)
Desgraciadamente, el acoso es un tema de actualidad y la etapa infantil es la más vulnerable a esta conducta negativa. Además, el mal uso de las tecnologías ha dado lugar a la aparición del “ciberbullying” en el que, a través del anonimato, se produce acoso por las redes sociales. (39)
En cualquiera de sus dimensiones (verbal, física, psicológica, social y sexual) el acoso genera una grave afectación de la autoestima de la víctima, traumas, reduciendo el rendimiento académico y propiciando la aparición de trastornos mentales por la vivencia de experiencias muy negativas. (39)
La detección precoz será fundamental para evitar que se produzcan consecuencias irreparables derivadas de esta conducta de acoso. Para ello, se deberán conocer los signos de alarma y no restar importancia a los avisos. Asimismo, como estrategias de prevención se encuentran: La instauración de normas de comportamiento, la supervisión y corrección de conductas, la sensibilización en el tema a través de la lectura de cuentos a los niños y la instrucción en buenos valores. (39)
Los niños que presentan algún tipo de discapacidad, ya sea física, psíquica o relacionada con los sentidos, tienen un mayor índice de sufrir acoso en el ambiente escolar. Por ello, se debe realizar una integración social de manera adecuada, intentando establecer relaciones sociales y dando a conocer a los niños que todos somos iguales y, además, se debe brindar un ambiente seguro y dirigido a las necesidades especiales de estos niños con discapacidad. (40)
El estrés aparece como respuesta a situaciones que no se pueden controlar y que requieren cambios en el entorno o en uno mismo y puede estar presente en cualquier grupo de edad. (41)
Cierto grado de estrés sirve como estímulo y ayuda al organismo a alcanzar las metas propuestas y una vez conseguidas, vuelve a la normalidad. (40) Por ejemplo, cuando se aproxima la fecha de un examen, en los últimos días aumenta el tiempo de estudio. Esto genera un estrés con el fin de conseguir aprobar el examen. Una vez que finaliza el examen, el organismo regresa a su estado original.
Este estrés se puede conocer también como estrés positivo. El estrés negativo se produce cuando se sobrepasan las capacidades del individuo y se produce un agotamiento físico y mental. (41)
La infancia, como ya se ha mencionado en ocasiones anteriores, es una etapa muy vulnerable y caracterizada por numerosos cambios. En los niños, el estrés puede presentarse en cualquier circunstancia que conlleve una nueva adaptación; por ejemplo, el aumento de la familia por el nacimiento de un nuevo miembro (hermanos), fallecimiento de algún familiar, divorcio, demasiada exigencia en el colegio o en el ambiente familiar, el cambio de hogar, cambio de escuela e incluso el debut de una enfermedad como, por ejemplo, la diabetes. Además, los factores que forman parte de la predisposición de aparición de los trastornos mentales también son condicionantes a la aparición del estrés, como: El acoso, la disfunción y la desintegración familiares. (41)
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PERÍODO EVOLUTIVO |
EVENTOS ESTRESANTES |
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De 0 a 6 años de edad |
Separación, pérdida, apego, abuso, abandono |
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De 7 a 12 años de edad |
Compañeros/as, escuela, socialización, hermanos/as, identidad |
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De 13 a 18 años de edad |
Cambio, transformación, interacción con otro sexo, disfunción familiar, competencia |
Fuente: Vilcacundo SV (41)
El estrés infantil presenta una sintomatología diferente al estrés en los adultos debido a la inmadurez emocional, conductual y cognitiva. Esto hace que se produzca un impacto negativo a nivel educativo, familiar y social en cuanto a las relaciones se refiere. Los síntomas más comunes son: Alteración del patrón del sueño, pesadillas, cambios emocionales, rendimiento escolar escaso, presencia de preocupaciones y/o miedos, baja interacción con el entorno, alteración del patrón nutricional (bajo apetito), ansiedad, etc. (41)
Con el fin de facilitar la adaptación a las nuevas situaciones, surgen las estrategias de afrontamiento al estrés, conocidas como pensamientos o actos que permiten a las personas el enfrentamiento a las nuevas exigencias que plantea el entorno. El resultado de llevar a cabo dichas estrategias puede ser positivo o negativo. En el supuesto del resultado positivo, se alcanza una solución activa y productiva; sin embargo, cuando es negativo, da lugar a la evitación del problema y a la conducta agresiva. (41)
Algunas de las estrategias de afrontamiento que se pueden aplicar en situaciones de estrés infantil pueden ser: (41)
Además, un ambiente familiar armonioso en el que exista afectividad y apoyo, facilitará la superación y adaptación con éxito de las situaciones estresantes. (41)
Tras proponer algunas estrategias de prevención específicas para ciertos factores predisponentes de los trastornos mentales, es necesario destacar una terapia muy usada actualmente. Se trata del “Mindfulness” que traducido significa “Atención Plena”. Esta terapia ha sido introducida en intervenciones psicosociales, unida a la Terapia Conductual Dialéctica (DBT por sus siglas en inglés: Dialectial Behaviour Therapy), la terapia de aceptación y compromiso, la terapia cognitiva y la teoría de Reducción del Estrés (MBSR por sus siglas en inglés: Mindfulness Based Stress Reduction). Estas dos últimas están basadas en el mindfulness. (32)
Esta terapia proporciona al individuo la capacidad de distanciarse de sus propias creencias, pensamientos y prestar atención a la experiencia segundo a segundo. Puede ser utilizada tanto en la prevención como en el tratamiento de numerosos trastornos mentales, entre ellos se encuentran los trastornos de ansiedad, del estado de ánimo, alimentarios e incluso los elevados niveles de estrés y el dolor. Las intervenciones de mindfulness actúan sobre los síntomas conductuales y emocionales en niños y adolescentes. Aunque se necesitan más estudios que garanticen el efecto en la población, el mindfulness puede ayudar a desarrollar de forma positiva la resiliencia, así como el tratamiento de la psicopatología en niños que padecen trastornos mentales. (32)
Otra de las formas de prevenir la existencia de patologías relacionadas con la salud mental es mantener una buena nutrición. Cada vez más estudios relacionan una dieta con déficits de nutrientes o de baja calidad con la aparición de ansiedad, depresión, trastornos de conducta y emocionales. Por ejemplo, la dieta pobre en ácidos grasos omega-3 se relaciona con la hiperactividad, problemas conductuales y trastornos del aprendizaje. Asimismo, la práctica de ejercicio y escuchar música disminuyen los niveles de estrés, ansiedad y depresión y con ello la posibilidad de desarrollo de trastornos mentales. (32)
Tras la revisión bibliográfica acerca de los “Trastornos mentales infantiles” podemos concluir que estas enfermedades mentales tienen una prevalencia en la población mucho más alta de lo que se pueda llegar a imaginar. Además, la mayoría de dichos trastornos tienen su origen en la infancia y se prolongan en el tiempo, continuando en la edad adulta.
Desgraciadamente, la salud mental suele ser una de las más olvidadas y esto es porque se tiende a la ocultación y a la evitación por miedo a los prejuicios o los estigmas derivados de estos problemas mentales. Por este motivo, en múltiples ocasiones, el diagnóstico de estos problemas es una tarea muy complicada y, por ende, a mayor retraso del diagnóstico, mayor agudización de los síntomas y de las complicaciones.
Las patologías mentales deben considerarse como cualquier otra enfermedad que afecte a cualquier órgano. En este caso, la afectada es la mente, incluyendo el pensamiento, la memoria, etc. y su afectación produce graves desajustes en la vida de la persona que la padece.
El periodo infantil, base de esta tesina, es una de las etapas del desarrollo que presenta mayor vulnerabilidad, ya que es un periodo sujeto a muchos cambios y, sumado esta característica a que los niños carecen, en la mayoría de las ocasiones, de la madurez e independencia suficiente como para llegar a comprender la aparición de un problema de salud mental, es todavía más difícil la adaptación a la nueva situación de vida.
Los padres y/o progenitores del niño, son el eje central del cuidado y la atención de este, siendo necesario e imprescindible que obtengan la información necesaria acerca de los trastornos mentales, los síntomas acompañantes y los tratamientos que se pueden llevar a cabo para estabilizar la situación mental del niño, así como el apoyo suficiente para poder afrontar de la mejor forma la nueva situación que se plantea.
El paciente, en este caso el niño, será considerado como un ser biopsicosocial, atendiendo a los factores biológicos, psicológicos y sociales que pueden influir en su proceso de salud/enfermedad. De igual forma, todo paciente será tratado de forma individualizada, en la que el PS deberá adecuar la asistencia sanitaria a las necesidades que presente el paciente.
Por último, podemos concluir que los trastornos mentales, aunque sean un problema crónico, existen multitud de estrategias encaminadas a prevenirlos, algunos de ellos tan cotidianos como escuchar música o realizar ejercicio físico que permitan al individuo evadirse de las preocupaciones, así como llevar a cabo una dieta saludable sin déficits nutricionales. Además, una vez que aparecen, existen tratamientos farmacológicos y no farmacológicos como son las terapias o la simple escucha activa, destinados al control de los síntomas derivado del problema de salud mental existente.